Remo Erdosain Todos estamos como desganados, como si después de tanto jolgorio y parranda no nos quedara otra alternativa que dejarnos estar en la mesa del bar acompañados del inevitable café. Las elecciones del domingo son las responsables de esta suerte de estado de abulia de las primeras horas de la mañana. Mucha alegría para algunos, mucha bronca para otros, lo cierto es que ahora lo que predomina es el cansancio. Sin embargo, con el transcurrir de los minutos el clima empieza a recuperarse. Un comentario por aquí, otro por allá y ya a media mañana la mesa recupera su tono polémico habitual. —Realmente yo no me esperaba esto -comenta Abel algo asombrado. —¿No te esperabas qué? —Que Macri ganara en provincia de Buenos Aires y que en lugar de perder por diez puntos apenas perdiera por dos. —Diferencia de la cual tengo mis honorables dudas -agrega Marcial- porque conociendo el paño no me sorprendería que los muchachos hayan pichicateado las urnas para atribuirse aunque más no sea el gol del honor. —Ustedes siempre cuando pierden denuncian fraude, pero cuando ganan está todo bien... -acusa José. —Es posible -admite Marcial con una sonrisa malévola. —Yo lo que creo es que los K están liquidados -digo-; la derrota del domingo va a ser un poroto al lado de la derrota que les espera. —No canten victoria antes de gloria -sermonea José- no subestimen al peronismo, ganamos en la mayoría de las provincias, tenemos militantes desparramados por todo el país y además contamos con la compañera Cristina. —Ustedes no tienen militantes, tienen vagos rentados que no es lo mismo. Y los gobernadores y los intendentes peronistas a esta hora están pensando en sus vacaciones en Miami y en lavarse las manos. Ellos ya agarraron lo que les correspondía del queso y ahora se preparan para darse la gran vida... y a Scioli que le vaya bien. —Yo insisto en que Scioli está liquidado -digo- es como si le hubieran dado jaque mate, no puede mover el rey para ningún lado. Si toma distancia de Cristina, pierde; si se identifica con los K, pierde también. —Yo estoy tan convencido de que pierden por goleada -afirma Marcial- que no me llamaría la atención que Scioli, siguiendo las lecciones de su viejo maestro, el sabio de Anillaco, decida bajarse. —No es lo que dijo -responde de José-; por el contrario, está decidido a dar batalla. —No tiene con qué darla -observa Abel- y te lo digo yo que no estoy tan seguro de votar a Macri. No tiene recursos políticos para librar una batalla inesperada, una batalla para la que no estaba preparado. —A eso agregale -digo- que ya empezaron a circular los reproches, los pases de factura, las deserciones de los que ayer eran leales... con ese clima no se puede ganar nunca una elección. —Yo estoy convencido -insiste José- de que en estos veinte días le podremos explicar a la gente que votar por Macri es votar por el ajuste, la privatizaciones, el retiro de los planes sociales... en definitiva, el retorno a la década del noventa. —Década en la que tus jefes, Néstor y Cristina, fueron abnegados y esforzados militantes. —No respondo chicanas baratas -dice José-; estoy convencido de que los votantes de Massa, que mayoritariamente son peronistas o por lo menos no son antiperonistas, colocados en el dilema de elegir entre patria o colonia van a elegir por la patria -agregó después. —Es decir -completa Marcial-, van a votar por el patriota Scioli. —Exactamente. —Ése es un verso que ni vos te lo creés. —Vamos a ver qué pasa el domingo 22. —Eso ya lo vamos a ver -digo- pero por lo pronto, las declaraciones de Massa, De la Sota, Lavagna, es decir, las primeras espadas de ese nucleamiento son contundentes. No van a votar a Scioli. —Pero tampoco dijeron que lo vayan a votar a Macri. —No lo dijeron, pero dejaron la pelota picando. Además, está bien que no lo digan, con que afirmen que no van a votar a Scioli a nosotros nos alcanza y sobra. —Massa no es el dueño de sus votos. —Como tampoco lo es Scioli -responde Marcial- observación que te recuerdo porque no sería nada raro que muchos votantes de Scioli se cambien de bando. —Es que ustedes están jodidos José -digo- llegó la hora de Macri, no sé si para bien o para mal, espero que para bien, pero cuando el humor de la sociedad se vuelca para un lado no hay razones ni argumentos que los haga cambiar. Y el humor está con Macri y con María Eugenia Vidal. —A la que hay que levantarle un monumento -exclama Abel- porque haber derrotado al mafioso del Morsa es una contribución decisiva a la patria. —Yo creo que el Morsa es el malo de la película -digo- pero tengamos presente que la gestión de Scioli en provincia de Buenos Aires fue un desastre, y tengamos presente también que, como dijera el compañero Samid, cada vez que la Señora hablaba por la cadena nacional el peronismo perdía unos 700.000 votos. —Yo estoy tan convencido acerca de los aportes que puede hacer la Señora para nuestra causa -dice Marcial- que le prendo velas a San Antonio para que se sume a la campaña: con dos o tres discursitos de ella en esta semana y Macri gana por goleada. —Yo quiero volver a lo del Morsa -digo- porque no hay que perder de vista que el hombre fue candidato a gobernador de la provincia de Buenos Aires porque Ella lo bancó. O sea, que acá la que perdió fue la Señora, la gente está harta de sus caprichos, sus modales, sus tonos de voz, sus exhibiciones de vestuario, su maltrato no sólo a los opositores sino a sus propios compañeros. —Que se vaya a Santa Cruz de donde nunca debería haber salido -exclama Marcial. —No sé cómo nos va a ir el domingo -dice José-, pero si perdemos que no les quepa duda que vamos a volver porque somos los únicos que sabemos gobernar y sabemos atender las necesidades populares. La gente se va a dar cuenta de su error y va a reconocer que fuimos el gobierno nacional y popular que los reconoció, los protegió. —Los K lo único que reconocieron y protegieron fueron sus cuentas corrientes, sus inversiones inmobiliarias y sus casinos... lo demás es jarabe de pico. Háganse cargo muchachos, ustedes no vuelven más -afirma Abel-. Podrán venir Massa, Urtubey o el Gaucho Hormiga Negra, pero ustedes ya fueron... la claque mafiosa de Santa Cruz ya fue... —No comparto -concluye José.






