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Domingo 26.09.2021 - Última actualización - 19:41
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Reflexiones de estos tiempos que corren | Por Dr. Emir Alvarez Gardiol

La crítica y el periodismo


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Reflexiones de estos tiempos que corren | Por Dr. Emir Alvarez Gardiol La crítica y el periodismo

Por Dr. Emir Alvarez Gardiol

 

Cuando algo o alguien es pasible de ser criticado debe pasar por el filtro de las opciones donde se decide si debe o no ser investigado. Es decir si lo merece, si es significativo o debe descartarse.

 

Será el período de evaluación constituido por el estudio de la pieza y como paso previo demostrar su existencia real o inmaterial, vale decir apta para ser considerada para la crítica.

 

Los verbos que se han de manejar: analizar, fiscalizar, juzgar.

 

Puede haber más artes para esa evaluación que deberá sin duda contar con la sapiencia y la memoria del ministrante.

 

Luego se ha de proceder a la parte activa, habida cuenta del progreso porque ya existe una evaluación existencial, a partir de la que es posible mensurar y calificar.

 

Habrá llegado el momento de juzgar. Juzgar es una facultad, un derecho, un deber, pero sobre todo es una obligación moral.

 

Pero antes de juzgar, es imprescindible obtener la más completa información. Ésta proviene de los hechos públicos y particularmente los producidos por la conducción de los pueblos y puestos a luz por la labor diligente de un periodismo sano.

 

El periodista es el profesional que más puede aproximarse a la realidad descubriéndose y metiéndose en sus más estrechos pasillos.

 

Transcribo a continuación un pensamiento del escritor Milan Kundera en su libro "Nemsrtelnost", 1989. ("La inmortalidad", en Edición Tusquets Editores, 1990).

 

"Periodista no es aquel que pregunta, sino aquel que tiene el sagrado derecho de preguntar, de preguntarle a quien sea lo que sea.

 

¿Acaso no tenemos todos ese derecho? ¿Y no es acaso la pregunta un puente de comprensión tendido de persona a persona?... Quizá.

 

Por eso precisaré mi información: el poder del periodista no está basado en el derecho a preguntar, sino en el derecho a exigir respuestas"

 

Su ejemplo más rotundo es el de la periodista italiana Oriana Fallaci (1929-2006) quién entrevistó a los más famosos políticos entre los años 1969 al 80 con estilo osado y polemista desde sus posiciones liberales y laicas, a veces en situaciones de riesgo como corresponsal de guerra en Vietnam y Guerra del Golfo.

 

Logró entrevistar a Yasir Arafat, Golda Meier, al Ayatolá Komeini, a Henry Kissinger a quién hizo aceptar reconocer que la guerra de Vietnam fue "inútil".

 

Siempre se ha estimado la enorme responsabilidad que compete al entorno de las figuran que deciden el destino de los pueblos, las naciones, las masas humanas.

 

Alrededor de esas personas dueñas de ideas ominosas hay otros seres próximos influyentes en su pensamiento y que sin duda adhieren a los macabros proyectos, carentes de la moral y el sentido crítico capaz de hacerle abrir los ojos.

 

Nunca es uno solo.

 

Siempre han sido varios los colaboradores, los alimentadores del fuego, los que aportaron las soluciones salvadoras en los momentos de duda, los que "permitieron"...

 

¡Permitir...!

 

Esa es la palabra que ha favorecido el avance de ideas fuertes que se convirtieron en resultados.

 

Los colaboracionistas, los adherentes y aquellos que sin participar directamente sabían, pero resultaron cómplices por carecer de las reservas de honradez indispensables para destrabar la máquina de un líder equivocado.

 

No fueron carentes de espíritu crítico.

 

Al contrario, su codicia borraba las evidencias capaces de neutralizar el daño que crecía a sus ojos.

 

Su crítica les mentía y ellos atesoraban la mentira para dar argumentos nuevos al opresor.

 

No cabe la reprobación, porque el dueño de la verdad jamás ha de aceptar una variante.

 

Incluso los no muy allegados a los colaboradores del poder ominoso aportaron con su indiferencia, aquella mirada hacia otra parte, mientras la carcoma trabajaba a su vista y gracia.

 

Su anti crítica es tal que percibieron la causa como justa y correcta. Están otorgando sentido a esa presentación del mal como una lluvia bienhechora, una acción virtuosa.

 

No solo no combatieron, sino que al no toparse con resistencias, avanzaron. En las discriminaciones raciales como el "apartheid" se observa en la población una ausencia del "nosotros".

 

Y este pronombre es el gran ausente... pareciera decir que más allá hay seres que no nos conciernen...

 

Nos, nosotros, hemos de recurrir a La Marsellesa...es necesario la nosotrorización (valga el neologismo) que nos permita reunirnos en un sagrado interés por el resto de la humanidad.

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El texto original de este artículo fue publicado en nuestra edición impresa.
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