El aterrizaje del Boeing 737 de Aerolíneas Argentinas cerca de Rafaela, en la tarde del 5 de octubre de 1975, fue uno de los capítulos más impactantes de la Operación Primicia.
¿Por qué los Montoneros eligieron aterrizar el avión secuestrado cerca de Rafaela?
La pista rural ubicada en la zona de Angélica no fue un destino casual: formaba parte del plan de fuga diseñado tras el ataque al Regimiento de Infantería de Monte 29 en Formosa.

La acción, ejecutada por Montoneros contra el Regimiento de Infantería de Monte 29 de Formosa, no terminó en el cuartel ni en el aeropuerto El Pucú: tuvo su desenlace operativo en una pista rural preparada en el centro-oeste santafesino, en cercanías de Angélica. Ese punto fue elegido como “territorio seguro” para concretar la fuga aérea y permitir la dispersión de los atacantes con apoyo de la Columna Santa Fe de Montoneros.
La pregunta central es por qué Rafaela y su zona de influencia aparecieron en el mapa de una operación ejecutada a más de 700 kilómetros de distancia. La respuesta está en la lógica logística de la acción: Montoneros necesitaba un lugar alejado del escenario del ataque, con apoyo territorial previo, condiciones mínimas para recibir una aeronave de gran porte y posibilidades de dispersión rápida por caminos rurales.
No se trató, por lo tanto, de un aterrizaje improvisado, sino de una fase prevista dentro de una operación de alta complejidad.
El plan: atacar, replegarse y desaparecer
La Operación Primicia fue diseñada como una acción combinada. Primero, un grupo secuestró el Vuelo 706 de Aerolíneas Argentinas, que había partido de Aeroparque con destino a Corrientes. Luego, la aeronave fue desviada hacia Formosa, donde otro grupo había tomado el aeropuerto El Pucú para garantizar el aterrizaje y mantener el avión disponible como vía de escape. En paralelo, una columna armada atacó el Regimiento 29 con el objetivo de capturar armamento, especialmente fusiles FAL.
Después del combate en el cuartel, el repliegue debía ser rápido. Los atacantes sobrevivientes regresaron al aeropuerto formoseño, abordaron el Boeing 737 secuestrado y despegaron bajo presión militar y policial. La aeronave no podía permanecer en Formosa ni dirigirse a un aeropuerto convencional sin exponerse a una inmediata intervención de las fuerzas de seguridad. Por eso, el plan requería una pista alternativa, fuera del circuito aeroportuario formal y previamente reconocida.
Angélica, una pista rural y apoyo local
La zona elegida fue una estancia ubicada en cercanías de Angélica, próxima a Rafaela. El lugar era un campo adaptado semi clandestinamente, preparado para recibir el avión luego de la fuga. Allí, el Boeing aterrizó “de panza”, quedó atascado en el barro y los integrantes de Montoneros abandonaron la aeronave para dispersarse por el campo, asistidos por comandos de la Columna Santa Fe.
La prensa rafaelina también reconstruyó ese episodio con datos locales. Diario La Opinión señaló que el avión aterrizó en un campo de Angélica “perfectamente elegido y señalizado con trapos”, y que la aeronave pudo ser recuperada días después mediante una pista portátil de chapas de aluminio instalada para permitir su despegue.
Otro artículo del mismo medio indicó que los atacantes bajaron en una pista improvisada en cercanías de Angélica, “donde habían obtenido un explícito apoyo logístico”. Esa referencia es clave para entender la decisión: Rafaela no era el objetivo político ni militar de la operación, sino el punto de apoyo territorial que hacía posible cerrar la fuga.
La ubicación como ventaja estratégica
La elección de un campo cerca de Rafaela ofrecía varias ventajas. En primer lugar, estaba lo suficientemente lejos de Formosa como para reducir la respuesta inmediata de las fuerzas locales que habían intervenido en el ataque al regimiento y en el aeropuerto El Pucú.
En segundo término, permitía evitar terminales aéreas controladas y descender en un punto previamente preparado. En tercer lugar, el entorno rural y la conexión de las Rutas 19 y 34, facilitaba la dispersión de los participantes, algo fundamental después de una acción que había dejado muertos, heridos y una fuerte reacción estatal.
La región también ofrecía conectividad terrestre. Rafaela, Angélica, Susana y otras localidades del oeste santafesino se encuentran en una zona atravesada por caminos rurales y rutas que podían facilitar movimientos posteriores.
En una operación clandestina, la fuga no terminaba con el aterrizaje: continuaba con la salida individual o en pequeños grupos, el ocultamiento, la asistencia médica si había heridos y el enlace con estructuras militantes locales.
El aterrizaje cumplió una función concreta: permitió que los integrantes de Montoneros que sobrevivieron al ataque abandonaran el avión y se dispersaran. Sin embargo, el desenlace no fue completamente exitoso desde el punto de vista operativo. La aeronave quedó atascada en el terreno, con los pasajeros civiles todavía en su interior, y debió ser recuperada posteriormente por las autoridades aeronáuticas.
Rafaela en una trama nacional
El aterrizaje cerca de Rafaela convirtió a la región en parte de una secuencia histórica de alcance nacional. La Operación Primicia comenzó con el secuestro de un avión en Buenos Aires, continuó con el copamiento del aeropuerto de Formosa y el ataque al Regimiento 29, y terminó con una fuga hacia Santa Fe. En esa cadena, Angélica funcionó como punto de cierre operativo.
Por eso, la respuesta a la pregunta inicial es clara: Montoneros decidió aterrizar cerca de Rafaela porque allí contaba con una pista rural previamente seleccionada, apoyo logístico y condiciones para dispersarse lejos del escenario principal del ataque. No fue una casualidad geográfica, sino una decisión táctica dentro de una operación que combinó planificación militar, clandestinidad, movilidad aérea y redes territoriales.






