Por Fernando Urriolabeitia

El histórico triunfo de Colón por 3 a 2 en La Bombonera el 7 de mayo de 1971 y el repaso de Fernando Urriolabeitia, hijo del inolvidable Juan Eulogio Urriolabeitia, quien además de dirigir al “Sabalero” fue el DT que hizo debutar, como arquero, a Julio Falcioni, actual entrenador, en Vélez.

Por Fernando Urriolabeitia
Era un viernes, nocturno y empapado por la lluvia previa e intermitente que cayó sobre el barrio porteño de "La Boca", siempre asomado al Riachuelo, con seis papelitos caídos del almanaque de mayo de 1971, cuando arribó despacio el transporte que llevaba a los futbolistas de Colón de Santa Fe, que elegantemente vestidos y bajo la conducción del "Vasco" Urriolabeitia, ingresaron a "La Bombonera".
Todos sabían –hinchas y protagonistas, en su fuero íntimo- que Colón no había podido ganarle a Boca Juniors desde que ascendió en 1965. No se conocía el sabor del triunfo en la cancha xeneize. Era la decimoquinta fecha del Metropolitano, partido adelantado para la televisión. Los "sabaleros" venían de golear a Platense por 5 a 1 y Urriolabeitia tenía ya el equipo que saldría a la cancha. El arco estaría bajo la protección de Bustos; y cubriendo a éste, en la línea defensiva, Araoz, Tardivo, Zuccarelli y Mario Rodríguez; en el medio, confió en Ripke, Trullet y Bustos; y, como siempre, ofensivo, tres adelante, Ocaño, Di Meola y Zibecchi.
Tenían que enfrentar al conjunto de José María Silvero, quien compartió con Urriolabeitia las divisiones inferiores de Estudiantes de La Plata como jugador hasta llegar a la primera, ambos fueron protagonistas de la conquista del ascenso en el año 1954, disputando durante todo ese torneo la cima justamente con Colón. El correntino Silvero encaró el encuentro con: Sánchez; Suñé, Meléndez, Rogel y Marzolini; Medina, Bongiovanni y Novello; Coch, Curioni y Pianetti.
Una vez que el juez Teodoro Nitti dio inicio al partido, la ilusión de los sabaleros de un triunfo se fue consolidando, minuto a minuto, a lo largo del partido. Colón jugó a ser protagonista del encuentro manteniendo siempre una mentalidad ofensiva, característica propia y distintiva de los equipos de Urriolabeitia. El mediocampo tuvo dinámica, fue generoso e inteligente para superar a sus contrarios. La crónica de "El Litoral" destacó a Trullet como figura y, en cambio, la revista "El Gráfico" eligió a Ripke. Atrás, los centrales fueron una garantía y sus laterales mostraron la solvencia necesaria. Adelante supieron jugar en bloque, bien orientados y sin ser jamás individualistas en sus acciones.
A los 19 minutos del primer tiempo, Ocaño abrió el marcador; luego, Suñé lo igualó de penal los 36 y, después, Curioni dio la ventaja boquense a los 39; pero, ya cerca del final de la primera etapa, Colón empató con un gol en contra a los 42 de Marzolini, al intentar mandar al córner una pelota que iba a tomar "La Chiva" Di Meola.
A poco de iniciarse el segundo tiempo, transcurridos 7 minutos, dos ex juveniles de Estudiantes, Zibecchi y Zuccarelli (compañeros y campeones en los años 1967 y 1968 con la Tercera dirigida por el mismo Urriolabeitia), sentenciaron el partido con el tercero y último gol. Como en aquellos tiempos, el "Piojo" Zibecchi tiró el córner desde la derecha para que Zuccarelli, con un cabezazo hacia abajo, le dé destino de red al balón y se desate la alegría del conjunto santafesino.
Así fue como Colón, el 7 de mayo de 1971, supo cambiar los colores de la paleta de Benito Quinquela Martín para que toda "La Boca" quede pintada de "sangre y luto" por esa noche.

Al día siguiente, el diario "El Litoral" tituló: "Notable hazaña de Colón. Excepcional labor de los sabaleros que apabullaron a Boca Jrs. en su propia cancha". A su vez, no dudó en considerarlo como el triunfo el más importante conseguido durante su participación en el círculo máximo de la AFA. Destacó que los sabaleros no dejaron la más mínima duda de su superioridad, una actuación atrevida, en donde tuvieron la iniciativa del partido y fueron quienes pusieron la cuota de calidad que tuvo el espectáculo.
Hubo una frase que se oyó en el vestuario visitante, era un eco interminable: "Lo que será Santa Fe!... lo que será Santa Fe!...", con este triunfo. En un rincón, observa el cronista de la revista "El Gráfico", que Juan Eulogio Urriolabeitia conserva la calma pero -aclara el periodista- se nota que no puede ocultar su gran satisfacción. Y, efectivamente, así sucedía, pues el Vasco confesó a un dirigente rojinegro: "Yo soy muy frío para estas cosas y no exteriorizo mi alegría, pero le aseguro que por adentro estoy reventando de felicidad".