Marcelo David Giménez tenía 25 años y era el padre de una beba de apenas dieciocho meses. A lo largo de su vida se las rebuscó como pudo: fue pintor de obra, albañil y limpiavidrios en las esquinas de la ciudad. Durante la noche del martes último resultó atropellado por un camión en Av. Alem y Belgrano. Falleció en el hospital Cullen.
La resolución del problema de los limpiavidrios en las esquinas no es tarea sencilla. Quien asegure lo contrario, miente. Siempre que un dilema está directamente vinculado con lo social, plantea una dificultad de profundas implicancias. La Municipalidad calcula que en apenas dos de las principales avenidas de la ciudad -Alem y bulevares Gálvez y Pellegrini- trabajan diariamente más de cien limpiavidrios. Entre ellos, jóvenes, adolescentes y hasta niños. La muerte de Marcelo David Giménez dejó crudamente al descubierto el riesgo que estas personas corren mientras realizan dicha tarea, en medio de automóviles y camiones que circulan por vías rápidas. Si la situación es peligrosa para los más grandes, resulta aún más arriesgada para niños vulnerables y expuestos a todo tipo de contingencias. Pero no es ésta la única mirada para analizar el problema. De hecho, la situación también genera complicaciones y riesgos para los conductores. En el caso de los camioneros -sobre todo los extranjeros-, son virtualmente “asaltados” por jóvenes que los esperan en los ingresos de la ciudad y se trepan de manera temeraria sobre los paragolpes de los rodados cuando éstos aún se encuentran en movimiento. Si bien, por lo general, los limpiavidrios se limitan a pedir unas monedas a cambio de su servicio, también es cierto que en algunas oportunidades se plantean situaciones violentas. En medio de un clima generalizado de temor por los índices de inseguridad que asuelan las grandes ciudades, los conductores se ven compelidos a entregar dinero a cambio de un servicio que no siempre desean recibir. Las mujeres son las más vulnerables, sobre todo en horarios nocturnos o en lugares de escaso tránsito, donde se encuentran expuestas a toda clase de peligros. Desde la Secretaría de Acción Social del municipio se informó que pedirán la colaboración de las fuerzas policiales para evitar que los limpiavidrios ocupen algunas esquinas clave. Sin embargo, las soluciones de fondo para este tipo de problemáticas sociales no pasan por la aplicación de la fuerza. El Estado deberá encontrar las formas de generar alternativas de subsistencia para estas personas que, de hecho, demuestran cada día y cada noche que están dispuestas a ejercer una actividad laboral para reunir el dinero necesario para subsistir. Esas energías deberán ser redireccionadas y organizadas. Existen numerosas actividades que podrían ser ejecutadas por quienes hoy sólo cuentan con la posibilidad de limpiar vidrios. Es necesario diseñar programas. Es cierto que algunos intentos se realizaron en este sentido y que los resultados no siempre fueron los mejores. Sin embargo, la situación sería diferente si se les otorgara desde el Estado una salida alternativa. Lo peor que puede suceder en estos casos es que se asuma la problemática como inevitable y que no se tomen decisiones, ya que estas omisiones puedan resultar más costosas o ingratas.
La muerte de Marcelo David Giménez dejó crudamente al descubierto el riesgo que estas personas corren mientras realizan dicha tarea.