El peso de las palabras

Sería deseable que el ministro Aníbal Fernández modere su lenguaje y mida las consecuencias de sus declaraciones, sobre todo cuando lo que está en juego es la estabilidad institucional. Puede que Macri haya cometido errores, efectivamente los cometió, pero ningún ministro responsable compararía estos actos con los que produjeron la renuncia de Nixon en los Estados Unidos. No sólo porque este peligroso juego de palabras podría considerarse como un acto destituyente por parte del gobierno nacional contra un mandatario provincial, sino porque -y esto es lo más grave- sentaría un precedente que dejaría abierta, hacia el futuro, una ola imprevisible de maniobras parecidas.

Los grandes cuentos de Hudson

William Henry Hudson (partido de Quilmes, Buenos Aires, Argentina, 1841 - Worthing, West Sussex, Inglaterra, 1922) escribió siempre en inglés. Gran parte de su obra, sin embargo, está situada en nuestras tierras y tiene como protagonistas a los habitantes de la región, a los que supo describir con especial penetración. Jorge Luis Borges y Ezequiel Martínez Estrada, que lo admiraron profundamente, notaron su particular forma de acercarse a paisajes y temas criollos, su estilo fluido y la importancia que la mujer adquiere por primera vez en el ámbito de la literatura gauchesca. También muchos autores ingleses lo admiraron: Galsworthy lo declaró narrador insuperable y Conrad lo consideraba un escritor “producto de la naturaleza”.

Al margen de la crónica

Acostumbrados a ser parias

Ver las expresiones de sus rostros genera una mezcla agridulce de sentimientos. Por un lado, estalla una bronca lastimera, impactada por una realidad que desde este distante lugar social no se entiende, pero que para ellos es lo cotidiano. Por eso,-...

Domingo French, entre la leyenda y la historia

De pibe siempre creí que French y Berutti eran una sola persona. La niñez es ignorante. En algún momento descubrí la verdad y si la memoria no me falla la revista el Billiken fue la responsable de esa modesta revelación. French y Berutti eran dos personas, en realidad dos muchachones alegres y despreocupados que repartían cintas celestes y blancas en la plaza acompañando el gesto con una sonrisa traviesa y juguetona.