Rogelio Alaniz
A los pocos días de las elecciones primarias del 14 de agosto, el legislador del PRO, Federico Pinedo, sugirió que la oposición debería apoyar la candidatura de Hermes Binner. La sugerencia dio lugar a que desde las usinas oficialistas se hablara de la resurrección del Partido Socialista Independiente (PSI), la formación política que en en agosto de 1927 se escindió del viejo tronco socialista bajo el liderazgo de Juan B. Justo.
Los líderes históricos del PSI fueron Antonio De Tomaso y Federico Pinedo, abuelo del actual legislador del PRO. La ironía kirchnerista no fue inocente, porque se trata del partido que apoyó el golpe de Estado de septiembre de 1930 contra Hipólito Yrigoyen, y en las elecciones de noviembre de 1931 integró junto con los conservadores y radicales antipersonalistas la coalición liderada por el general Agustín Justo, conocida con el nombre de Concordancia.
El PSI participó en aquel acuerdo con dos ministros emblemáticos: De Tomaso en Agricultura y Pinedo en Hacienda. El partido como tal fue perdiendo gravitación a lo largo de la década del treinta y sus principales dirigentes se fueron sumando a las filas conservadoras, algunos regresaron al viejo socialismo de Justo y Repetto y un señor llamado Roberto Noble se desempeñó como colaborador de Manuel Fresco, diez años antes de fundar el diario “Clarín”, su principal y trascendente proyecto editorial.
La historia fue muy dura con los llamados “libertinos”, apodo relacionado con el nombre de su periódico oficial “Libertad”. Lo más liviano que se dijo de ellos es que fueron unos tránsfugas. Su pasaje a la derecha y su posterior desaparición política los colocó en el bando de los derrotados y, ya se sabe que la historia no suele ser piadosa con quienes no supieron sobrevivir a sus propios desafíos.
Un escritor tan curioso y amplio como Félix Luna les otorga uno que otro comentario marginal que no excluye el adjetivo duro y descalificador. Para los historiadores de la izquierda nacional, representaron la lógica del viejo Partido Socialista llevada hasta sus últimas consecuencias. Tanto Abelardo Ramos como Hernández Arregui no vacilaron en calificar al socialismo de Justo como un partido vendepatria, motivo por el cual el depósito de adjetivos para el PSI estaba agotado.
A principios de la década del ochenta, Horacio Sanguinetti publicó un libro llamado “Los socialistas independientes”. Es el único documento histórico referido a esa experiencia política. No tengo noticias de que luego se haya escrito algo parecido. Se sabe que hubo un intento de publicar las memorias de De Tomaso, pero el proyecto no prosperó y es posible que los documentos se hayan perdido.
El propio Pinedo, que escribió sobre su protagonismo como político y economista, habla muy poco del PSI, como si le molestara recordar sus años de socialista cuando viajaba a Europa y conversaba con Rosa Luxemburgo, Bernstein, Kautsky y Kerenski. Es que el PSI fue eclipsado por la figura de Federico Pinedo del cual lo que más se sabe a nivel popular es que fue el ministro de Justo que se peleó con Lisandro de la Torre en el célebre debate de las carnes.
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