Enrique Cruz (h)
(Enviado Especial a Buenos Aires)
El plantel de Unión ya estaba en Buenos Aires cuando se recibió la infausta noticia del fallecimiento del doctor Manuel Calvo. Y lo sintieron todos. Algunos, porque era uno de los médicos del plantel (los jugadores). Otros, porque se les fue un verdadero amigo (Pumpido, Alí, Sergio Magnín, el doctor Battaglia) y los dirigentes, porque sabían que en Calvo tenían un médico de confianza, ultratatengue, siempre dispuesto a darle una mano a la institución. Tanto se sintió que alguien se animó a confesar, posiblemente violando intimidades, que hubo un par de charlas de los responsables del cuerpo técnico en el que se mencionó la querida figura de Calvo como un aliciente y un motivo de búsqueda de motivaciones extras para el partido.
Se preparó el listón negro con el que salieron todos los jugadores a la cancha, hubo un minuto de silencio y un momento muy especial: el del gol de Unión. Más allá de la confusión que se originó por la entrada casi al mismo tiempo de Guerra y Correa en la jugada del gol (centro de Matías Donnet y cabezazo, finalmente, del centrodelantero), la desesperación se apropió de todos en el banco rojiblanco. Alí buscó enseguida una bolsa que le alcanzaron, sacó una remera y se la tiró a Guerra. El autor del gol se encontró con la cámara de televisión que previamente había “fichado” y desplegó la pequeña camiseta que decía: “Gracias Manuel”. Todo un agradecimiento y reconocimiento.
El doctor Calvo dejó su selló en casi 30 años de actuación en Unión. Víctima de una penosa enfermedad que no le restó fuerzas para seguir trabajando hasta sus últimos días de vida, el médico rojiblanco dejó su imagen de tipo sencillo, querible y confiable. Como muchos dijeron, una pérdida irreparable. Una persona que dejó una estela tan fuerte, que es difícil de reemplazar.
El final del partido duplicó la tristeza. Pero en el rostro de aquellos que conocieron de cerca a Manuel, se podía encontrar el verdadero sentido de la dolorosa pérdida. Los partidos de fútbol se pierden un día pero se pueden ganar al siguiente. En el caso de Calvo, Unión se quedó sin ese médico de hablar rápido, pero que transmitía una gran serenidad y confianza. Por eso, todos lo querían.




