El accidente nuclear de Chernóbil, ocurrido el 26 de abril de 1986 en Ucrania, obligó a miles de personas a abandonar sus casas y dejar atrás buena parte de sus pertenencias. En muchos casos, también tuvieron que marcharse sin sus mascotas.
Investigadores tienen nuevas pistas sobre el misterio de los perros de Chernóbil
Los perros que viven cerca de la antigua central nuclear tienen diferencias genéticas respecto de los que habitan en la ciudad, ubicada a 16 kilómetros. Un nuevo estudio detectó señales de selección natural, aunque todavía no pudo determinar si la radiación tuvo un papel decisivo en ese proceso.

Casi cuatro décadas después, los descendientes de algunos de aquellos animales siguen viviendo en los alrededores de la antigua central nuclear y se convirtieron en objeto de estudio para la comunidad científica.
La zona de exclusión, que abarca unos 2.600 kilómetros cuadrados, alberga actualmente a varios cientos de perros. Se estima que muchos descienden de los animales domésticos que quedaron abandonados después de la evacuación. Desde entonces, pasaron más de 30 generaciones.

Pero estos perros esconden una particularidad que despertó el interés de los investigadores: los que viven junto a la central nuclear tienen características genéticas diferentes de los que habitan en la ciudad de Chernóbil, situada a apenas 16 kilómetros.
En 2023, un equipo científico ya había identificado diferencias importantes entre ambas poblaciones. Los análisis de ADN mostraron que los perros de la ciudad compartían más características genéticas con ejemplares de Rusia y Polonia, mientras que los que permanecen cerca de la central presentaban particularidades en regiones vinculadas con la reparación del ADN.
El hallazgo abrió una pregunta inquietante: ¿la exposición a la radiación provocó mutaciones que modificaron genéticamente a estos animales?
Una investigación publicada en 2024 puso en duda esa explicación. Los científicos no encontraron evidencias de que los perros que viven cerca de la central hubieran acumulado más mutaciones que los de la ciudad.
Ahora, un nuevo trabajo científico aporta pistas sobre lo que podría estar ocurriendo y pone el foco en dos procesos fundamentales de la evolución: la deriva genética y la selección natural.
Qué descubrieron sobre el ADN de los perros de Chernóbil
El nuevo estudio, publicado en la revista científica Genes, analizó los genomas de 63 perros: 33 que viven cerca de la central nuclear y otros 30 que habitan en la ciudad de Chernóbil.
El objetivo fue determinar qué mecanismos podían explicar las diferencias genéticas entre ambas poblaciones.

Una de las hipótesis examinadas fue la deriva genética. Se trata de un proceso evolutivo por el cual determinadas variantes del ADN se vuelven más frecuentes o desaparecen por azar, especialmente cuando se trata de poblaciones pequeñas y aisladas.
La otra posibilidad fue la selección natural, un mecanismo por el que los individuos que poseen determinadas características genéticas tienen mayores posibilidades de sobrevivir y reproducirse. Con el paso de las generaciones, esas variantes pueden volverse más comunes dentro de una población.
Los investigadores encontraron algunos antecedentes que podían respaldar la primera explicación. Según los análisis, la población de perros cercana a la central habría atravesado una reducción hace entre 35 y 40 generaciones, un período compatible con el accidente nuclear y las posteriores operaciones de sacrificio de animales.
Sin embargo, los resultados no mostraron una pérdida de diversidad genética que permitiera atribuir las diferencias principalmente a la deriva genética. Tampoco se encontraron diferencias significativas
Para profundizar el análisis, el equipo incorporó una comparación inesperada: estudió también el ADN de perros de las islas Galápagos.
El resultado fue llamativo. Los perros de la ciudad de Chernóbil presentaron mayor similitud genética con los de Galápagos que con los que viven cerca de la central nuclear, pese a que estos últimos se encuentran a solo 16 kilómetros de distancia.
La selección natural, una de las principales explicaciones
Los resultados dieron mayor relevancia a la hipótesis de la selección natural.

En los perros que viven en las inmediaciones de la central se identificaron señales de selección direccional en más de 100 regiones del genoma. Algunas de esas zonas están próximas a genes relacionados con el cáncer, la reparación del ADN, el ciclo celular y el funcionamiento del sistema inmunológico.
La selección direccional ocurre cuando determinadas variantes genéticas ofrecen alguna ventaja y, por esa razón, aumentan su presencia a lo largo de las generaciones.
Esto podría indicar que ciertas características genéticas favorecieron la supervivencia y la reproducción de algunos animales en el particular ambiente de Chernóbil.
Sin embargo, los científicos todavía no consideran que esa explicación esté confirmada.
Megan Dillon, autora principal de la investigación, advirtió que los resultados permiten identificar señales compatibles con la selección natural, pero no demostrar de manera definitiva que ese mecanismo sea el responsable de las diferencias.
¿Los perros desarrollaron resistencia a la radiación?
Una de las preguntas que más interés despierta es si los perros de Chernóbil consiguieron adaptarse a la radiación y desarrollar algún tipo de resistencia biológica.
Matthew Breen, genetista y coautor del trabajo, planteó que los animales que sobrevivieron a las primeras etapas posteriores al accidente podrían haber tenido, desde el principio, determinadas variantes genéticas que les otorgaban alguna ventaja.
De ser así, esas características podrían haberse transmitido a sus descendientes y expandido entre las generaciones siguientes, sin necesidad de que aparecieran nuevas mutaciones.
Pero todavía no hay pruebas suficientes para sostener que la radiación haya sido el factor determinante.
Jim Smith, investigador de la Universidad de Portsmouth que no participó del estudio, también puso en duda que la exposición radiactiva explique por sí sola las diferencias entre los grupos.
En declaraciones a Popular Mechanics, señaló que las dos poblaciones podrían tener distintos orígenes y estar expuestas a condiciones diferentes de alimentación, enfermedades y otros contaminantes ambientales.
Además, no existen pruebas de laboratorio que permitan establecer que los niveles de radiación recibidos por estos animales sean suficientes para provocar cambios importantes en la selección natural.
Por ese motivo, separar los efectos de la radiación de los demás factores ambientales representa un desafío para los investigadores.
Nuevas investigaciones buscan respuestas
El papel de las mutaciones tampoco está completamente descartado. Timothy Mousseau, uno de los investigadores vinculados al trabajo, continúa estudiando cómo la exposición a la radiación podría influir en la genética de distintas poblaciones animales.
Entre sus líneas de investigación se encuentran las comparaciones entre perros de las islas Marshall y ejemplares del antiguo campo de pruebas nucleares soviético de Semipalatinsk, donde se realizaron más de 450 ensayos atómicos.
El objetivo también es determinar en qué momento aparecieron determinadas mutaciones en los perros de Chernóbil. Los investigadores esperan obtener nuevos resultados durante los próximos uno o dos años.
Por ahora, no está demostrado que los perros de Chernóbil hayan desarrollado una resistencia especial a la radiación. Los estudios sí muestran que existen diferencias genéticas entre las poblaciones y que la selección natural podría haber intervenido en su evolución.








