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Lunes 13.09.2021 - Última actualización - 17:56
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Por Gabriela Cladera Jaime

Uno de "nosotros" en medio de la tormenta

Un grupo de prisioneros en un campo de concentración.  Crédito: GentilezaUn grupo de prisioneros en un campo de concentración.
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Un grupo de prisioneros en un campo de concentración. Crédito: Gentileza

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Por Gabriela Cladera Jaime Uno de "nosotros" en medio de la tormenta La familia decidió que fuera Carlos, que era soltero y tenía un trabajo autónomo, quien viajara a Italia en representación de su madre. A veces, dice el tango, la suerte es grela: el viaje en pos de un sueño, llevó a Guano a una pesadilla.

Por Gabriela Cladera Jaime (*)

 

 

Los primeros años de la vida de Carlos Enrique Guano en nada anticipaban la vorágine en que caería a partir de un "golpe de suerte".

 

Había nacido en Rosario en 1898, hijo de inmigrantes italianos. Después de la escolaridad básica, comenzó a trabajar en una fábrica de calzado, en donde aprendió el oficio de cortador. En 1932, se hallaba establecido como zapatero remendón en Buenos Aires, y frecuentaba un ateneo socialista en Palermo. Fue entonces que la fortuna pareció golpear a su puerta: su madre, Albina Brenta había recibido una herencia.

 

La familia decidió que fuera Carlos, que era soltero y tenía un trabajo autónomo, quien viajara a Italia en representación de su madre. A veces, dice el tango, la suerte es grela: el viaje en pos de un sueño, llevó a Guano a una pesadilla.

 

Carlos Guano con su esposa, Carmen Sainz de Baranda, y su hijo.Foto: Gentileza

 

Era 1933, Italia llevaba 11 años de gobierno fascista, y para las leyes italianas, regía, (y aún rige),  el derecho de sangre para determinar la ciudadanía. Carlos Guano fue arrestado por desertor y condenado por tribunal militar a 13 meses de prisión que cumplió en la temida cárcel de Gaeta. Terminado el plazo, fue compelido a cumplir el servicio militar.

 

Por entonces Mussolini alucinaba con la reconstrucción del "imperio". Sin duda ésta experiencia fue decisiva: al salir de Italia Guano no regresó a Argentina. Se dirigió a España, el escenario en el que por entonces se libraba la lucha contra el fascismo. Se sumó a las Brigadas Internacionales, incorporándose a la XII, la "Garibaldi", en donde además de muchos italianos, había algunos argentinos.

 

Carlos fue uno de los "pontoneros" de la batalla del Ebro. Esos que permitieron, que, como dice la canción, "el ejército (republicano) una noche el río pasó". Era julio del 38. El 9 de setiembre fue alcanzado por la metralla facciosa y trasladado al hospital de Vic. Allí conoció a Carmen Sainz de Baranda, una enfermera oriunda de Santander que se convirtió en su compañera de vida.

 

Con la derrota de la República, Carlos y Carmen cruzaron los Pirineos escapando de la represión franquista. Guano pudo optar entonces por ser repatriado, pero en ese caso, debía renunciar a su compañera y al hijo que venía en camino.

 

¿Qué puede sanar más que el amor las fatigas de la batalla y los pesares de las cárceles fascistas? Después de sortear los "campos de acogida" franceses, la pareja se pudo reunir y establecerse en Burdeos. La "primavera" duró poco, en junio de 1940 Francia se rindió a los nazis.

 

Desde  principios de 1941 hasta noviembre de 1942, cuando fue detenido, Guano junto a otro argentino -Luis Quesada-  fueron parte de la Resistencia orquestada por españoles republicanos en Burdeos. Participó en distintos actos de sabotaje, distribución de prensa clandestina. De conforme el grupo de maquis crecía, se aventuraron a empresas más riesgosas, como el robo de armas y  los ataques a patrullas nazis.

 

Detenido en el castillo de Hâ, fue enviado inicialmente  al campo de Sachsenhausen, ubicado en Brandenburgo, Alemania.

 

Sachsenhausen fue abierto en 1936, y  fue el "campo modelo" para las cientos de fábricas de muertes  que construyeron los nazis en la Europa ocupada. Entre sus prisioneros ilustres se contaba por entonces Francisco Largo Caballero.

 

En tanto su mujer, Carmen, a sabiendas de que vendrían por ella, abandonó Burdeos y se sumó al maquisard, en donde ejercería como enfermera hasta el final de la Guerra.

 

En 1944, Guano fue trasladado a Flossenbürg, en Baviera. Y el 20 de abril de 1945, apenas unos días antes de la liberación del campo, fue seleccionado para la última "marcha de la muerte" con destino a Dachau.

 

Pese a todas las penurias, Carlos Guano sobrevivió y pudo reunirse con su familia,  aunque arrastró secuelas en su salud  de por vida. Su rastro se pierde en los documentos franceses en 1953.

 

El Registro Nacional de las Personas, informa que  murió en 1969 en  Santa Fe. Quizás eligió después de tantas penurias, llevar  una existencia anónima como la de sus primeros años.

 

(*) Profesora de Historia

 

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