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Sábado 08.01.2022 - Última actualización - 10.01.2022 - 1:24
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“Rotos de amor” en Mar del Plata

Una en blanco y negro

Osvaldo Laport, Víctor Laplace (el más veterano de esta puesta), Roly Serrano y Antonio Grimau: cuatro visitadores médicos con penas en blanco y negro. Crédito: Gentileza producciónOsvaldo Laport, Víctor Laplace (el más veterano de esta puesta), Roly Serrano y Antonio Grimau: cuatro visitadores médicos con penas en blanco y negro.
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Osvaldo Laport, Víctor Laplace (el más veterano de esta puesta), Roly Serrano y Antonio Grimau: cuatro visitadores médicos con penas en blanco y negro. Crédito: Gentileza producción

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“Rotos de amor” en Mar del Plata Una en blanco y negro En el Teatro Lido de Mar del Plata se presenta “Rotos de amor” con Antonio Grimau, Víctor Laplace, Osvaldo Laport y Roly Serrano, del dramaturgo Rafael Bruza. Mucha imaginación y complicidad del espectador para, ya que no hay paisajes, vestuarios, ni “lucecitas de colores pintadas para escena”, desde la platea acompañen a los personajes. Sin esa complicidad, la elemental, sobre el escenario gana la naftalina y pierden los pergaminos.

 

En el Teatro Lido de Mar del Plata se presenta “Rotos de amor” con Antonio Grimau, Víctor Laplace, Osvaldo Laport y Roly Serrano, del dramaturgo Rafael Bruza.

 

“El teatro provoca a la conciencia. El teatro no puede dar ninguna respuesta, pero tiene una montaña de preguntas. Y no hay nada más peligroso que una pregunta. Una pregunta que para un niño resulta simpática, en un adulto es peligrosa. Ese riesgo permanente del teatro es al mismo tiempo lo que le asegura su supervivencia”. Eso declaraba el autor. El 2021 se lo llevó. Actor, autor, dirigente teatral. Cercano a Kartún, a Monti (dirigió “Marathon” varias veces) y hombre del “gremialismo teatral” fue por allí su vida y, por tanto, sus personajes. En el escenario están plantados 4 hombres de teatro. El supuesto, la convención, se trata de 4 visitadores médicos (no pida que explique ésa profesión en esta crónica).

 

En los primeros días de enero del 2022 falleció Peter Bogdanovich, para algunos el sicólogo en “Los Soprano” (le hace control a la sicóloga del personaje, Toni) para otros el director de “The Last Picture Show”, un formidable trabajo en blanco y negro donde muchos personajes luego famosos, fueron co-protagonistas. Era una obra coral, presentada en 1971.

 

Preguntado Bogdanovich sobre porqué el blanco y negro contestó: trae recuerdos escondidos, deja de sorprender el paisaje y deben sorprender los personajes, tiene importancia la luz y suele ser más económica la producción… no puede haber muchos filmes con el sistema anterior (ByN) que usamos, porque no lo permite... el sistema”.

 

Algo de eso sucede con esta obra. Quien esto escribe es contemporáneo de los protagonistas y confiesa: desde su butaca pudo mirar el Blanco y Negro del siglo pasado, que La Peste sacó del arcón, la baulera, ante la compulsión, la necesidad y la desesperación. Laburar. Poner. Reponer, sostener una obra con este texto es aceptar el Black and White que mencionaba Peter Bogdanovich (buen trabajo de dirección con Barbra Streisand y Ryan O’Neal en “Qué pasa doctor”).

 

Hay naftalina y pergaminos en esta obra de una puesta tan elemental que remite al ByN que mencionábamos.

 

También aporta al sistema de “ofertas temporada 2021/22 en el Verano MDQ” que es difícil que puedan presentarse en cartel muchas obras con este sistema, eso puede, debería obrar para la supervivencia hasta el final. Demasiada oferta de nostalgia elemental y cuasi cursi no sería rentable.

 

Pequeños movimientos actorales, relatos individuales unificados por un tenue hilo de mínima amistad y solidaridad de trabajo que los encuentra.

 

Mucha imaginación y complicidad del espectador para, ya que no hay paisajes, vestuarios, ni “lucecitas de colores pintadas para escena”, desde la platea acompañen a los personajes. Sin esa complicidad, la elemental, sobre el escenario gana la naftalina y pierden los pergaminos.

 

Va por turnos la cosa. En algunos personajes decae o no alcanza la “complicidad”. No hay un triunfo rotundo y, en todo caso, hay un ayer que está presente y ese es el recurso básico del teatro.

 

Es necesaria la pregunta. Esta obra la escribió un cordobés/santafesino/porteño finalmente, sin pensar en los nombres con peso específico aun cuando Víctor Laplace siempre estuvo cerca (sostienen). El autor, Bruza, es un hombre de “provincias” y la lejanía de las luces del centro lo llevó a retratar fracasados que no pertenecen a ningún jet set ni sitios que, de por si, compartan el texto, se conviertan en argumento. Es necesaria la pregunta: ¿sin personajes famosos, como los que presentan esta versión, esta pieza, el nudo dramático que esta propuesta muestra, oferta un mensaje para llevarse a casa al terminar la función?

 

Los que están convocados para complicarnos en el verano (sin cómplices no hay teatro) ofertan lo que tienen, son veteranos espadachines que han abordado cubiertas de mil barcos, embarcados en una vida de la que no pueden soltarse: actores.

 

La música aporta dos detalles. El primero, se oye allá, detrás un aire musical de: ...“deliciosas criaturas perfumadas, quiero el beso de tus boquitas pintadas”... Gardel antes de 1935, año que murió. El segundo: “Sí (tú sabes que te quiero con todo el corazón) Con todo el corazón, con todo el corazón (Que tú eres la esperanza, de mi única ilusión) De mi única ilusión, de mi única ilusión Es grande la dicha que se alcanza con un poco de amor Que es todo lo que ansía (cuando ama), es todo lo que ansía (cuando ama) Mi pobre corazón”... El estribillo de Perdón. Compositores: Marcelo Alejandro Schuft/Juan Pablo Salias. A memoria pura cito: Navarro, Gil, Avilés (Trío Los Panchos, una de las formaciones que recuerdo).

 

“Perdón” es una palabra que sobrevuela el escenario. Perdón para estos portadores de naftalina y pergaminos. No es un capricho, es una definición de lo que ofertan. Esa es la canción de la obra. No es un bolero (sí, lo es) en todo caso se convierte en un pasaporte, una clave. El “Sésamo Ábrete” que permite entender que sucede con estos rotos de amor. Están en Blanco y Negro. Si no entiende la clave no vaya. Conocer ése pasado habilita a la mínima sonrisa necesaria o define el mas ancho bostezo. No diga que no fue avisado.

 

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