Alerta en Buenos Aires por la “mosca negra” que muerde: cómo prevenir sus ataques
Autoridades y especialistas advierten sobre la proliferación del barigüí —un insecto hematófago también llamado “mosca negra”— en zonas ribereñas del área metropolitana bonaerense y la Ciudad de Buenos Aires. Su mordedura puede causar dolor, inflamación y malestar, y las condiciones climáticas actuales favorecen su presencia.
En los últimos días, se detectó un aumento inusual de barigüíes —insectos voladores de pequeño tamaño conocidos popularmente como “mosca negra”— en distintos puntos de la Ciudad de Buenos Aires y la provincia, particularmente en áreas cercanas a ríos, arroyos y cursos de agua con corriente.
Su presencia ha generado alertas entre vecinos y autoridades por las molestias que ocasionan sus mordeduras y la dificultad para controlarlos.
El barigüí forma parte del orden de los dípteros, junto con otros insectos como los mosquitos comunes, aunque se diferencia de ellos por su modo de alimentación.
En lugar de picar la piel para succionar sangre, muerde cortando la superficie cutánea y alimentándose de la sangre que brota, lo que puede provocar dolor, inflamación y picazón que persisten varios días.
En lugar de picar la piel para succionar sangre, muerde cortando la superficie cutánea
Este insecto suele estar presente en el ambiente todo el año, pero las condiciones climáticas actuales —como el incremento de las temperaturas y la humedad tras períodos de lluvia— favorecen su proliferación en mayores cantidades, sobre todo en la cuenca del río Salado y zonas ribereñas del área metropolitana bonaerense.
Especialistas e insectólogos coinciden en que los barigüíes no son habituales en algunas zonas urbanas —como la zona sur del Gran Buenos Aires— salvo cuando se ubican cerca de cursos de agua, por lo que su aparición en áreas más pobladas puede resultar más notoria para quienes no están acostumbrados a su presencia.
Impacto en la salud
A diferencia de otros insectos hematófagos, el barigüí no se reproduce en agua estancada, sino en cursos de agua corrientes con buen caudal y oxigenación, lo que complica las estrategias de control tradicionales como las fumigaciones comunes para mosquitos. Las larvas se desarrollan en ríos y arroyos, lejos del alcance de intervenciones simples en zonas urbanas.
Aunque no se le atribuye la transmisión de enfermedades graves, la mordedura del barigüí puede causar reacciones cutáneas intensas, enrojecimiento e inflamación, y en algunas personas incluso reacciones alérgicas. Al dejar una herida abierta, existe riesgo de infección si no se realiza un correcto cuidado de la piel luego de la picadura.
Puede provocar dolor, inflamación y picazón que persisten varios días.
Los especialistas recomiendan como principales medidas de prevención individual:
Ropa y protección física:
Usar prendas de manga larga, pantalones y colores claros que cubran la mayor parte de la piel expuesta.
Evitar actividades al aire libre en zonas ribereñas, especialmente al amanecer y al atardecer, cuando los barigüíes pueden estar más activos.
Repelentes:
Aunque los repelentes comunes pueden tener eficacia limitada frente al barigüí en comparación con los mosquitos tradicionales, los formulados con altas concentraciones de DEET pueden ofrecer cierta protección.
Cuidados tras la mordedura:
Lavar la zona afectada con agua y jabón lo antes posible.
Aplicar compresas frías para reducir la inflamación.
Evitar rascarse para minimizar el riesgo de infección.
Consultar a un profesional de la salud si se observa fiebre, signos de infección o una reacción alérgica importante.
El combate del barigüí presenta desafíos específicos debido a su biología y ciclo de vida. A diferencia del mosquito común, sus larvas se desarrollan en aguas corrientes con caudal significativo, lo que dificulta la implementación de estrategias tradicionales de control, como el uso de larvicidas en agua estancada.
En algunas regiones afectadas por la presencia de barigüíes, gobiernos locales y provinciales han empezado a implementar acciones de monitoreo y mitigación para abordar la problemática de manera más integral.
En la provincia de Buenos Aires, por ejemplo, se trabaja en coordinación con institutos científicos y municipios para estudiar las condiciones ambientales que favorecen la proliferación del insecto y desarrollar planes de acción que incluyan medidas larvicidas específicas aplicadas en ambientes acuáticos adecuados, sin afectar otras especies del ecosistema.
Estas medidas buscan, además de reducir la población de barigüíes en zonas críticas, generar información científica útil para orientar decisiones futuras y brindar herramientas a los equipos de trabajo municipales y técnicos.