El escalofriante asesinato a balazos de una mujer de 26 años adentro de su casa, en un incidente en el que también resultó baleada su hija de tres años, se configura -según los primeros datos de los investigadores- como un femicidio al que se llega tras una serie de episodios vinculados a violencia de género. Como tantos otros casos, en este se reitera la constante de que el agresor realizó avisos amenazantes que presagiaban este final y que no fueron atendidos. A lo que se suma otro rasgo con fuerte impronta de época: el ataque fue organizado desde la cárcel.
Este domingo a las 16.40 Micaela Beatriz Pereyra ingresó al Hospital Sáenz Peña con cinco balazos en el tórax. Había sido acribillada de manera frontal, a quemarropa en su casa de Flammarion al 4900, en la zona sur. Quince minutos después a raíz de la gravedad de las heridas perdió la vida.
Casi a la misma hora Melody, la hija de Micaela, de tres años, fue llevada al Hospital de Niños Víctor J. Vilela por su tía. Tenía también una herida de arma de fuego producto del mismo ataque que le costó la vida a su madre.
Las primeras referencias de las agencias investigativas dejaron saber por el domicilio que existían constancias de que Micaela Ledesma recibía amenazas reiteradas, hacía tiempo, de parte de su pareja, Alejandro N., quien está detenido por homicidio en la cárcel de Piñero. Según las denuncias este hombre le decía que iba a mandar a alguien a matarla y que también lo haría con sus familiares. Y enviaba a parientes suyos a reclamar la tenencia de la hija, precisamente la nena que resultó baleada.
Micaela Ledesma se encontraba en prisión domiciliaria al momento de ser atacada en virtud de la necesidad del cuidado de su hija menor. En las bases de datos del sistema de información de seguridad provincial consta que hace quince meses, el 22 de septiembre de 2019, en la casa de la madre de Micaela se presentaron dos hombres, ingresaron por la fuerza al domicilio y le dieron un teléfono para hablar con un tercero.
Según esa denuncia, el que hablaba era Alejandro N. desde la cárcel. Y desde allí, vía celular, le señaló a la mujer que la mataría a ella, a su hija o a la beba porque se había enterado que Micaela “se estaba viendo con otro hombre”.
Una nueva denuncia de hace diez meses, fechada el 26 de febrero pasado, indicó que en el mismo domicilio donde vivía Micaela Ledesma se recibieron tres mensajes amenazantes de personas que acudieron como familiares del padre de la nena para reclamar de nuevo la custodia de la pequeña, que su papá no podía tener precisamente por estar privado de la libertad. Ese mismo día la madre de Micaela recibió tres mensajes de texto intimidatorios.
Tenés que leerMataron a una mujer de 26 años e hirieron a su hija en el sur de RosarioAlejandro N., padre de la nena, está detenido por el asesinato de Cristian Machuca, ocurrido el 22 de enero de 2015, en Necochea al 3900. También por un caso de abuso de armas, investigado por la Unidad Fiscal de Homicidios del Ministerio Público de la Acusación (MPA), y por haber realizado disparos contra un domicilio
En rigor este caso expone una realidad reiterada y desconcertante: la incapacidad de la prisión para desalentar o frenar hechos graves de violencia. “Hoy por hoy la cárcel no solo está siendo ineficaz para moderar los delitos sino que además altera el mundo del afuera por el poder territorial no desmantelado de los que son confinados”, indicó una fuente del Ministerio Público de la Acusación (MPA) a propósito de este caso. La hipótesis que rige este caso es que un hombre mandó a atacar a su mujer para forzar a que su familia se quede con la hija de ambos, pero sus enviados terminaron matando a la primera e hiriendo de un tiro a la nena.