El paisaje de barrio Acería comenzó a cambiar nuevamente este martes. La Provincia inició la demolición de seis monoblocks ubicados en la manzana delimitada por Azcuénaga, Cafferata, Viñas y Roca, en el noroeste de la ciudad de Santa Fe. Con ese operativo, se completó la última etapa de una intervención urbana que había comenzado casi una década atrás y que tuvo como eje el reemplazo de las antiguas viviendas deterioradas por nuevas unidades habitacionales.
B° Acería: demuelen los últimos seis monoblocks y cierran una transformación que llevó una década
Es la última etapa de un proceso de transformación urbana que viene desarrollando el Gobierno Provincial en el norte de la Capital desde 2016. Los monoblocks presentaban un riesgo para las familias. Reubican a 101 familias.


En paralelo con la demolición, el gobierno provincial llevó adelante la reubicación de 101 familias que todavía residían en el sector. Para ellas, se construyeron y adjudicaron 72 nuevas viviendas y se otorgaron otros 29 créditos para la compra asistida de unidades habitacionales.
La intervención demandó una inversión provincial superior a los $8.800 millones y tuvo como objetivo no sólo resolver las deficiencias edilicias de los antiguos monoblocks, sino también modificar integralmente el entorno urbano del barrio.

El operativo de este martes fue presentado como el cierre de un proceso que se había iniciado en 2016, cuando un relevamiento realizado por la entonces Secretaría de Hábitat detectó distintos niveles de deterioro en las viviendas existentes. A partir de ese diagnóstico se determinó cuáles edificios podían ser reparados y cuáles debían ser demolidos por sus deficiencias estructurales.

Un barrio marcado por el deterioro
A principios del siglo pasado en lo que hoy es el barrio Acería funcionaba un antiguo matadero. Más tarde funcionó una antigua fábrica de acero que se instaló en la esquina de las calles Berutti y Cafferata y dio nombre al barrio. A mediados del siglo XX, la presencia de esta planta industrial sirvió como motor de identidad y punto de referencia para la zona.

Durante la segunda mitad del siglo pasado, la historia de Acería estuvo durante años atravesada por los problemas de infraestructura de sus viviendas. El complejo habitacional había sido construido en 1988 y estaba compuesto originalmente por 22 monoblocks. Con el paso del tiempo, los vecinos comenzaron a denunciar desprendimientos, problemas en las instalaciones de agua y cloacas, deterioro de fachadas y otras deficiencias que fueron agravándose.
El Litoral había reflejado esos reclamos mucho antes de que comenzara el actual proceso de transformación. En 2011, este diario informaba que la Provincia analizaba derribar y reconstruir 372 viviendas del complejo, debido al mal estado de los monoblocks. Por entonces, se mencionaban también problemas con tanques de agua, desprendimientos de revoques, calles intransitables, desbordes cloacales y falta de algunos servicios esenciales.

En aquellos años, la situación de las torres ya era considerada crítica. La alternativa que finalmente se adoptó años después fue la construcción de viviendas nuevas en el mismo sector, para permitir que las familias conservaran su arraigo territorial, y la demolición progresiva de los edificios que presentaban mayores riesgos.
De los 22 monoblocks a las nuevas casas
El punto de partida del actual proyecto fue el relevamiento realizado en noviembre de 2016. El diagnóstico determinó la necesidad de realizar reparaciones integrales en algunos sectores y demoler aquellos edificios que presentaban graves deficiencias estructurales. A partir de allí se diseñó un máster plan que contemplaba la construcción de 436 nuevas viviendas, obras de infraestructura, recuperación de espacios públicos y la incorporación de equipamiento comunitario.

En 2018 comenzaron las primeras obras para construir 102 viviendas, mientras se iniciaba la demolición de los monoblocks más deteriorados. El cambio también implicó modificar la tipología habitacional: en lugar de reproducir los grandes bloques de departamentos, se optó principalmente por viviendas individuales de planta baja y planta alta, con dos dormitorios, patio y los servicios básicos.
Las primeras demoliciones marcaron una imagen que durante años se repitió en el barrio: primero se trasladaban las familias a sus nuevas viviendas y, una vez desocupados los edificios, ingresaban las máquinas para derribarlos. Así ocurrió, entre otros, con los monoblocks 18, 20, 21 y 22 y con distintas torres del antiguo complejo.

En una de esas intervenciones, una de las viejas estructuras cayó después de más de tres décadas de uso. Las familias que habían vivido allí ya habían recibido las llaves de sus nuevas casas, ubicadas a pocas cuadras, dentro del mismo barrio.
Una transformación que atravesó varias gestiones
El proyecto de Acería atravesó distintas gestiones provinciales. Fue diseñado durante el gobierno de Miguel Lifschitz, continuó durante la administración de Omar Perotti y tuvo una nueva etapa durante la gestión de Maximiliano Pullaro.

En 2024, la Provincia había licitado la terminación de 74 viviendas que habían quedado pendientes, con una inversión que rondaba los $4.000 millones. Esas unidades se ubicaron precisamente sobre las manzanas donde habían funcionado los antiguos monoblocks 14 al 22, ya demolidos. El proyecto también contempló redes de agua potable, electricidad, alumbrado público, cloacas, desagües pluviales, calles, rampas y espacios verdes.

De esta manera, la intervención fue avanzando por etapas: traslado de las familias, construcción de las nuevas viviendas, demolición de las estructuras deterioradas y recuperación del suelo urbano.
La transformación también incorporó espacios comunitarios. Entre ellos se destacó el Alero Sportivo Cultural Acería, pensado como un lugar de encuentro, recreación y actividades para los vecinos.

Con la demolición de los seis últimos monoblocks y la relocalización de las 101 familias, la Provincia da por concluido el proceso integral iniciado a partir del diagnóstico de 2016. El objetivo fue dejar atrás un conjunto habitacional que durante décadas había acumulado problemas estructurales y reemplazarlo por nuevas viviendas, infraestructura y espacios públicos, pero manteniendo a las familias dentro de su propio barrio.








