Elecciones en Portugal: Antonio José Seguro y André Ventura pasan al balotaje presidencial
Por detrás de ellos queda en tercer lugar, con el 15,82 % de los sufragios, el eurodiputado liberal João Cotrim de Figueiredo, con el almirante en la reserva Henrique Gouveia e Melo y el comentarista conservador y exministro Luís Marques Mendes, más atrás.
Más de 11 millones de portugueses estaban convocados a las urnas durante este domingo.
El exministro y exlíder socialista António José Seguro y el dirigente ultraderechista André Ventura se disputarán la Presidencia de Portugal en la segunda vuelta, el próximo 8 de febrero, con el 98,75% de los votos escrutados en la primera ronda electoral disputada este domingo.
El exministro y exlíder socialista António José Seguro. Reuters.
Según el escrutinio, Seguro obtiene el 31 % de los sufragios, seguido de Ventura, con el 23,65 %.
Por detrás de ellos queda en tercer lugar, con el 15,82 % de los sufragios, el eurodiputado liberal João Cotrim de Figueiredo, con el almirante en la reserva Henrique Gouveia e Melo y el comentarista conservador y exministro Luís Marques Mendes más atrás.
Más de 11 millones de portugueses estaban convocados a las urnas durante este domingo, de los cuales más de 1,7 millones residen en el extranjero, para elegir al sucesor de Marcelo Rebelo de Sousa, tras 10 años en la Jefatura del Estado.
El dirigente ultraderechista André Ventura. Reuters
La afluencia hasta las 16.00 hora local de este domingo fue del 45,51 %, una cifra que supera la participación total en los últimos comicios celebrados de este tipo, en 2021, que fue del 39,24 %.
Funciones presidenciales
El presidente en Portugal tiene la función de árbitro y fiscalizador de la vida política, y no tiene prerrogativas ejecutivas. Entre otros poderes puede vetar leyes, disolver el Parlamento y convocar elecciones.
Particularidades de la política portuguesa
Portugal es una sociedad marcada por una transición tardía a la democracia. Hasta 1974 vivió bajo una dictadura autoritaria (Estado Novo), cuyo final —la Revolución de los Claveles— dejó una fuerte impronta: apego a la estabilidad, rechazo a la violencia política y una valoración profunda del orden institucional. Esa memoria todavía estructura el debate público.
En las últimas décadas, el país atravesó transformaciones sociales intensas: desindustrialización, envejecimiento poblacional, emigración juvenil y, más recientemente, un aumento de la inmigración.
A esto se suman las secuelas sociales del ajuste económico posterior a la crisis de deuda de 2011, que profundizó desigualdades territoriales y precarización laboral.
Portugal también vive tensiones culturales propias de una sociedad que se moderniza rápido: mayor secularización, cambios en los modelos familiares, presión sobre el acceso a la vivienda en grandes ciudades y una percepción de distanciamiento entre élites políticas y sectores populares.
En ese marco, conviven dos corrientes sociales: una que prioriza consenso, moderación y cohesión social, y otra que expresa malestar, demanda de orden y crítica al sistema, reflejo de frustraciones acumuladas. Esa dualidad atraviesa hoy el clima social portugués más allá de cualquier contienda electoral.