Irán reivindicó este domingo un ataque aéreo y naval contra dos grandes plantas de aluminio del Golfo: EMAL, en Emiratos Árabes Unidos, y ALBA, en Bahréin. La operación fue atribuida por la Guardia Revolucionaria, que presentó ambos objetivos como instalaciones ligadas a la industria militar y aeroespacial de Estados Unidos.
Irán se atribuyó ataques contra dos plantas de aluminio en Emiratos y Bahréin
La Guardia Revolucionaria iraní afirmó haber atacado instalaciones de aluminio en Emiratos Árabes Unidos y Bahréin, en una nueva escalada regional tras el conflicto abierto a fines de febrero.

El anuncio fue difundido por medios estatales iraníes y se inscribe en la cadena de represalias que Teherán viene ejecutando desde el inicio de la guerra regional detonada el 28 de febrero, tras bombardeos de Estados Unidos e Israel sobre territorio iraní.

Daños y heridos en las plantas atacadas
En Bahréin, Aluminium Bahrain confirmó que su complejo industrial fue alcanzado el sábado 28 de marzo. La compañía informó que dos empleados sufrieron heridas leves y que seguía evaluando el alcance de los daños ocasionados en sus instalaciones.
En Emiratos, Emirates Global Aluminium reportó daños significativos en su planta de Al Taweelah, dentro de la zona económica de Abu Dhabi. La empresa indicó que varios trabajadores resultaron heridos, aunque aclaró que ninguno de los casos reviste riesgo de vida.
La planta emiratí figura entre los mayores complejos de aluminio de la región. Según la propia compañía, el sitio de Al Taweelah produjo 1,6 millones de toneladas de metal fundido en 2025, lo que la convierte en una instalación clave dentro de la cadena industrial del Golfo.

Un nuevo frente económico en la guerra
La ofensiva sobre estas fábricas amplía el alcance del conflicto hacia infraestructura industrial estratégica. Además del impacto directo sobre la producción, los ataques golpean a un sector sensible para la región en medio de las tensiones sobre rutas marítimas, energía y suministros.
En ese contexto, la acción iraní también tuvo una fuerte carga política. Teherán la presentó como respuesta a ataques previos sobre instalaciones industriales propias, mientras la guerra ya desbordó el frente estrictamente militar y se extiende sobre objetivos económicos y logísticos en distintos países del Golfo.









