El impacto de los sedimentos del Bermejo: cómo el Canal de Acceso cambió la fisonomía de los ríos santafesinos
El geólogo Carlos Ramonell explica el fenómeno de coloración que afecta a la laguna Setúbal y al sistema del río Coronda. La intervención humana de hace más de un siglo y las grandes crecidas históricas han "desnaturalizado" el sistema, permitiendo el ingreso de sedimentos y contaminantes. Lo que se vio en la Maratón Santa Fe Coronda.
Maratonistas atraviesan el límite de aguas claras y oscuras, y avanzan hacia el Coronda, en una postal santafesina.
Fernando Nicola.
Desde diciembre, el paisaje hídrico de Santa Fe comenzó a mostrar un cambio característico: la llegada de sedimentos provenientes del río Bermejo, nacido en los Andes del noroeste argentino y del sur boliviano. Ese pulso marrón que cada verano desciende desde el norte vuelve a teñir los grandes cursos de agua hasta desembocar en el Paraná. Según explica el geólogo Carlos Ramonell, el fenómeno se manifiesta primero en el cauce principal del Paraná y en el Colastiné, y se espera que el contraste de coloración se intensifique en las próximas semanas, con un pico entre marzo y abril.
Miles de personas fueron testigos el domingo de este proceso natural cuando los nadadores de la maratón Santa Fe–Coronda atravesaron la desembocadura del Canal de Acceso sobre el río Santa Fe, frente al Puerto local. Las imágenes transmitidas al mundo mostraron con nitidez ese encuentro de aguas, como si el río exhibiera en vivo sus propias capas. A muchos les llamó la atención un contraste que, lejos de ser un misterio, tiene explicación científica.
El Paraná, en efecto, transporta enormes volúmenes de sedimentos que viajan en suspensión por efecto de la turbulencia del flujo. Limos y arcillas recorren miles de kilómetros mezclados con la dinámica vegetal y biológica del sistema, desde el norte del continente hasta su desembocadura en el Río de la Plata.
La diferencia de color entre los distintos cuerpos de agua de la región no es casual. Ramonell señala que “el agua que ingresa a la laguna Setúbal a través del arroyo Leyes llega con una menor concentración de sedimentos”. Esto se debe a “un proceso de filtrado natural provocado por la vegetación y las bajas velocidades del agua en el sistema del San Javier, sumado a la mezcla con aguas claras provenientes de los Saladillos Amargo y Dulce y la laguna del Capón”, un entramado de cursos menores que actúa como un tamiz natural.
En contraste, el río Colastiné “transporta una carga de sedimentos prácticamente idéntica a la del cauce principal del Paraná, reaccionando con la misma velocidad a los cambios del río”, indica el geólogo, funcionando como una vía directa para los materiales que arrastra el sistema fluvial.
El Canal de Acceso y la “desnaturalización” del sistema
Uno de los puntos más críticos señalados por el especialista es el rol del Canal de Acceso al Puerto de Santa Fe, una obra construida hace aproximadamente 116 años que “ha alterado profundamente el equilibrio natural”. En condiciones prístinas, el río Coronda “debería tener una coloración similar a la del río Santa Fe (más clara); sin embargo, el canal actúa como un trasvase que deriva entre un tercio y el 50 por ciento del caudal del Colastiné hacia el sistema del Coronda”, explica el experto, modificando un comportamiento que durante siglos siguió su propia lógica.
El cambio de tonos se produce a la altura del Puerto de Santa Fe, en la desembocadura del Canal de Acceso sobre el río Santa Fe.
Fernando Nicola.
Esta “pluma de sedimentos”, que según Ramonell “no debería existir” en condiciones naturales —de no haberse abierto el Canal de Acceso—, afecta actualmente un área cercana a los 300 kilómetros cuadrados, alterando la calidad y coloración del agua en lagunas e islas situadas entre el río Coronda y el Paraná Viejo, desde la zona de Las Cuatro Bocas hasta la desembocadura del Coronda en el Paraná, en Puerto Gaboto.
1982-83: el año que cambió la corriente
La historia del Canal de Acceso tiene un antes y un después de la gran crecida de 1982-83. Antes de ese evento, “el canal era bidireccional”, explica el geólogo: según cuál río estuviera más alto —el Colastiné o el Santa Fe—, el agua podía fluir en cualquiera de los dos sentidos, como parte de un sistema todavía en equilibrio.
“Para cualquier condición hidrométrica, siempre vamos a tener niveles de agua más altos en el Colastiné que en el río Santa Fe”, afirma Ramonell. Esto garantiza que el flujo —y con él, los sedimentos del Bermejo— se dirija constantemente hacia el Coronda, fijando una dirección que antes variaba según crecientes y bajantes.
Eso fue justamente lo que pudo observarse con claridad durante la maratón Santa Fe–Coronda en la desembocadura del Canal de Acceso sobre el río Santa Fe: dos tonos conviviendo sin mezclarse del todo, uno más oscuro proveniente de la Setúbal y otro más claro impulsado por el canal, una postal tan llamativa como reveladora del movimiento interno del sistema.
Un problema adicional: la contaminación
Sin embargo, el flujo que aporta el Canal de Acceso no sólo transporta sedimentos: también arrastra coliformes.
Dos tonos muestra el río Santa Fe. Fernando Nicola.
El trasvase no implica únicamente un cambio estético o sedimentario. Ramonell advierte que “junto con los sedimentos, el Canal de Acceso transporta hacia todo el sistema del Coronda los coliformes de Santa Fe, debido a que la descarga cloacal de la ciudad se encuentra apenas aguas arriba de la zona donde el Colastiné aporta su caudal al canal”.
La Dra. Luciana Regaldo, del laboratorio de Ecotoxicología de la FHUC-UNL, señala que el monitoreo de bacterias coliformes en ríos, lagunas y arroyos "es clave para evaluar la calidad sanitaria del agua, ya que su presencia indica contaminación fecal y posibles riesgos para la salud en el consumo y uso recreativo". En ciudades ribereñas como Santa Fe, esta contaminación suele originarse en "efluentes cloacales sin tratamiento, fallas en sistemas de saneamiento y escorrentía urbana -enumera-, por lo que resulta fundamental una estrategia integral que combine mejoras en el tratamiento de aguas residuales, control de vertidos y gestión de residuos, junto con monitoreos permanentes, educación ambiental y participación ciudadana para reducir riesgos sanitarios, proteger los ecosistemas y garantizar un uso sostenible del recurso hídrico".
Desde Aguas Santafesinas explican que "el líquido descargado cumple con todas las exigencias regulatorias de la materia". Además, su vocero, Germán Nessier, informó que realizan monitoreos anuales en varios puntos "y los resultados confirman la capacidad de autodepuración del cuerpo receptor".
El domingo, los dos tonos del río que sorprendió a espectadores y competidores durante la maratón vuelve a poner en agenda la compleja relación entre obras de infraestructura, dinámica natural de los ríos y calidad ambiental en la región. Entender cómo circula el agua y qué transporta no sólo permite explicar los cambios de color del paisaje, sino que también invita a repensar el manejo del sistema hídrico para proteger un recurso vital que atraviesa la identidad y la vida cotidiana de Santa Fe y de toda la cuenca del Paraná.