La encontraron viva dentro de una bolsa, tirada en un canasto de basura en la ciudad de Rafaela. Llegó a la veterinaria con 42 grados de temperatura y un miedo tan profundo que todavía no se anima a mirar a nadie a los ojos. Una cadena de solidaridad logró cambiar su destino, pero María aún enfrenta su desafío más difícil: volver a confiar en las personas.