Oscar Kovalevski, el martillero condenado por una estafa con depósitos judiciales en el Banco Municipal, eligió a El Litoral para hablar por primera vez, públicamente, sobre la causa. Está con detención domiciliaria desde hace un año y sigue confiando de la Justicia. “Quiero defender mi inocencia, fui el perejil al que todos acusaron para salvarse, si es tan fácil eludir a la Justicia es porque las instituciones están seriamente corrompidas.
“Quiero defender mi inocencia, fui el perejil al que todos acusaron para salvarse", dice Oscar Kovalevski
La voz que se escucha, del otro lado del teléfono, no parece la de un hombre de 72 años, por su vivacidad, seguridad y, sobre todo, por la imperiosa pulsión por contar, por hablar de una situación que “me pone tan mal que me hace subir la presión por las nubes”
- ¿Por qué decide romper el silencio recién ahora?
- Si no hablé públicamente antes, en estos diez años, fue porque creo en la Justicia, pero ahora ya necesito explicar el calvario en el que estoy viviendo.
Fui el elegido, necesitaban un culpable, alguien que sea castigado, y fui el último eslabón (o el chivo expiatorio) al que todos acusaron para darle una rápida respuesta a la sociedad y lavar las culpas de las fallas del sistema. Sospechosamente fui preso por ser el que tenía la menor experiencia, el menor poder y la menor formación jurídica de todos. El fiscal Covani necesitaba que un relato cierre y yo me negué a negociar un proceso abreviado, por el simple hecho de que no tengo nada que ver con estafa alguna. Trabajé toda mi vida y no tuve ni una sola mancha en mi profesión ni en mi vida personal.
Oscar Kovalevski es el martillero que fue condenado por una estafa cometida con fondos judiciales depositados en el Banco Municipal de Rosario. Estuvo preso tres meses en la comisaría 8ª en el 2013 y otros tres en la cárcel de Piñero. Hace casi un año que está en prisión preventiva con arresto domiciliario. Lo condenaron a una pena de 8 años, pero sigue insistiendo que se hará Justicia si el tribunal que confirmó su sentencia en segunda instancia admite un recurso de inconstitucionalidad que ya hicieron sus abogados defensores, o más adelante si la Corte Suprema de Justicia de la provincia acepta revisar el caso.
¿Cómo es su situación judicial en este momento?
El 11 de octubre me ratificaron exactamente la misma condena dictada en primera instancia. Fíjese lo paradójico, soy el único de los acusados, en este caso, que dio la cara y que confió en el sistema judicial.
Los otros responsables, que cancelaron la investigación aceptando un proceso abreviado, nunca tuvieron ni un día de prisión efectiva y actualmente gozan de su libertad, sin culpa y cargo, y continúan trabajando después de haber aceptado rápidamente que cometieron los delitos por los que fueron acusados, y condenados en juicios abreviados, quizás ellos tenían algo que esconder. Nunca lo vamos a saber.
Otro de los acusados, el ex juez Norberto Scavone finalmente enfrentó también un juicio oral en el que resultó condenado a una pena de 4 años y medio tras confesar al concluir el juicio. También cumple prisión domiciliaria.
¿Se arrepiente de no haber negociado su culpabilidad?
Mira, en Rosario, mi apellido lo comparto con mis hijos y mi hermano, limpiar mi nombre es una obligación para con mi familia. Cómo martillero, con más de treinta años en la actividad, ir a juicio y no aceptar sin más mi culpabilidad en el caso, aunque me conviniera, nunca fue una posibilidad, ni una estrategia. Tuve abogados, dignos y profesionales, que siquiera lo pusieron en mi consideración, sabían que mi responsabilidad era nula y no podía creer la acusación que se me hacía”.
Imagino que no negociar tuvo un costo
Totalmente, pero no me doblegó ni lo que sufrí en el calabozo de una comisaría ni las angustias que junto a mi familia padecimos el tiempo que estuve en la cárcel de Piñero compartiendo celda con homicidas. Quiero explicar mi verdad. Es imposible que un martillero sea el jefe de una asociación ilícita de la que participan abogados, secretarios y jueces. No tengo categoría, soy un auxiliar de la Justicia para hacer subastas y tasaciones. Ni apellido influyente tengo.
¿Por qué cree que se le apuntó a usted?
No lo sé, quizás para no apuntar para arriba. De haber jefes y organizadores es más lógico mirar para el lado del empleado del Banco Municipal que facilitaba los números de las cuentas que estaban inactivas, o a los abogados que hacían las falsas demandas, las ingresaban en la Mesa de Entradas Única, confeccionaban los oficios, después se dirigían al Banco y los cobraban.
En la investigación se detectaron 57 expedientes con esa maniobra, que consistía en inventar juicios falsos con los que algunos abogados, en connivencia con personal judicial, hacían oficios para cobrar cuentas inmovilizadas por años en el Banco Municipal. Sólo uno solo de esos expedientes fue cobrado por mí. El resto por los abogados, Luciano Bautista García Montaño y Jorge Heter, quienes, sospechosamente, fueron los que rápidamente me acusaron en una aceitada sintonía. Desde el primer momento fui señalado, fui el elegido para ser el organizador, el máximo responsable. Esa es la historia que abonó la fiscalía, quizás, para no tocar otros intereses
¿Cuál fue su participación en este esquema?
Los oficios son similares a un cheque, los puede cobrar cualquiera, es una orden de pago donde lo importante es la firma del juez, no interesa a nombre de quien están. Sólo tienen que coincidir los datos del que va a cobrar. A mí me dieron algunos de esos oficios, por magras sumas, para pagarme un convenio de deuda que tenían esos abogados por tasaciones sobre unos lotes en Funes. Pagaron la cuenta gratis y fui el tonto que cayó en su trampa. Me usaron para ir a cobrar oficios que hacían entre ellos. Más que organizador o integrante soy una víctima.
¿Quién sería el victimario?
Para que tengas una idea, yo no estoy denunciado por nadie que se haya visto afectado por las supuestas maniobras. Es un caso de estafa raro porque no hubo perjuicios para nadie. Ni para el Banco Municipal ni para la Caja de Seguridad Social de Abogados, y tampoco ningún un particular se vio afectado. A mí me querellaron el resto de los imputados en el caso que si se declararon culpables. Todos dijeron que era el organizador, pero se sabe que los coimputados no pueden ser tomados en cuenta porque lo único que quieren es mejorar su situación procesal.
Fui víctima de un sistema en el que los responsables, que no enfrentan el proceso penal, acomodan su testimonio para perjudicar a cualquiera. En este caso a mí.
¿Cómo termina usted como “Jefe de una Asociación Ilícita”?
Durante el juicio, mi defensa puso el acento en el punto de partida de esta operatoria que era la persona que proveía los informes de las cuentas del Banco a los abogados para que hicieran los juicios falsos, esto no fue aceptado en la audiencia y se ensañaron conmigo, quizás por no aceptar la culpa en un abreviado. Cinco veces ofrecimos que se tomara declaración indagatoria, a quienes negociaron la pena, y se nos negó, no sólo esto, tampoco dieron lugar a los testigos que ofrecimos.
¿Considera que la investigación acusatoria fue insuficiente?
En un allanamiento en mi oficina, me incautaron una carpeta con un listado de juicios en los que intervenía como martillero, lo raro es que no se tomaron con el mismo rigor los expedientes de cuentas inmovilizadas ni los falsos expedientes elaborados por los dos abogados.
La pericia informática sobre mi computadora estuvo viciada, porque se abrieron sin la presencia de las dos partes, y eso lo reconocieron el perito de la policía y un profesional de la Facultad de Ingeniería.
Es notable que, en mi condición de Martillero, no tenía ni el poder ni la injerencia para ser el organizador de estas maniobras. Dependo de un juez, hago lo que me ordena el Tribunal, no tengo facultades en el expediente. Sin embargo, en mi persona recayó la mayor condena, a pesar de que fui el único que confió en el sistema judicial y sigo confiando justa resolución.
Hay algo muy elemental para pensar: si yo no estaba, se podían haber hecho igual las maniobras, no pasaría lo mismo sin alguno de los otros involucrados, que eran indispensables.
¿Cree usted que se trata de un error?
En este tiempo quise creer que era un error, pero hoy ya no sé qué pensar. El empleado del Banco Municipal Tomás Martínez Echenique, el infiel informante respecto de cuáles eran las cuentas judiciales inmovilizadas, después de haberse descubierto esta maniobra, siguió trabajando once años más en el mismo Banco, recibió después una cuantiosa indemnización, y hoy se encuentra cumpliendo una condena condicional en libertad que se parece a muchas otras cosas menos a un castigo, incluso el propio banco, al que engañó, pareciera haberlo protegido.
¿Qué piensa hacer luego de esta resolución judicial?
Llegar hasta las últimas instancias jurisdiccionales, no sólo para limpiar mi apellido sino también porque la impunidad en este caso y la culpabilidad de inocentes, es ejemplificador para los que hacemos las cosas bien, pero también un aliciente para quienes eligen el camino de la corrupción.
El daño a mi persona es inconmensurable. Yo trabajé para los principales bancos, empresas y profesionales, y en todos los juzgados civiles y comerciales jamás tuve una mancha, ni un apercibimiento, ni del Tribunal de Disciplina del Colegio de Martilleros. Fui un martillero muy respetado, pero después de esto la gente me empezó a verme de otra manera.
El impacto emocional en mi familia fue y es enorme: falleció mi madre, a la que asistía diariamente; mi esposa, mis hijos y nietos también sufren esta injusta situación: hasta voy al médico con un policía al lado. Necesito trabajar, pero estoy cuestionado a pesar de no tener inhabilitación alguna. Ni un asesino tiene tanta condena. Por eso pido la excarcelación, tengo presentadas más fianzas que Vicentin, y está claro que no pienso fugarme y que seguiré dando la cara.
No será en vano haber mantenido mi inocencia. Me tocó ser testigo de los daños colaterales de un sistema paralelo institucional. Entiendo que, finalmente, será Justicia.
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