Casi un siglo y medio después del inicio de su construcción, la basílica de la Sagrada Familia de Barcelona vivió este miércoles su jornada más trascendental. El papa León XIV presidió la misa oficial y bendijo la cruz de la Torre de Jesucristo, la estructura central que consolida al monumento modernista como la iglesia más alta de todo el planeta. La histórica ceremonia representó el punto culmen de su visita apostólica por España, sirviendo además como un emotivo homenaje a Antoni Gaudí a exactamente cien años de su fallecimiento.
El papa León XIV inauguró y bendijo la última torre de la Sagrada Familia en Barcelona
El sumo pontífice encabezó la consagración de la Torre de Jesucristo, que con sus 172,5 metros convierte a la obra cumbre de Antoni Gaudí en el templo más alto del mundo. La ceremonia contó con la presencia de los reyes de España y el presidente Pedro Sánchez, coincidiendo con el centenario del fallecimiento del célebre arquitecto catalán.

El pontífice arribó al recinto pasadas las 19:30 horas a bordo del papamóvil, luego de cumplir con una agenda matutina que incluyó una visita a la prisión de Brians 1 y a la milenaria abadía de Montserrat. Ante una multitud de cuatro mil fieles congregados en el interior del templo, entre los que destacaban los reyes Felipe VI y Letizia, así como el presidente del gobierno español, Pedro Sánchez, el Santo Padre inició la jornada rezando en la cripta donde descansan los restos del arquitecto catalán.

Un templo en constante construcción
Durante su homilía, León XIV conectó la naturaleza inconclusa de la obra maestra con el devenir espiritual de los creyentes. Frente a un imponente despliegue litúrgico, el obispo de Roma invitó a los presentes a "alzar la mirada", coincidiendo con el lema oficial de su viaje apostólico.
"Somos las piedras vivas de esta obra que tiene a Cristo como culmen. La basílica de la Sagrada Familia sigue siendo hoy una obra en construcción que nos recuerda cómo la vida cristiana es siempre un camino. No habitamos una obra inacabada sino un templo en construcción; su imperfección no significa una carencia sino que expresa una promesa", reflexionó el sumo pontífice.
El diseño original de Gaudí contempló un total de 18 torres, disponiendo de forma deliberada que la estructura de Jesucristo alcanzara los 172,5 metros de altura para no superar el emblemático cerro de Montjuïc. El arquitecto defendía firmemente que ninguna obra realizada por la mano del hombre debía situarse por encima de la propia naturaleza creada por Dios.

Luz, música y el legado de Gaudí
El momento de mayor impacto visual ocurrió a las 22:00 horas, tras la conclusión del oficio religioso en la Fachada del Nacimiento. El papa bendijo formalmente la enorme cruz que remata la torre central, una estructura revestida con cristales y 15.000 piezas de cerámica blanca esmaltada que reflejarán la luz solar de día y proyectarán haces lumínicos por las noches.
Al concretarse la bendición, la gigantesca cruz se encendió con una intensa tonalidad anaranjada, coordinándose con miles de tubos de luz que los fieles alzaron en los alrededores del templo. De manera simultánea, la orquesta del Teatro Liceo de Barcelona comenzó a ejecutar piezas musicales desde el interior de la misma cruz, cuyos brazos funcionan como amplios ventanales. El espectáculo cerró con una coreografía lumínica en el cielo nocturno que dibujó el rostro de Antoni Gaudí junto a su célebre frase: "Que a nadie se le olvide por qué estamos aquí", dando paso a un imponente estallido de fuegos artificiales. Las autoridades eclesiásticas confirmaron que el acceso público a la torre y a la cruz estará habilitado a partir del año 2028.
Mensajes de redención y heridas abiertas
La actividad del Santo Padre se había iniciado muy temprano con una visita de fuerte impacto pastoral a la cárcel de Brians 1, un centro penitenciario catalán que alberga unos mil internos. Tras escuchar atentamente los testimonios de dos reclusas, León XIV les dedicó palabras de esperanza: "Los errores de la vida no determinan la identidad de una persona. El pasado no condena el futuro sino que nos ofrece la posibilidad de cambiar".
Posteriormente, se trasladó en helicóptero hacia la Abadía de Montserrat para venerar a la Virgen de la Moreneta. Si bien este segmento de la jornada estuvo marcado por las protestas de colectivos de víctimas de abusos eclesiásticos cometidos en dicha institución, el papa optó por no hacer referencias directas al tema durante su estancia en el monasterio. No obstante, en el vuelo de ida hacia España, el pontífice calificó la pederastia como "una llaga abierta y una plaga", manteniendo previamente en Madrid un encuentro estrictamente privado con seis víctimas del clero.







