Gabriel Rossini

Por Gabriel Rossini. Uno de los objetivos de todos los gobiernos de la historia argentina fue controlar el flujo de la información. Operar de todas las maneras posibles censura, prohibición, persecución, expropiación, control de insumos como el papel o la película virgen para cine, y la creación de medios propios- para tener bajo control la producción de sentido en la sociedad...

Gabriel Rossini
Uno de los objetivos de todos los gobiernos de la historia argentina fue controlar el flujo de la información. Operar de todas las maneras posibles censura, prohibición, persecución, expropiación, control de insumos como el papel o la película virgen para cine, y la creación de medios propios- para tener bajo control la producción de sentido en la sociedad. Irigoyen tuvo su diario, en la década infame fueron míticas las peleas con los grandes propietarios de diarios como Natalio Botana. Perón expropió. La Revolución Libertadora prohibió hasta la palabra peronismo. Frondizi clausuró diarios y radios, lo mismo Guido. Onganía quiso moldear a la sociedad desde su revolución con objetivos pero sin tiempo. Los militares censuraron. Y Alfonsín se peleó con Clarín, prohibió a Tato Bores, repartió los canales con la misma lógica de los militares para manejarlos con razonamientos partidarios y publicaba medios adictos como el semanario El Ciudadano y el diario Tiempo Argentino. Cada uno de estos presidentes tuvo una legión de funcionarios dispuestos a todo para que los medios de comunicación le dieran a sus jefes lo quería ver, escuchar y leer . Sin duda uno de los más controvertidos, pero también el más eficiente de todos, fue Raúl Apold, que acompañó a Juan Domingo Perón desde se llegada a la secretaría de Trabajo en 1943. Culto, gran lector, se valió de dos armas fundamentales para construir el imaginario del peronismo que perdura hasta hoy: plata y los mejores hombres de la época. Un solo ejemplo basta: a Perón lo defendía desde la radio Enrique Santos Discépolo con su personaje Mordisquito. En “El inventor del peronismo. Raúl Apold, el cerebro oculto que cambió la política argentina”, Silvia Mercado (periodista, consultora en comunicación estratégica y docente universitaria) reconstruyó la vida de Apold. “Ideólogo y brazo ejecutor de las políticas de comunicación del peronismo original, Apold era el segundo hombre más poderoso y temido de la Argentina peronista hasta julio de 1955, cuando dejó el país y se esfumó de la escena pública sin pena ni gloria. Amigo de Mirtha Legrand, padrino de bautismo de Marcela Tinayre, socio de Luis César Amadori y de Roberto Noble, enemigo acérrimo de Hugo del Carril, íntimo amigo de Juan Duarte, Apold es el secreto mejor guardado del peronismo”, dice la presentación del libro. -Lo primero que llama la atención es el título porque creíamos que al peronismo lo había inventado Perón. -Obviamente que al peronismo lo inventó Perón. El título alude a dos cosas: primero a que Raúl Apold, según mis testimonios, fue el que le dio a Perón la idea de ponerle peronista al partido que creó en 1947. Perón llega al gobierno en 1946 con el partido Laborista, que era de los sindicalista metidos a hacer política. Como no quería depender de nadie creó su propio partido. Primero lo llamó Partido Único de la Revolución Nacional, pero no funcionó. Así que Apold le sugiere a Perón que lo llame Partido Peronista. Eso que nosotros tenemos naturalizado es muy excéntrico porque se convirtió en el único partido en el mundo y a lo largo de la historia que llevó el nombre de su líder vivo en forma institucional. Eso no pasó ni con el chavismo, ni con Franco, Mussolini, Stalin, Lenin ni Hitler. -¿Quién era Apold? ¿Cómo llega a Perón? -Fue lo que hoy llamaríamos el secretario de Medios de Juan Domingo Perón. Fue el responsable de la comunicación del gobierno desde 1946, primero como director del Noticiero Latinoamericano y del diario Democracia. Luego como Director de Difusión, en 1949 y en 1954 como Secretario de Información y Prensa. Lo que muestro en el libro es que Raúl Apold -contra lo que dicen- llegó a la vida de Perón antes que Evita. Al menos en 1943 ya estaba presente porque publicó una nota que Apold escribió en 1946 en la revista Sintonía bajo el título “Así es el coronel” donde hay varias fotos. Una de ella es la de la asunción de Perón en octubre de 1943 como jefe del Departamento de Trabajo y en esa foto Apold ya estaba. -Perón fue un pionero de la comunicación gubernamental. Fue el primero que crea una oficina para comunicar los actos de gobierno, arma una estructura de prensa en la secretaria de Trabajo cuando todo eso no existía. ¿Esto fue idea de Perón, lo aprendió de las experiencias de gobierno en Europa o fue idea de Apold? -La verdad es que Perón lo vio cuando estuvo en Italia enviado por el Ejército argentino. Vió como en Europa el Estado producía comunicación utilizando los medios masivos. Hay que decir también que por entonces -décadas del 30 y el 40- los medios masivos de comunicación estaban transformando la cultura en los principales países del mundo y de hecho algo similar sucede con Roosvelt que llega al gobierno gracias a una importantísima campaña que realiza a través de la radio. Es el primer candidato a presidente que hace política a través de la radio y a través del tren, recorriendo todo el país. Una cosa muy parecida hizo Perón en 1946. -¿A su regreso al país Perón considera que Apold era el mejor hombre para implementar todo esto? Porque previamente otros lo acompañaban, como Oscar Lomutto, que era un periodista muy prestigioso. -Lo que está claro es que Perón -que fue un pionero y un hombre de vanguardia en una gran cantidad de cosas- también lo fue en materia de comunicación política. Además era un hombre de una gran sensibilidad, muy inteligente, que tuvo la habilidad de contactar, por ejemplo, a José Figuerola para hacer la mejor legislación social que nunca hubo en Argentina, y a Raúl Apold para poner en marcha una política de comunicación política que se fue transformando en autoritaria pero que indudablemente fue de vanguardia, en el sentido de que utilizó los medios masivos de comunicación para la construcción política y para llegar a los sectores que normalmente están alejados de la política. -¿Qué huellas deja Apold al peronismo? -Apold era sobre todo un hombre del espectáculo y tenía mucho sentido del marketing. Pensaba las campañas de publicidad de Argentina Sono Film. Tenía muy buenas ideas de títulos, hoy diríamos que era un especialista en posicionamiento estratégico. Además era un hombre muy culto, un gran lector y estaba muy atento a las novedades. Cuando Perón lanza un plan de gobierno, que actuaba en distintas áreas de la gestión, en el equipo de quienes estaban pensando el plan, Raúl Apold sugiere ponerle Plan Quinquenal, como era el de los soviéticos a poco de llegar al gobierno con la revolución rusa. También fue muy importante en la construcción del mito de Evita. Hizo la campaña con el lema “Perón cumple, Evita dignifica”, que es un invento de él. Esto se ponía en todas las obras públicas de todo el país. “Los únicos privilegiados son los niños” también es una frase de Apold. El comunicado de prensa de la muerte de Evita -que debe ser el más conocido de la historia argentina- lo redactó él en su máquina de escribir. -Lo que ponés en el libro es que Evita no murió a las 20.25 como dice el comunicado. -No se sabe exactamente a qué hora. Hay muchos que me dijeron que murió más temprano, que murió a la tarde, a la mañana, el día anterior. Lo que está claro es que murió antes de las 20.25. El médico que firmó el certificado de defunción puso 20.23, pero Apold quiso poner algo que sonara bien, él estaba muy pendiente de como sonaban las frases, los textos, todos los detalles, le gustó 20.25 y todos creemos que murió a esa hora. -Otro de los legados fue el Festival de Cine de Mar del Plata. -Apold era un hombre del cine, incluso creo que en los años del gobierno de Perón se transformó en uno de los dueños de Argentina Sono Film que era de la familia Mentasti y pudiendo haberlo pasado a manos del Estado, como en Alemania, no lo hizo. Pasó a manos del Estado todas las radios y casi todos los diarios, sin embargo el cine siguió en manos privadas, creo que porque Apold conocía mucho de cine y sabía que se necesitaba una cierta libertad para producir con calidad. El cine en Argentina ya venía con mucha potencia desde la década del 30, era vanguardia en América Latina y había muy buenos directores, tanto es así que Domingo Mercante, gobernador de Buenos Aires desde 1946 promueve la realización del primer festival de cine en 1948, pero Apold lo boicoteó porque sintió que era una competencia sobre él y sobre Perón. Por eso no conocíamos el festival de 1948, pero sí el de 1954 que fue el primer festival de escala internacional que se hizo en Argentina. Se realizó por idea e impulso de Apold que logró además el respaldo del cine norteamericano. Vinieron representantes de 16 países. Fue un éxito descomunal. -¿Por qué le tenían tanto temor y por qué desapareció de la vida pública argentina? -Apold fue un hombre muy autoritario. No solo controlaba los textos que salían en los diarios que manejaba el gobierno a través de empresarios amigos, sino también controlaba el papel, por lo cual había autocensura en La Nación y Clarín que permanecieron en manos privadas, controlaba los guiones, quién actuaba en cada película y quién no, controlaba quién podía filmar y la entrega de películas virgen, que era un insumo crítico para el cine. Incluso tenía una Dirección de Asuntos Especiales donde ejercía una especie de control de inteligencia dentro del mundo de la comunicación, el teatro, la producción de libros y las imprentas. Y por supuesto también controlaba quién aparecía en los medios y quién no. Por eso los dirigentes políticos, los artistas y los periodistas le tenían muchísmo miedo. En 1955, después de los bombardeos a la Plaza de Mayo, Perón le pide la renuncia a él, a Borlenghi y a Méndez San Martín porque eran la cara odiada del gobierno, aún de los propios peronistas. Apold y Borlenghi se van del gobierno y se exilian vía Montevideo. Después se van de vacaciones a La Habana y cuando Fidel Castro entra en la Habana en 1959 Borlenghi se va a Roma donde muere y Apold a EE.UU., presumiblemente con un nombre falso porque no dejó ningún rastro. -Una de las cosas que me llamó la atención es que más allá de la cantidad de plata que gastaban y las formas, contrataban a los mejores de cada oficio. -Es notable. Apold se enojaba con los productores y directores de cine porque no hacían películas de calidad a pesar de que tenían la plata. Y si no hacían películas de calidad la gente iba a preferir el cine norteamericano. También me parece que Apold todavía no se había dado cuenta, y Perón tampoco, de que para producir comunicación -cine, radio, televisión o gráfica- se necesita libertad del poder del Estado. Libertad absoluta no hay nunca porque tenés la presión de las mismas empresas, de los anunciantes y por supuesto de los gobiernos. Perón se dio cuenta de esto en el exilio y cuando volvió en 1973 no quiso estatizar los canales de televisión a pesar de que lo podría haber hecho porque estaban las licencias vencidas. -¿Cuales son las diferencias e igualdades entre el kirchnerismo y el primer peronismo? -Veo muchas similitudes en lo malo, sobre todo a partir del 2008 y el conflicto por la 125. Porque hasta el 2008 el kirchnerismo era muy parecido al gobierno de Menem: se peleaba con los medios. Pero una cosa es buscar que se refleje su visión de las cosas y otra es adueñarse de los medios para tratar de imponer una voz única. Como pasó en el peronismo original esto tiene un fin porque la gente encuentra una manera de expresarse. En 1954 fue a través de los atrios de las iglesias que empezaron a funcionar como medios de comunicación porque algunos curas empezaron a manifestar su oposición al peronismo en el gobierno. -Y ahora son las redes sociales... -Que suerte que las tenemos porque nos dan la posibilidad de expresarnos y a pesar de toda la plata que tiene el gobierno para pagar sus propios tuiteros, por ejemplo, las marchas contra el gobierno se armaron en las redes sociales. Además, la gente escucha y ve los que no son oficialistas. Y eso no pasa porque sean de Magnetto. Es porque los medios de comunicación tienen ese rol en la sociedad: expresar al otro, a los que no están en el poder, porque el poder siempre tiene sus modos de expresarse. Es así en las democracias, aún en las autoritarias. Es increíble que a una verdad tan sencilla cueste tanto entenderla. Obvio que van a buscar el medio que no expresa al oficialismo porque los medios en las democracias son otro poder, no es el Ejecutivo, es el poder de los otros, de la gente. -Yo tengo la sensación de que el peronismo no entiende los medios de comunicación, cómo funcionan, cuál es su rol. -El peronismo sabe mucho del poder y poco de medios. Tiene problemas con los límites y los medios porque la comunicación es una expresión de los límites, como el Poder Judicial y las organizaciones no gubernamentales. Yo creo que es un error y lamentablemente aprenden cuando ya están afuera del poder.
Apold le sugiere a Perón que lo llame Partido Peronista. Eso que nosotros tenemos naturalizado es muy excéntrico porque se convirtió en el único partido en el mundo y a lo largo de la historia que llevó el nombre de su líder vivo en forma institucional.
Silvia Mercado Foto: Prensa Editorial Planeta
El peronismo sabe mucho del poder y poco de medios. Tiene problemas con los límites y los medios porque la comunicación es una expresión de los límites, como el Poder Judicial y las organizaciones no gubernamentales.