“Ciudadanía en construcción”: ¿Qué piensan los jóvenes de la política y la democracia?
Una encuesta nacional a estudiantes de 16 a 19 años revela una generación que mira el país con cautela pero confía en su futuro personal. La mayoría planea votar y rechaza juzgar a las personas por sus ideas políticas, aunque muestra poco interés cotidiano en la política.
La mayoría de los jóvenes consultados para la encuesta de la UBA y Conciencia manifestaron su voluntad de votar. Foto: Archivo
¿Qué piensan sobre la política y el país? ¿Cómo se informan? ¿Conversan sobre política con familiares y amigos? ¿Tienen amigos que piensen lo opuesto? ¿Estarían en pareja con alguien que sí? ¿Coinciden (o no) con sus padres? ¿Tienen interés en votar? Esas y otras preguntas fueron formuladas a jóvenes de entre 16 y 19 años de todo el país.
La encuesta fue realizada a 2.494 estudiantes escolarizados, con una muestra diseñada para representar la estructura real de ese universo por región, edad, sexo y tipo de escuela. Estuvo a cargo del Observatorio Pulsar de la Universidad de Buenos Aires y la Asociación Conciencia.
Una de las principales conclusiones revela que la democracia aparece como un valor ampliamente aceptado entre la población consultada, pero el involucramiento cotidiano con la actividad política es limitado y selectivo.
Los jóvenes ven su presente y su futuro con sentimientos mezclados. Son más críticos con el país que con su propia vida. No sienten que “no haya futuro”, pero sí están un poco preocupados. “Hay cierta inquietud, pero no resignación”.
En este escenario, la política no es central en su vida cotidiana. Hay poco interés y poca conversación sobre el tema, lo cual no significa una apatía total extendida: la política está presente de forma intermitente, sin organizar su día a día.
La brecha entre expectativas individuales y expectativas nacionales es clave para interpretar su conducta política. La identidad juvenil se construye entre un horizonte personal que todavía se percibe como posible y un país que genera algunas dudas.
En este contexto, el vínculo construido con la política es de baja intensidad. No la rechazan, la viven a su manera: menos rituales tradicionales, más selección de información y un vínculo emocional más débil.
Como se dijo, una de las conclusiones del informe es la brecha entre las expectativas personales y la percepción sobre el país. Mientras una mayoría imagina un futuro personal y familiar relativamente positivo, la mirada sobre la situación nacional es más crítica.
De hecho, casi la mitad considera que Argentina está igual o peor que hace un año, lo que refleja un clima de cautela frente al presente.
Eso sí: el capital social influye en la evaluación del país y crece a mayor nivel educativo de los padres y presencia de libros en la casa. También mejora la perspectiva personal y familiar en base a esos dos factores.
En cuanto a la posibilidad de seguir viviendo en el país o migrar, un 40 % elige la primera opción (la mayoría, varones) y un 32 % la segunda. Hay un 28 % que no lo tiene decidido.
Bajo interés pero no apatía
En la mayoría de los jóvenes el interés por la política es bajo, aunque con matices.
Según el estudio, el 69% de los jóvenes declara tener poco o ningún interés en temas políticos, mientras que sólo una minoría afirma seguirlos con mayor intensidad.
Sin embargo, los investigadores advierten que ese dato no debe interpretarse como apatía absoluta. Más bien describe una relación distinta con la política, menos ritualizada y más intermitente.
En la práctica, los jóvenes se informan principalmente a través de redes sociales (79 %), aunque también consumen televisión (58 %) y obtienen información a partir de conversaciones con familiares o amigos (53 %). Un 27 % habla de política en la escuela.
Convivencia “flexible”
A diferencia de lo que ocurre en buena parte del debate público adulto, las diferencias ideológicas no suelen afectar las relaciones personales entre jóvenes. “Aunque existan diferencias de opinión, estas no suelen convertirse en enfrentamientos ni en criterios para aceptar o excluir a otros”.
“Los vínculos juveniles muestran una convivencia más flexible frente a la diversidad política”, apunta el informe.
La mayoría afirma tener amigos con ideas políticas distintas y una proporción significativa señala que podría estar en pareja con alguien que piense diferente.
La mayoría de los jóvenes se informa de política a través de las redes sociales. Foto: Archivo
En la misma línea, una amplia mayoría rechaza la idea de que se pueda juzgar a una persona como “buena o mala” por sus opiniones políticas. “Esto configura un capital democrático relevante: generaciones que, aunque no se apasionan por la política, tampoco la trasladan a un plano de ruptura en los vínculos”, apunta el informe.
De esto se habla (poco)
La política no es tema frecuente de conversación, “menos entre pares”. Sin embargo, a mayor nivel educativo de los padres, mayor es la conversación familiar sobre política: Terciario /Universitarios (38%) y postgrado (39%). Lo mismo respecto de la cantidad de libros disponibles en una casa (48 % donde hay 50 o más libros).
Conversar no siempre significa coincidir: “Aunque la mayoría de los jóvenes comparte las mismas ideas políticas que sus progenitores, en algunos segmentos específicos la simbiosis aumenta. Por ejemplo, entre quienes tienen 16 años (40%), quienes asisten a escuelas privadas (41%) y quienes tienen padres que alcanzaron un posgrado (48%) la coincidencia se da casi siempre”.
La disidencia, por su parte, no aparece como motivo de ruptura de amistades o parejas. El 64 % afirma tener amigos con opiniones políticas opuestas y el 61 % admite que puede estar en una relación con alguien que piensa diferente.
Respaldo
Cuando se consulta específicamente por el sistema político, el estudio encuentra un respaldo amplio a la democracia.
En una escala de 1 a 10, la importancia de vivir en un país democrático alcanza un promedio de 8,25, mientras que la evaluación sobre cuán democrática es la Argentina se ubica en 6,83, lo que revela una distancia entre el ideal y la experiencia concreta del sistema.
La mayoría de los jóvenes sostiene que la democracia es preferible a cualquier otra forma de gobierno, aunque esa preferencia no es completamente homogénea: “A mayor educación de los padres y mayor acceso a libros, mayor preferencia por la democracia y menor tolerancia a alternativas autoritarias. El entorno cultural fortalece la adhesión democrática”.
En los sectores bajos, “más que un aumento del apoyo a formas no democráticas bajos lo que crece es el desinterés frente al tipo de régimen preferido. No es un corrimiento hacia el autoritarismo, es otro fenómeno: hay distancia e indiferencia”.
A votar
En materia de participación electoral, el estudio muestra señales de compromiso cívico. Una gran mayoría afirma que piensa votar cuando tenga la oportunidad, y el nivel de participación efectiva crece a medida que aumenta la edad.
Además, una amplia proporción considera que el voto debería seguir siendo obligatorio (63 %), lo que refuerza la legitimidad del sistema electoral entre los jóvenes.
No obstante, aparece también un matiz importante: muchos creen que votar es importante (un 75 % acompañó a sus padres o familiares a sufragar) pero no suficiente para cambiar la realidad del país, lo que expresa cierta desconfianza en la capacidad transformadora del sistema político.
Participación
Más allá de la valoración normativa de la democracia, la participación concreta es reducida.
La gran mayoría de los jóvenes declara no haber realizado en el último año acciones como seguir candidatos en redes, compartir contenidos políticos, participar en marchas o firmar reclamos sociales.
La mayoría de los jóvenes consultados dijo no haber participado en marchas, aunque un porcentaje estuvo presente en reclamos por el financiamiento educativo. Foto: Archivo.
Esto refuerza una de las principales conclusiones del estudio: la relación con la política existe, pero se da con baja intensidad y de manera selectiva.
En conjunto, los datos delinean una generación que no rechaza la política ni la democracia, pero tampoco se identifica con formas tradicionales de militancia o participación.
Los jóvenes confían más en su trayectoria personal que en el rumbo del país, mantienen vínculos sociales poco atravesados por disputas ideológicas y muestran una adhesión democrática más pragmática que apasionada.
Para los autores del estudio, ese perfil describe una ciudadanía todavía en construcción, marcada por valores democráticos firmes, pero con una relación distante y cautelosa con la política institucional.
En definitiva, “los jóvenes no rechazan el sistema, pero tampoco lo incorporan como un espacio de participación intenso y permanente”.