Prof. Martín Duarte


Prof. Martín Duarte
En 2007 se edita “¿Qué ha hecho la ciencia por nosotros? Lo que ‘Los Simpson’ puede enseñarnos sobre física, robots, la vida y el universo”, de Paul Halpern. Allí se analizan capítulos memorables como el del “Gen Simpson”, el brillo radiactivo del Sr. Burns o el pez de tres ojos.
El docente y divulgador científico, Claudio Sánchez, publica en 2010: “Todo lo que sé de ciencia lo aprendí mirando ‘Los Simpson’”; recopila curiosidades de la familia más famosa de Springfield para tratar temas como los viajes en el tiempo o la mecánica cuántica.
En 2011, sale a la luz “La ciencia de Los Simpson. El universo con forma de rosquilla. Guía no autorizada” de Marco Malaspina quien expone la visión que sobre la ciencia y los científicos tienen Homero, Marge, Bart y parentela.
Estas publicaciones inspiran el presente texto cuyo propósito es ver un episodio de la familia de Springfield donde se retoma un cuento fantástico y se lo recrea. Se trata del relato titulado: “La pata de mono”. La pregunta es: ¿qué aprendemos de literatura mirando a los Simpsons?
“La pata de mono” es un cuento fantástico escrito por el humorista W.W. Jacobs (1863- 1943). Retoma un tópico abundante en nuestra literatura universal: los genios encapsulados en lámparas mágicas te llaman “¡Amo!”; te dicen que tus “deseos son órdenes”; pero no siempre son tan benevolentes, graciosos y ocurrentes como el genio azul de Aladino que vemos en las pelis de Disney. Te conceden tres deseos aunque -a veces- te quitan más de lo que te dan. ¡Cuidado con lo que ansías! Estos genios o talismanes o dioses pícaros o amuletos prodigiosos te ofrecen la chance de convertir tus sueños en realidad... Más pronto que tarde, el encantamiento pierde sus encantos y todo se convierte en una pesadilla. Como sucede en la película “Wishmaster” (1997): ¡Formula bien tus pedidos! ¡No caigas en la trampa de tus propias palabras!
Borges, Bioy Casares y Silvina Ocampo incluyen este cuento en su “Antología de la literatura fantástica” (1940). En la introducción Bioy señala: “‘Los tres deseos’. Hace más de diez siglos empezó a escribirse este cuento; colaboraron en él escritores ilustres de épocas y de tierras distantes; un oscuro escritor contemporáneo ha sabido acabarlo con felicidad. Las primeras versiones son pornográficas; las encontramos en el ‘Sendebar’, en ‘Las mil y una noches’ (‘Noche 596: El hombre que quería ver la noche de la omnipotencia’), en la frase ‘más desdichada que Banús’, registrada en el Kamus, del persa Firuzabadi. Luego, en Occidente, aparece una versión chabacana. ‘Entre nosotros -dice Burton- [el cuento de los tres deseos] ha sido degradado a un asunto de morcillas’. En 1902, W.W. Jacobs, autor de sketches humorísticos, logra una tercera versión, trágica, admirable. En las primeras versiones, los deseos se piden a un dios o a un talismán que permanece en el mundo. Jacobs escribe para lectores más escépticos. Después del cuento, no continúa el poder del talismán (era conceder tres deseos a tres personas y el cuento refiere lo que sucedió a quienes pidieron los últimos tres deseos). Tal vez lleguemos a encontrar la pata de mono -Jacobs no la destruye- pero no podremos utilizarla”.
En esta narración de escritor inglés, la pata del simio -que viene de tierras muy lejanas- concede tres deseos a tres hombres sobre la faz de la tierra. Parece peligrosa. Ya han pasado dos dueños que se han arrepentido de despertar la magia del fetiche. El tercer propietario -pese a las advertencias- formula sus pretensiones. El primer pedido: 200 libras. El amuleto concede esa suma dinero pero le arrebata al solicitante la vida de su hijo: 200 libras es la indemnización que le pagan por la muerte de su muchacho en un accidente de trabajo. ¿Todo va de mal en peor? ¿Mejorará con los 2 deseos restantes? ¿Por qué no solicitar la resurrección del hijo o que vuelva el tiempo atrás? ‘Lamentablemente, soy un part-time spoiler: ¡Habrá que leer el relato de Jacobs!’.
¿Qué hacen Matt Groening y equipo? Todo lo que entra o cae en el mundo de Springfield se tiñe de amarillo: se caricaturiza, se “humoriza”, se parodia, se recrea, se reescribe, se invierte, se americaniza, se “simpsonea”. Primero, insertan el cuento con el nombre de “La pesadilla de Lisa” en “La casita del horror II”: séptimo episodio de la tercera temporada de la serie de dibujos animados y el segundo especial de Halloween, emitido originalmente el 31 de octubre de 1991. El episodio, dividido en tres historias, está escrito por Al Jean, Mike Reiss, Jeff Martin, George Meyer, Sam Simon y John Swartzwelder, y dirigido por Jim Reardon.
Se abre -entonces- una articulación de cajas chinas: “La pata de mono” se incluye en una pesadilla de Lisa que -a su vez- se incluye en un especial de Halloween y que forma parte de la gran serie televisiva.
Son 4 los deseos. Los Simpsons los formulan pese a las ya clásicas advertencias. Primero, ante la inicial indecisión hogareña, Maggie se adelanta y requiere un chupete: el chiste es que todos creen que se trata de un Rolls Royce... el vehículo sólo traslada a una especie de mayordomo que hace entrega de lo demandado. Segundo, Bart ordena que la familia amarilla sea famosa y rica: Homero felicita a su niño pero el tiro sale por la culata ya que Springfield se harta de su ostentosa omnipresencia. Tercero, Lisa pide la paz mundial: su padre le recrimina que “Eso fue muy egoísta de tu parte, Lisa!”; otra vez las cosas empeoran, tanta paz deja desprotegido al planeta que se ve invadido por aliens. Cuarto, el glotón Homero exige un sándwich de pavo “sin trampas”: malgasta la última chance y -encima- no está conforme con el resultado porque “el pavo está seco”.
El final es desopilante: Homero quiere deshacerse del talismán y -malicioso- se lo da a Ned Flanders. ¡Gran sorpresa! ¡A Ned todo le sale bien! Pide el fin de la invasión alienígena desatada por el deseo de Lisa y se vuelve más popular que sus vecinos amarillentos. ¡Ni el tiro del final, Homero, te va a salir! ¡Humor negro de Halloween! ¡Humor amarillo que entienden los fans: sólo ellos saben cómo se llevan los vecinos Homero y Ned!
En síntesis, esta “Casita del horror” ilustra la mecánica del humor marca registrada de Groening: la parodia es la clave. La risa es incompleta si no se percibe la intertextualidad, si no se reconoce el original parodiado. El episodio en cuestión nos reenvía a William Jacobs y -a su vez- el humorista inglés nos reenvía a una antiquísima tradición del cuento maravilloso cuyo tópico es el objeto mágico que concede fabulosos -sólo en apariencia- deseos. Podríamos decir también: ahí está la ancestral maraña de relatos que son la herencia de la humanidad; hay mucho escrito y -a la vez- suficiente espacio para reescribir esa tradición de la que nos adueñamos.