Leopoldo Luque, cinco años de la muerte
de un hombre que se convirtió en leyenda
Un triunfador de la vida, como jugador y como ser humano excepcional. Leopoldo nunca perdió la humildad, siguió bien cerca de aquellos niños que lo cobijaron en el inolvidable Guadalupe Juniors y hoy se lo sigue recordando como lo que fue: un grande de verdad, en la cancha y en la vida.
Leopoldo Luque saltando ante la marca de un holandés, la tarde del 25 de junio de 1978, cuando Argentina logró su primer título mundial.
El 15 de febrero de 2021, mientras el mundo entero se debatía todavía con los resabios de la pandemia, la noticia sacudió el ambiente futbolístico nacional. Ese día murió Leopoldo Jacinto Luque, una leyenda, un jugador que desde aquel Guadalupe Juniors, cuando para todos era el “Negro” Luque, terminó convirtiéndose en el mejor centrodelantero del fútbol argentino, autor de cuatro goles en ese Mundial de 1978 que le depararía la gloria del título de campeón con la extrema tristeza de la pérdida de su hermano, el mismo día de la victoria ante Francia, en la que marcó un gol y le lesionaron un ojo y el hombro.
Hay anécdotas, como la de ese día, que inevitablemente se mencionan cuando se habla del gran Leopoldo. Una de ellas ocurrió en 1975, en un amistoso contra Patronato antes del inicio del torneo. Victorio Nicolás Cocco no llegaba a tiempo para jugar ese partido y el Toto Lorenzo lo puso de “10”. El venía de jugar en Unión en el ascenso del 74 (fue el que le dio el pase a Bravi en el gol ante Estudiantes de Buenos Aires en Campana), pero habían traido dos “9”: Eduardo Marasco y Oscar Víctor Trossero. Esa noche, con el estadio a reventar, Leopoldo metió dos goles. Cuando terminó el partido, el Toto se metió en el campo de juego y fue a buscarlo. “Flaquito, si usted me hace caso, termina jugando en la selección”, le dijo. Y no se equivocó: meses más tarde, Unión producía la venta más importante del fútbol argentino (superior a la de Kempes de Instituto a Rosario Central), cuando River se fijó en él.
Leopoldo, como Nery Pumpido, llegaron a la selección siendo jugadores de Unión. El Flaco Menotti los buscó a los dos, en distintos tiempos. A Leopoldo fue en el 75, cuando armó una selección con jugadores que estaban en los clubes de la provincia, para jugar el Sudamericano (hoy Copa América). A Nery fue en el 82, para que sea el tercer arquero en el Mundial de España.
Con la camiseta de Unión, en el 15 de Abril, en un partido ante Boca de 1981, cuando retornó a la institución.
El camino del “Pulpo” (uno de sus tantos apodos), no se privó de complicaciones. Gimnasia y Esgrima de Jujuy y Rosario Central fueron algunos clubes en los que hizo un “toco y me voy” por lo que le costaba hacer pie en Unión. Incluso, hubo un año de esa primera mitad de los 70, en los que decidió jugar para Atenas en la Liga. Se cansó de hacer goles, al punto tal que el inolvidable Juan Carlos Romano escribió un artículo que tituló de esta manera: “Atenas tiene los goles que le faltan a Unión”. Y fue por Leopoldo.
Luque, Pumpido y Perezlindo son apellidos ilustres e inolvidables en Unión. Los tres fueron campeones del mundo surgidos de las entrañas rojiblancas. Los tres fueron convocados por lo que hacían en Unión. Y los tres deben ser recordados de la mejor manera y sin olvidos. Siempre. Porque son los apellidos que podrán mencionarse y mostrarse a las futuras generaciones, para que ellos sepan que desde el mismo lugar en el que están, dentro del club, surgieron tres campeones del mundo.
Leopoldo tuvo una noche triste, aquella lluviosa de diciembre de 1987, cuando Ferro goleó a Unión en la avenida y la hinchada cantó en su contra y pidió su salida de la dirección técnica. Antes, había sido el responsable del debut y la consolidación en Primera de muchos pibes de esos tiempos: Passet, Altamirano, Humoller, Toresani, Catinot, Marcelo López y el Beto Acosta tendrán, por siempre, el mejor recuerdo de él.
El emotivo recuerdo de sus amigos de la infancia
“Hoy recordamos, los integrantes del Club Atlético Guadalupe Juniors, el quinto aniversario del fallecimiento de nuestro querido amigo Leopoldo "Negro" Jacinto Luque; los imborrables momentos vividos como pibes, jugando picados en el patio del estación de ferrocarril de Guadalupe o en el brete sobre pasaje Koch. El afecto que nos brindó, como si fuera un hermano, nadie lo olvidará. Pero la vida sigue y tenía otros planes para él, así es que nosotros, aquí, continuamos con los valores humanos que nos brindó. Querido "Negro "Luque, hasta el próximo partido”, fue el emotivo escrito de aquellos chicos (hoy adultos todos ellos) que compartieron con Leopoldo, al que nunca dejaron de llamarlo “Negro”, los tiempos de la infancia. Al igual que el club Mayoraz, un recinto impregnado de recuerdos para Leopoldo a través de su querido presidente, José Chaparro.
Cuando era el "Negro" Luque, con sus amigos de la infancia y juventud de Guadalupe Juniors. Como no podía ser de otra manera, con la pelota, su fiel amiga de la vida.
Leopoldo fue un gran defensor de aquella conquista del 78 y peleó a capa y espada contra aquellos que pretendieron mancillar la gran conquista, por haber sido durante el tiempo de la dictadura militar. Lo hizo por su convencimiento, por la defensa de un proceso (el de la selección) que marcó un antes y un después en el fútbol argentino, dejando allanado el camino para los logros que luego vendrían. Y también lo hizo en defensa de César Luis Menotti y de aquello que le tocó vivir. Pocos saben que él jugó ese partido ante Francia sin saber que su hermano había muerto en un accidente. Se lo dijeron luego del partido, viajó a Santa Fe y frente al féretro con el cuerpo de su hermano, su madre, desafiando el extremo dolor por la muerte de su hijo, le pidió que volviera a la selección: “Tu lugar está allá”, fue el pedido. Y Leo volvió para levantar la copa del mundo.