El trayecto hacia el trabajo, el estudio o cualquier otro destino puede convertirse en una verdadera odisea cuando el sistema de transporte no funciona adecuadamente. Largas esperas, unidades desbordadas, aumentos desmedidos en los costos del boleto, algunas de las situaciones que enfrentamos día a día.
Números fríos y bolsillos vacíos: lo cotidiano del ciudadano de a pie
Más allá de los números fríos y las estadísticas que vemos diariamente, es importante no perder de vista que detrás de cada dato hay personas de carne y hueso cuya vida diaria se ve profundamente afectada. En el caso del transporte público, estamos hablando de un servicio esencial que impacta directamente en la calidad de vida de miles de santafesinos y santafesinas.

Desde mi banca en el Concejo Municipal, hemos enfocado nuestros esfuerzos en atender las necesidades reales de los usuarios del transporte público. Un logro reciente fue la implementación del sistema de carga a bordo en los colectivos urbanos, una herramienta que sin duda facilitará enormemente la vida de la ciudadanía, evitando la incomodidad de quedarse sin saldo disponible en la tarjeta SUBE. Pero no nos detenemos ahí. Estamos trabajando para incrementar el valor del saldo negativo permitido, dado que actualmente se rige por los valores del AMBA, que no contemplan nuestra realidad local. Además, buscamos establecer a las agencias de lotería como nuevos puntos habilitados con terminales SUBE, para brindar más opciones de recarga cercanas a los vecinos y las vecinas.
Pero esto es apenas un pequeño paso. Aún queda un largo camino por recorrer para garantizar un servicio de transporte público digno, eficiente y accesible para todos los bolsillos. Es necesario revertir la histórica e injusta distribución de fondos que ha marginado y relegado a las provincias.
El boleto de colectivo no es un lujo, es un derecho básico al que todos los ciudadanos deben poder acceder en condiciones dignas, sin importar su lugar de residencia. Por eso, seguiremos trabajando incansablemente para que las políticas públicas reconozcan esta urgencia y hagan una verdadera diferencia positiva en el día a día de la gente.
Un país que olvida a sus habitantes y no atiende sus necesidades más básicas, como la de poder trasladarse adecuadamente, está condenado al subdesarrollo y la injusticia social. Es hora de revertir esta mirada distorsionada y poner al ciudadano y su bienestar en el centro de las prioridades.









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