El mapa del consumo en Santa Fe está cambiando de piel. No se trata de una transformación silenciosa, sino de un giro evidente que se observa tanto en el flujo de las entregas postales como en las principales avenidas comerciales de nuestra ciudad.
Cómo cambiaron los hábitos de consumo con los e-commerce y bazares chinos en Santa Fe
La expansión de bazares chinos y el auge de apps de e-commerce como Temu y Shein están transformando el panorama comercial en Santa Fe, obligando a los comerciantes locales a enfrentar nuevos desafíos y adaptarse a un mercado cada vez más competitivo.

La irrupción de las plataformas de e-commerce internacional como Temu y Shein, sumada a la multiplicación de grandes bazares físicos en puntos clave del ejido urbano, está transformando de raíz la manera en que los santafesinos deciden sus compras.
En un contexto económico complejo, el factor precio se convirtió en el gran ordenador de las decisiones del hogar, abriendo la puerta a un modelo de comercialización que despierta tanto fascinación en los usuarios como profunda preocupación en el entramado comercial tradicional de la ciudad.
El escenario nacional funciona como un marco ineludible para entender la escala de este vuelco. El último informe de la Cámara Argentina de Comercio Electrónico (CACE) arrojó datos contundentes: durante 2025, el comercio electrónico en el país alcanzó una facturación histórica que superó los 34 billones de pesos, lo que representó un incremento del 55% en comparación con el período anterior.
Esta cifra no solo consolidó la madurez del canal digital, sino que logró ubicarse por encima de la inflación interanual.
Dentro de esta masa transaccional, las compras al exterior registraron una aceleración notable frente a 2024, traccionadas principalmente por compradores regulares de estratos socioeconómicos altos que encontraron en plataformas como Temu y Shein —en convivencia con Mercado Libre— una vía directa para esquivar la intermediación local.
El dato que mejor ilustra la velocidad del fenómeno es que 7 de cada 10 compradores declararon haber adquirido productos fuera del país por primera vez hace menos de seis meses.

La radiografía local: entre el precio bajo y la "calidad berreta"
Para analizar cómo impacta esta oleada global en las calles de Santa Fe, El Litoral dialogó con Jorge Baremberg, referente y voz experimentada del Centro Comercial de Santa Fe. Desde la perspectiva de los comerciantes locales, el diagnóstico combina la resignación ante una tendencia global irreversible y una fuerte luz de alerta sobre las condiciones en las que se da esta competencia.
El primer punto de fricción que señala Baremberg es la ilusión del costo mínimo en detrimento de la durabilidad: "Hay una cuestión importante: no todos los productos que ofrecen Temu, Shein o incluso los comercios chinos instalados en nuestra provincia tienen la misma calidad que otros productos que se comercializan habitualmente".
Además, es importante comprender que la matriz industrial asiática está diseñada para segmentar el mercado de manera milimétrica: "El fabricante chino produce un mismo artículo con distintas calidades. Puede hacerlo con más o menos material, con mayor o menor resistencia o durabilidad. Eso influye directamente en el precio", explicó Baremberg
El entrevistado habló sobre que la distancia entre la pantalla y la recepción del paquete suele esconder sorpresas, especialmente en rubros sensibles: "En el rubro textil las medidas antropométricas tampoco son las mismas que las nuestras", ejemplificó.

El propio Baremberg decidió experimentar el proceso en primera persona para evaluar el terreno que hoy pisan los consumidores locales.
"Yo mismo hice una compra para comprobar cómo eran los productos. Compré tres o cuatro artículos de poco valor, simplemente para evaluar la calidad. Ahí comprobé que no siempre es buena. Además, cuando uno compra a distancia no puede evaluar la mercadería antes de recibirla", sostuvo.
La comparación con los canales de venta nacionales surge de forma natural en el análisis. Si bien el público santafesino recurre cada vez más a las aplicaciones chinas seducido por la brecha cambiaria y los costos de origen, existen barreras que el comercio interno todavía logra capitalizar a su favor.
"Cuando hice la prueba de comprar me encontré con productos muy baratos, pero honestamente también con mercadería muy berreta", reconoció Baremberg.
A todo esto, se le suma la variable logística, un elemento central que define qué elementos conviene traer desde el otro lado del mundo y cuáles siguen requiriendo el mostrador tradicional.
"Dependiendo del volumen, la mercadería puede venir en avión, pero cuando eso ocurre el costo del transporte es muy alto. Por eso determinados productos pueden comprarse de esa manera y otros no valen tanto la pena", detalla.

Nueve megabazaares y la encrucijada regulatoria
El fenómeno no es exclusivamente virtual. Mientras las aplicaciones saturan los teléfonos celulares, la capital provincial se transformó con la apertura de comercios de capitales asiáticos.
"Hoy ya son alrededor de nueve grandes comercios chinos distribuidos en distintos puntos de la ciudad", precisó Baremberg a este medio, marcando un volumen de metros cuadrados cubiertos que compite de manera directa con los locales tradicionales de por ejemplo, la Peatonal San Martín.
Estos establecimientos físicos actúan, en muchos casos, como el brazo analógico de las plataformas digitales, vendiendo en las góndolas locales los mismos artículos que se viralizan en las redes. Sin embargo, el malestar del sector mercantil local no radica en la oferta en sí, sino en las asimetrías regulatorias y operativas que dificultan la competencia en igualdad de condiciones.

"Existen diferencias importantes respecto de cómo trabajan esos comercios. Hay muchas dudas sobre el nivel de formalidad con el que funcionan. No sabemos exactamente cómo manejan el IVA, las condiciones laborales de los empleados o determinados costos", plantea el referente local, reflejando una preocupación histórica del supermercadismo que ahora se trasladó al sector de bazar y regalería.
"Yo mismo lo viví cuando tenía mi negocio. Competir con ellos es muy difícil porque muchas veces no entendemos cómo llegan a esos precios", sumó.

La diferencia en la estructura de costos y la flexibilidad horaria inclinan la balanza de manera drástica. Mientras el comercio tradicional santafesino se rige por los convenios colectivos locales y los horarios regulados por la idiosincrasia de la ciudad, los nuevos jugadores imponen un ritmo continuo.
"Ellos trabajan de lunes a lunes, en horario corrido, mientras que nosotros tenemos otra estructura de costos. Si uno paga horas extras, salarios, impuestos y cumple con toda la normativa, se hace muy difícil competir", argumentó Baremberg.
En este sentido, el reclamo hacia los organismos de control del Estado se vuelve inevitable en el discurso sectorial.
"Muchas veces sentimos que el comercio local es controlado con mucho más rigor que ellos. Nosotros no podemos estar fuera de la ley —y está bien que así sea—, pero no sabemos cuál es la situación de esos comercios. Me hace acordar mucho a lo que ocurrió cuando llegaron los supermercados chinos; tampoco se entendía cómo podían vender a esos valores", afirmó.
Ante la consulta de si esta presión está forzando a las tiendas santafesinas a reconfigurar sus márgenes o liquidar stock para sostener la clientela, la respuesta fue clara.
"Uno intenta acercarse a esos precios, pero llega un momento en que es imposible. El comercio local tiene costos fijos muy importantes: impuestos, salarios en blanco, facturación, alquileres y toda la estructura formal. No es que el comerciante tenga márgenes excesivos. Simplemente tiene costos que debe afrontar", cerró.








