La ropa, las fotos y la clase social: cómo se vestía la sociedad santafesina hace un siglo
Una exposición mostró las estéticas de vestimenta de 1880 a 1950 en Santa Fe. Las clases altas tenían el "privilegio" de fotografiarse. Y los sectores populares eran visibilizados por una cámara sólo en sus oficios y "en segundo plano". La "democratización" llegó a mitad del siglo XX, con la producción textil en serie.
Pablo Aguirre Un canotier, una galera y un bombín, en el extremo de la vitrina: los sombreros fueron un signo de distinción en una época ya remota.
Es curioso pensar en que los modos de vestirse, las prendas que se eligen para una determinada ocasión y la posibilidad de mostrar ese traje o ese vestido mediante una foto, son elementos que pueden determinar un aspecto de cómo era la sociedad santafesina hace un siglo, y luego cómo evolucionó esa estética de la vestimenta 50 años hacia adelante, hasta mediados del siglo XX.
Una novedosa exposición dejó al desnudo con fotografías, prendas, accesorios de época y paneles explicativos cómo eran las formas de vestirse en Santa Fe, en una línea cronológica organizada por episodios históricos. Se denominó "Viste sentidos", tuvo lugar en el hall del Palacio Municipal y fue una invitación hasta el epicentro de una "semiótica vestimentaria" de una ciudad que ya sólo existe excepto por los objetos que quedaron de ese tiempo que se fue y no volverá.
La propuesta no sólo se limitó a mostrar objetos viejos, claro. Expuso las diferencias costumbristas entre el acto privado de vestirse en las clases altas y medias-altas de la ciudad de fines del siglo XIX y las clases populares, obreras e incluso medias-bajas. "La idea fue reconstruir las claves vestimentarias, dividiéndolas en subperíodos. Hay épocas históricas más estables, y otras de gran transformación" en la moda, dice la Prof. Patricia Vasconi, una de las curadoras de la muestra, en diálogo con El Litoral.
Y estas claves vestimentarias tienen una carga simbólica, religiosa y hasta político-ideológica. En las clases altas, por ejemplo, una determinada forma de vestirse significaba reafirmar la pertenencia a un status social. "Este sector de élite, además, tenía la posibilidad de acceder a un estudio fotográfico y fotografiarse con esas ropas. La fotografía era un bien de lujo", aporta la Prof. y también curadora Alicia García.
Desenfado al fondo
"No hay muchos registros de sectores populares fotografiados con sus prendas -añade García-. Y cuando aparecen en fotos, las personas humildes se ven como 'fondos', en un plano secundario". Por ejemplo, hay una foto en el Museo Histórico que muestra a toda una familia pudiente sentada, y una mujer doméstica parada al costado, como asomándose detrás de una puerta: "Esa foto es la síntesis de cómo aparecían las clases populares retratadas. Siempre detrás, como un fondo", coinciden las profesoras.
En los únicos casos en que salen retratadas en fotos las clases más bajas de la sociedad santafesina son durante el trabajo. Hay otro elemento, que quizás puede tomarse como un gesto de rebeldía: "Un fotógrafo de la ciudad fotografiaba albañiles trabajando sobre los andamios. Las poses de los obreros son siempre desenfadadas, un gesto más típico de los sectores populares. No está el 'acartonamiento' de las elites, sino el desenfado, como sintiéndose libres, más naturales, y por supuesto, con la ropa de trabajo sucia", se suma al diálogo Teresita Cataudella, del Museo de la Ciudad.
Pablo Aguirre Accesorios femeninos de principios del siglo pasado.
Accesorios femeninos de principios del siglo pasado.Foto: Pablo Aguirre
Textiles de unos y otros
Las clases populares, a fines del siglo XIX y principios del XX, utilizaban prendas hechas con percal, con muselina barata y paños rústicos. Los obreros, por caso, utilizaban lo que luego se denominaría "ropa de fajina". Y los sectores medios, en la medida de sus posibilidades, imitaban algunas prendas de la clase alta, pero con textiles más económicos.
En los sectores más pudientes, los caballeros se "desvivían" por la levita, un saco ajustado largo de tres piezas, una de ellas chaleco. "El hombre fue haciéndose más austero en su vestimenta desde fines del siglo XIX, pero el chaleco tenía cierta posibilidad o amplitud de mostrar alguna tela labrada o un bordado. Y persistió. En el chaleco se podía lucir además un reloj con leontina de oro o plata", apuntan las tres especialistas. Eran frecuentes los tiradores con detalles en algodón; los sombreros tipo galera en pelo de castor, el clásico bombín de fieltro con cinta de raso, incluso un canotier con cinta de seda.
En las mujeres era muy habitual el corset, prenda que desapareció a principios del siglo XX. Por lo general, estos textiles se importaban desde Francia o de Gran Bretaña, y esto refiere a una cultura ceñida al eurocentrismo. En una vitrina de la exposición se veían finísimos guantes blancos, monederos, alhajas, un cuello bordado con azabaches, pañuelos de mano con bordes, una polvera de metal, accesorios para limpiar el rouge labial, entre otros objetos.
Pablo Aguirre De izq. a der. Las profesoras Alicia García y Patricia Vasconi (curadoras de la muestra), y Teresita Cataudella, del Museo de la Ciudad.
De izq. a der. Las profesoras Alicia García y Patricia Vasconi (curadoras de la muestra), y Teresita Cataudella, del Museo de la Ciudad.Foto: Pablo Aguirre
La democratización
En la década del '40, la máquina de coser llegó a los sectores populares. "Entonces, la modista del barrio se vuelve un 'agente democratizador' de la moda. Porque copia y reproduce a bajo costo, con materiales más modestos, lo que se ve en las revistas", define Cataudella. Pero además, ya en 1950 avanza la confección en serie: por eso en Santa Fe se instalan casas como Ultramar (para hombres), La Favorita; Gath & Chaves y Ross Marie. Estos locales producían confecciones en serie en talleres, que luego se vendían a los sectores populares a un costo accesible.
La fotografía al servicio de la moda y del modo de vestirse, ¿fue una herramienta de una construcción social? "Sí, con el retrato fotográfico se estaba dando un mensaje a alguien -coinciden las tres profesoras-. Por eso esta muestra, que buscó incentivar la posibilidad de abrir nuevos sentidos, y que el espectador genere sus propias representaciones, sus propias lecturas", concluyen.