El 5 de octubre de 1975, después del ataque conocido como Operación Primicia, un comando de la organización Montoneros secuestró el vuelo 706 de Aerolíneas Argentinas. La aeronave, un Boeing 737, aterrizó de emergencia en un campo agrícola cercano a Angélica, en inmediaciones del cruce de las rutas nacionales 34 y 19, para permitir la fuga de los atacantes. Sobre aquel episodio, su contexto y las marcas que dejó en Rafaela y la región, reflexionó el periodista y escritor rafaelino Edgardo “Tronco” Peretti.
Edgardo “Tronco” Peretti: “La historia no es una foto, son textos, contextos, momentos y circunstancias”

“La historia no es una foto. La historia son textos, contextos, momentos y circunstancias”, planteó Peretti al comenzar su análisis. Para el escritor, comprender lo ocurrido exige mirar más allá del hecho puntual y reconstruir el escenario político, social y cultural de una Argentina atravesada por transformaciones profundas.
En ese sentido, sostuvo que “es difícil hoy decir ‘esto era lo que estaba pasando’ como una foto”, porque “la historia es una película, pero tiene distintas velocidades”. Desde esa mirada, explicó que los años ‘70 no comenzaron estrictamente en 1970, sino mucho antes, y estuvieron marcados por procesos políticos, sociales y culturales que ya venían gestándose en la década anterior.
Una Argentina atravesada por violencia, cambios y expectativas
Peretti ubicó el contexto global de la época en la influencia de los movimientos revolucionarios de los años ‘50 y ‘60, con la figura del Che Guevara y la Revolución Cubana como símbolos de una generación que buscaba transformar el mundo. También mencionó episodios como el Cordobazo de 1969, la muerte de Augusto Timoteo Vandor y el surgimiento de organizaciones armadas como Montoneros.
“Fue un proceso de violencia que comienza a escalar cuando aparece la organización Montoneros, secuestra y mata a Pedro Eugenio Aramburu. El mundo empieza a cambiar”, señaló.
Para el periodista, entre 1973 y 1975 se vivió una etapa marcada por tensiones crecientes. “Me voy a ubicar en esos años. El tema que aquí estamos tratando fue una circunstancia casual con un montón de vaivenes”, expresó.
Rafaela en los años ‘70: una ciudad distinta
Al trasladar ese clima nacional a Rafaela, Peretti describió una ciudad de unos 40.000 o 45.000 habitantes, con una vida cotidiana muy diferente a la actual. La comunicación era limitada y estaba concentrada en pocos medios: Radio Rafaela, el diario La Opinión, el trisemanario Castellanos y la señal de Canal 13 de Santa Fe.
“Rafaela era una ciudad distinta a la de hoy. No estaba bombardeada por la comunicación, por la hipercomunicación que hoy nos ha hiperincomunicado”, señaló.
También recordó una economía de familias trabajadoras, con alquileres que ya eran un problema, servicios básicos limitados y una vida doméstica sostenida por costumbres como la huerta, la cría de gallinas y el consumo de carne vinculado a la presencia de frigoríficos locales.
“La comida no era un elemento importante, y la gente ganaba lo básico”, explicó. Al mismo tiempo, destacó que la escuela pública santafesina era de buen nivel y que existía una salida laboral para quienes terminaban la primaria o la secundaria. “Todos teníamos la posibilidad de estudiar, pero si vos dejabas después de séptimo, había un trabajo para vos”, recordó.
Militancia, moda y violencia
Peretti explicó que en aquel contexto aparecieron distintas organizaciones políticas y armadas, pero aclaró que la violencia no atravesaba por igual a toda la sociedad. Según su mirada, en Rafaela existió militancia vinculada a Montoneros, ERP, FAR y otras agrupaciones, pero no una adhesión masiva a la violencia.
“Era una moda donde nadie había visto venir la violencia. La violencia institucionalizada la veíamos por televisión. No la veíamos aquí”, afirmó.
Y agregó: “La violencia era minoritaria y terminó imponiéndose al resto por inacción de los no violentos. Hubo muchos que no quisieron estar en eso y no aprobaban los métodos de violencia”.
Sobre Rafaela, sostuvo que “nunca hubo un lugar para la perversión de la violencia”. Para Peretti, la ciudad tenía conflictos, tensiones y diferencias, pero no condiciones sociales que explicaran una violencia extendida. “No había motivo para ser violentos, todos convivíamos igual”, resumió.
El avión que aterrizó cerca de Angélica
Respecto al aterrizaje del Boeing 737 secuestrado por Montoneros, Peretti contó que estuvo en el lugar e investigó el episodio durante años. Sin embargo, remarcó que aún hay zonas oscuras y silencios difíciles de romper. “Solamente dos personas sabían que ese avión iba a bajar acá. Los dos están muertos”, aseguró.
El periodista recordó el aterrizaje en la región y destacó la pericia del piloto para lograr la maniobra. “Ese avión bajó en un bañado, fue frenando de a poco, un piloto maravilloso lo frenaba”, describió.
También relató que, después del hecho, la zona se convirtió en un punto de atracción para vecinos y curiosos. “La gente iba a tomar mates en la ruta, el domingo se instalaba en la zona”, recordó. Más tarde, la aeronave fue intervenida para poder levantar vuelo nuevamente.
Un episodio rodeado de misterio
Peretti consideró que la Operación Primicia todavía conserva aspectos poco claros, especialmente por las versiones contradictorias y la falta de documentación precisa sobre la fuga posterior al aterrizaje.
“Los que venían en el avión se fueron, no se sabe por dónde. Los responsables del operativo no estuvieron en ese lugar. No se sabe cuántos eran, porque nadie quedó vivo después. No se sabe ni cuántos autos vinieron a buscarlos ni por dónde se fueron”, sostuvo.
En ese marco, advirtió sobre los riesgos de construir historia solo a partir de rumores. “Todo el mundo tenía una versión sobre lo ocurrido, pero a la historia hay que documentarla alguna vez”, señaló.
Para el escritor, la hipótesis más probable es que el lugar haya sido elegido como una ruta de escape hacia Córdoba, Santa Fe o Rosario, aunque aclaró que se trata de una conjetura personal. “No hay un solo documento que hable de eso”, afirmó.
El peso de los rumores en una ciudad chica
El periodista también vinculó aquel episodio con la forma en que una ciudad chica procesaba hechos traumáticos en una época sin hiperconectividad. Recordó que Rafaela era una sociedad donde el rumor y el chisme podían amplificar temores y versiones difíciles de comprobar.
“Los ‘70 eran época de chisme: me contó, le dijeron, el primo de mi tía que es amigo del tío del Toto vio un tipo que tenía un cañón en la vereda”, graficó.
Por eso, insistió en la necesidad de distinguir entre testimonio, rumor y prueba documental. “Los periodistas somos medidos, pero los escritores somos medio mentirosos, porque necesitamos que la gente nos crea. El periodista tiene otra forma de trabajar, requiere pruebas y testimonios”, expresó.
En ese sentido, explicó que prefiere no mencionar nombres cuando no hay elementos suficientes para sostenerlos. “Hay que ser muy cuidadoso, especialmente con aquellos que ya no se pueden defender”, sostuvo.
Peretti cerró con una definición que resume su mirada sobre la historia local: “Amo el periodismo, amo el diario La Opinión que me dio la posibilidad de crecer siendo muy joven, y me gusta contar historias de mi pueblo, porque al fin y al cabo, con todos sus defectos y virtudes, Rafaela es mi pueblo”.
Sobre Edgardo “Tronco” Peretti
“Tengo 67 años, nací en Rafaela, soy periodista desde los 20, y tengo más de 30 libros editados”, repasó.
Profundamente vinculado a Rafaela, rememoró sus comienzos en la revista Cartel, su paso por La Opinión, su trabajo en el ámbito judicial y su trayectoria literaria, con más de 30 libros publicados.






