Diseñar no empieza necesariamente frente a una hoja en blanco. Puede comenzar en una conversación, en una forma de caminar, en aquello que una persona quiere mostrar o en lo que prefiere dejar en segundo plano. Para Victa Auténtico, esas señales son parte del proceso creativo.
Victa Auténtico, la marca santafesina que transforma el diseño de vestidos de novia
Una de las diseñadoras santafesinas reflexionó sobre los procesos creativos, el valor de escuchar y el auge del diseño a medida en la región.

Esta marca santafesina nació de la mano de las diseñadoras Alejandra Caprio y Andrea Ferrero Pilatti como una propuesta de indumentaria urbana, pero con el tiempo fue encontrando su lugar en el diseño de autor y, especialmente, en el universo de las novias.
El concepto que atraviesa el trabajo de la marca es claro: que cada mujer pueda reconocerse en aquello que lleva puesto. En el Día del Diseñador de Indumentaria, El Litoral conversó con Andrea Ferrero Pilatti, una de las diseñadoras de Victa Auténtico, quien además de desarrollar su trabajo en la marca se desempeña como profesora en la carrera de Diseño de Indumentaria del IES.

El ADN Victa
Victa Auténtico nació como una marca de ropa urbana y con el tiempo encontró en el diseño de novias un territorio propio. Ese recorrido también fue definiendo una manera de trabajar: escuchar antes de diseñar, conocer a quien va a usar la prenda y buscar que el resultado tenga una identidad propia.
—¿Cómo nace Victa Auténtico y qué buscan transmitir en sus vestidos?
—Victa nace en 2014, con la idea de hacer una línea de ropa urbana. La experiencia y el tiempo nos fueron haciendo cambiar de ocasión de uso y de rubro. Si bien al principio amábamos hacer la línea de ropa urbana, nos era muy difícil competir en el mercado.
A Ale siempre le gustó todo lo referido a las novias. En 2015 hicimos nuestro primer vestido y después, hace unos ocho años aproximadamente, nos largamos directamente a trabajar con novias. Lo que buscamos transmitir es la personalidad de cada novia en cada vestido.
Si bien tenemos un estilo particular que nos diferencia y con el que nos sentimos más cómodas trabajando —una novia mucho más cómoda, entre bohemia y natural—, también buscamos encontrar la personalidad de cada una y transmitirla en su vestido. Es lo que siempre les decimos en las citas: que se sientan vestidas de novia y no disfrazadas de otra cosa.
—¿Cómo se transforman las ideas y emociones de una novia o de una mujer que llega a Victa en un diseño concreto?
—Es difícil explicarlo porque creo que cuando una novia se pone el vestido es cuando tiene que decir “sí” o “no”. Nosotras siempre les preguntamos un montón de cosas: qué profesión tienen, a qué se dedican, qué hacen en su tiempo libre y demás, porque creemos que todo eso tiene que ver con la personalidad de cada mujer que vamos a vestir.
Hay gente que se siente más cómoda con algo suelto, con zapatillas o con zapatos más bajos. Entonces lo vamos armando, con una tela con más caída, lo vamos construyendo mucho sobre el cuerpo. Esto último lo hemos aprendido a lo largo de estos años, trabajando sobre el cuerpo de cada novia logramos ver mejor cómo queda un diseño antes que tener la idea realizada en un dibujo que, a veces, no representa un cuerpo real.
Si les gusta estar cómodas, seguramente va a ser un vestido más suelto. Hay gente que prefiere que sea más ajustado y entonces vamos buscando la manera de resaltar las particularidades de cada una y, obviamente, de acompañar también aquello que no quieren mostrar.

Detrás de cada puntada de un Victa Auténtico
La identidad de Victa también se construye en los detalles. La comodidad, las terminaciones, los accesorios y los complementos forman parte de una mirada que busca que todo tenga sentido dentro de una misma propuesta.
Para la marca, hacer un vestido a medida no significa copiar una fotografía ni reproducir un diseño. Es interpretar una idea, trabajar sobre un cuerpo concreto y encontrar una forma de que la persona se sienta representada.
—Hay un detalle que caracteriza a los vestidos que hacen: la novia puede ponerse y sacarse el vestido prácticamente sola. ¿Por qué es importante para ustedes esa comodidad?
—Eso se lo debo a Ale, que siempre busca que haya cuantas menos costuras y menos cosas, mejor. Creemos que la simplicidad hace a la comodidad del vestido. La idea es que tenga un cierre y algunas cosas para ajustar, pero que te lo pueda poner tu mamá, tu amiga o quien esté ahí acompañándote.
Si tuvieras un vestido que está todo súper atado, con un cierre, otro botón y otra cosa arriba, creemos que se vuelve más rígido. Nosotras vamos más por la otra onda, aunque ahora estamos haciendo vestidos más corseteros porque también es una tendencia.
—En un mercado de producción masiva, ¿cuál es la importancia de un vestido hecho a medida?
—Para mí, la esencia está en cada persona. Podés comprarte un vestido hecho y quizás haya otra persona que también lo compró. En cambio, un vestido hecho a medida es para vos.
Es tu impronta, tu personalidad hecha vestido. Te calza perfecto, vas a estar cómoda y tenés la posibilidad de pensarlo a futuro: qué hacés después con ese vestido, si lo volvés a usar, si lo hacés en dos piezas. Hay un montón de posibilidades que podés planear cuando lo hacés a medida y que, cuando comprás un vestido ya hecho, quizás no tenés.
También está la posibilidad de que otra persona tenga el mismo vestido porque fue producido en cantidad. En cambio, cuando es algo pensado y exclusivo para vos, le agregás esto, le sacás lo otro y todo está diseñado alrededor de tu persona. Creo que eso es lo que diferencia un vestido hecho a medida.
Y cuando digo “a medida” no significa venir con una imagen y hacerla literalmente. Es buscar tu idea. Eso es lo que nosotras siempre tratamos de resaltar. No te vamos a hacer un diseño que no se mueva: venís con una idea, captamos eso y lo vamos transformando hasta llegar al vestido ideal. No es que traés una foto y la hacemos literalmente.

Diseñar también es escuchar
El trabajo creativo combina inspiración y observación, pero también una capacidad fundamental: escuchar. Las tendencias pueden aportar referencias, aunque el punto de partida sigue siendo la persona que va a vestir la prenda.
—En el Día del Diseñador de Indumentaria, ¿cuál considerás que es el principal valor de esta profesión?
—La creatividad y la originalidad. Y cuando hablo de creatividad, me refiero tanto a diseñar un vestido como a buscarle la vuelta para plantear un plan de negocio.
Yo doy clases en una tecnicatura y entiendo que ahí formamos profesionales. No alcanza solamente con tener creatividad y ser un buen dibujante de vestidos. También necesitás cumplir con los tiempos, entregar en tiempo y forma y lograr que el resultado quede espectacular, como lo dibujaste.
No es solamente creatividad, pero para mí no podés ser diseñador si no tenés creatividad. Si no tenés esa sensibilidad para captar lo que la otra persona quiere transmitir, falta algo fundamental. También hay que entender de dónde vienen las tendencias del momento. Y no hablo solamente de tendencias sobre qué ponerse, sino de tendencias de consumo y de qué quiere usar la gente.
Hoy vemos que muchas más mujeres ya no usan tacos altos. Entonces tenés que ir por otro lado. Es una tendencia hacia algo más cómodo y tenés que adaptarte a eso. No podés proponer un vestido para usar con un zapato de 15 centímetros porque eso ya no está impuesto de la misma manera.
—¿Cómo es tu proceso creativo? ¿Dónde buscás inspiración cuando las ideas no fluyen?
—Buscamos en todos lados. Desde las redes sociales hasta una serie que estás mirando y en la que de repente ves un vestuario que te llama la atención. También puede ser un movimiento, una imagen, una tela cayendo. A veces algo simplemente te gusta, te inspira o te transmite eso que querés lograr en un vestido.
Es cierto que hay veces en que no fluye y la creatividad no llega. Pero tampoco somos completamente libres. Nosotras generalmente vestimos novias y las novias tienen sus particularidades: “Yo quiero esto”, “yo quiero lo otro”. A veces nos dejan ser un poco más libres y otras veces no.
También pasa que alguien te dice: “Hacé lo que quieras, lo que a vos te parezca mejor”. A nosotras nos encanta que nos digan eso, pero tiene que ser alguien que conecte mucho con nuestro estilo.
Nos ha pasado varias veces: “Hagan lo que ustedes quieran” y listo. A todas nos gusta y bárbaro. Después vamos viendo: “Esto me gustó, pero no tanto”, “esto sí”. Y siempre se puede llegar a un punto medio entre lo que nosotras queremos proponer y lo que la novia, o cualquier mujer que viene a vestirse, quiere. Es un poco y un poco.

Diseño con identidad local
El trabajo de Victa también se desarrolla dentro de una escena santafesina que, según Andrea, fue cambiando durante los últimos años. El crecimiento de las marcas locales, la profesionalización del sector y las nuevas herramientas de venta permitieron ampliar las posibilidades para quienes diseñan desde la ciudad.
—¿Cuál crees que fue y sigue siendo el desafío de hacer diseño de autor en Santa Fe?
—Creo que uno de los desafíos es que las santafesinas se permitan decir: “Voy a la diseñadora”. A veces siento que lo relacionan más con las chicas que hacen vestidos o con una modista, y en realidad queremos romper con eso: demostrar que es un espacio donde podés venir a hacerte tu vestido.
Y después están los desafíos propios de cualquier emprendedor en Argentina. Llevamos ocho años buscando la manera de mantenernos y de adaptarnos. Incluso puede pasar que hagas un presupuesto con un año y medio de anticipación y después tengas que ir adaptándote a las circunstancias económicas del momento.
También hay gente que prefiere comprarse el vestido ya listo porque no tuvo buenas experiencias o porque le genera ansiedad todo el proceso y no aguanta la espera. Entonces también tenemos que trabajar contra eso y transmitirles que el proceso puede ser muy divertido y dinámico.

—¿Sentís que hoy hay más oportunidades para los diseñadores y las marcas locales que cuando comenzaste?
—Sí. Yo me recibí hace tiempo y en esa época sentía que no había tantas oportunidades como veo que existen hoy. Actualmente hay muchas más marcas locales y la gente también tiene más conciencia de compra. Quizás decide invertir en diseño santafesino y darle valor a ese trabajo. Antes, para mí, la gente lo vinculaba más con algo artesanal y solamente de ferias.
La realidad es que hoy en Santa Fe hay un montón de marcas de diferentes rubros: ropa interior, deportiva, urbana y muchas otras. Esto es realmente una profesión, las marcas están mucho más profesionalizadas, lanzan sus colecciones y mandan a producir en otros lugares.
Creo que eso también tiene que ver con que existe una institución donde se puede estudiar y salir con una visión más profesional del rubro, además del crecimiento de la ciudad y de la zona.
—¿Qué crees que cambió con la venta online y las nuevas tecnologías para las marcas santafesinas?
—Antes pasaba mucho que todo tenía que ver con Buenos Aires: las grandes marcas se creaban ahí y después distribuían para todo el país. Hoy hay un montón de marcas locales de Santa Fe que distribuyen a otras partes y venden en muchos lugares.
La venta online cambió muchísimo el panorama. La tecnología permite llegar a otros lugares. La pandemia tuvo un lado positivo y otro negativo, pero permitió que la venta online se convirtiera en una herramienta fundamental para los pequeños emprendimientos.

Emprender, aprender y sostener
Andrea también conoce el diseño desde otro lugar: el de la enseñanza. Desde las aulas del Instituto de Estudios Superiores acompaña a estudiantes que buscan transformar una vocación creativa en una profesión, en un contexto donde muchas veces el camino laboral implica crear el propio espacio de trabajo.
—¿Qué consejo le darías a alguien que está por incursionar en el mundo del diseño? ¿Y qué les transmitís a tus alumnos?
—Justo la semana pasada hablábamos de eso con los alumnos de tercero. Si realmente te gusta el diseño, te lo tenés que armar vos. No es tan fácil en Santa Fe salir al mercado y que una empresa te contrate. Pero si verdaderamente es lo que te gusta hacer, podés empezar con un emprendimiento muy chiquito y con poca inversión.
Capaz suena feo lo que voy a decir, pero a mis alumnas les digo: “No se dediquen solamente a coser y hacer arreglos”. Porque de ahí no salen más. Traten de pensar en otro lado. Entendemos las realidades de cada uno y que muchas veces hay que salir a trabajar. Pero son profesiones que las tiene que hacer una. Lo mismo les digo cuando vienen a estudiar: la carrera la hacen ustedes y para ustedes.
Entonces depende de cada uno, de cuánto le pongas y de cuánto te guste hacer esto. No es fácil y, por eso, te tiene que gustar mucho.
—¿Y a ustedes qué las llevó a seguir adelante con Victa?
—Nos gusta un montón. Con Ale, las dos probamos muchas cosas antes. Cada una tenía su marca por separado, después hicimos una y así fuimos probando con un montón de cosas. Te das cuenta de que siempre es por ahí. Podemos tener otros trabajos, pero cuando llegás al taller decís: “Es acá”. Y eso es lo que te da la fuerza para decir: “Bueno, listo, de a poquito vamos”.
Nos bancamos mil horas de trabajo para poder afrontar una situación y seguir con Victa. Así lo vamos piloteando. Ahora estamos en una etapa en la que tratamos de profesionalizar lo más posible Victa y de ver cómo es todo el proceso para que no recaiga solamente sobre nosotras y no sea algo tan personal.

Un universo para las novias
El objetivo de Victa trasciende la confección de vestidos. La marca busca consolidarse como un espacio capaz de acompañar a las novias en distintas decisiones y construir una propuesta integral, en la que cada elemento tenga una razón de ser.
—¿Cómo ven el futuro de Victa?
—Nosotras, en particular, en el rubro bodas, tenemos el sueño de que Victa sea el espacio de novias de Santa Fe y de la región. Nos encantaría tener todo para la novia, que pueda venir y encontrar todo lo que necesita, ya sea para hacerse algo a medida o para resolver otras cuestiones. Que sea un espacio de diseño de novias. Estamos trabajando para eso, pero todo tiene su proceso.

Vestir una identidad
En Victa, el vestido aparece como el punto de partida de una construcción más amplia. La búsqueda está puesta en conocer a quien lo va a llevar, interpretar su personalidad y trasladar esa identidad a cada decisión: desde la silueta y las telas hasta los accesorios y los pequeños detalles que completan una celebración.
Para Andrea Ferrero Pilatti, diseñar también implica escuchar, adaptarse, crear una marca y formar a quienes continuarán ese camino. En esa combinación entre oficio, creatividad y mirada personal se encuentra la identidad de Victa Auténtico: una propuesta que entiende la indumentaria no solamente como una prenda, sino como una manera de contar quién es cada persona.










