La lucha por recuperar la historia de los pueblos no siempre resulta sencilla. En Latinoamérica los libros más difundidos cuentan la versión oficial. Mientras tanto hay en cada rincón quienes anónimamente buscan mantener viva la otra voz que casi siempre se ve obligada a callar.
En los distintos destinos turísticos que América Latina ofrece a sus visitantes quienes tienen contacto con los recién llegados, en general, se limitan a repetir esas letras de manual. Muchas veces sorprende ver cómo alguien que comparte esa identidad, esa sangre, siglos atrás mancillada, cuenta la vida de sus propios antepasados como si no los conociera.
Pero en sintonía con lo que sucede en otros países como Bolivia, Venezuela, Paraguay, Brasil e incluso Argentina, en el Perú profundo late, sin pulso acelerado pero constante, la identidad que dio origen a la vida cultural y religiosa de los pueblos que siglos atrás vivían en lo que hoy conocemos como el Imperio Inca.
Hoy ese latir resurge tímidamente y quien tenga atenta la mirada, y pueda trascender la visión del turista, logrará descubrir que la lucha por mantener viva la historia inca sigue en pie.
La Fortaleza Inmaculada
La ciudadela de Machupicchu eleva orgullosa una blanca bandera desde el mismo momento en que los últimos habitantes del lugar abandonaron la zona.
Es, según algunos, la gema que los españoles no lograron descubrir en sus períodos de conquista y expansión, aunque hay versiones que indican que el español habría llegado al lugar pero no reconoció en su momento la relevancia de la ciudadela.
El Inca Revolucionario
Cuenta la historia que llega a nuestros días, que el Inca conocido como Pachacutec ó Pachacuti ideó y puso de pie esa fabulosa joya de la arquitectura. Era el líder mayor del pueblo incaico y extendió un imperio conformado por 80 naciones con 4 mil kilómetros de largo.
Enseñó a los incas a cultivar y construir edificios de piedra. Conquistó algunos pueblos con facilidad aunque otros ofrecieron resistencia como fue el caso de quienes poblaban los valles Calchaquíes en el noroeste argentino.
En 1471 entregó su trono y falleció años después. Dejó como legado un pueblo organizado bajo tres consignas esenciales: no robar, no mentir, no holgazanear.
Fue un revolucionario en cuanto al modo en que organizó su imperio y logró resolver problemas históricos de su pueblo, como las hambrunas.
Organizó un sistema de almacenes Kollkas- en los que reservaba alimentos para las épocas de baja producción agrícola, y encontró el modo para desarrollar la explotación ganadera en terrazas que se disponían en las laderas de las montañas.
Los caminos del Inca
El gigante que durmió bajo una espesa selva durante 400 años era el lugar de residencia permanente del Inca. La capital del imperio distaba a varios kilómetros de allí y se conoce como Cusco.
Una enorme cantidad de senderos conformaban el Camino Real. Se trataba de una red de comunicación que permitía al Inca estar al tanto de lo que sucedía en toda la extensión del imperio.
Esos pasajes se han descubierto conforme pasan los años y muchos de ellos se pierden en la inmensidad de la selva o en las alturas de la Cordillera de los Andes. Recorría una franja que unía Ecuador, Perú, Bolivia, Chile y Argentina.
Una innumerable cantidad de mitos persisten en el imaginario peruano y aún se desconoce la verdad completa. Siguen sin respuesta algunas preguntas sobre el modo de vida y la relación que los incas tenían con el ambiente que los rodeaba, y su vínculo con el estudio de los astros. Todo indica que la mayor parte de esta historia se perdió con la extinción total de los incas y sus descendientes a manos de los españoles.
Tras los pasos reales
Hoy es posible recorrer muchos de esos caminos. El turismo tiene acceso a varias alternativas que se ofertan para tomar contacto directo con la historia viva del Perú.
Museos y centros de interpretación cultural y religiosa conservan en la ciudad de Cusco restos de la cultura incaica que permiten ver el modo en que trabajaban el oro, la plata, el barro o la piedra.
Resulta asombroso poder acceder a piezas completas y de importantes proporciones a través de las cuales es posible determinar el modo en que las producían. Estos elementos sirven para recuperar una gran parte de la identidad inca que por años se sostuvo detrás del silencio impuesto por los colonizadores y hoy resurge victoriosa, con la certeza de que en el futuro será posible recuperar una parte de la historia que el Perú se vio obligado a guardar en su rincón más profundo.
Textos: Josefina Gómez
Fotos: Julio Castro Montecinos y Facundo Bastida
Perú
El gigante que durmió por siglos
Uno de los pasos más caminados del mundo. Perú se abre con su historia y sus misterios.

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