Un gran asentamiento irregular avanza sobre la ribera de Alto Verde
Está ubicado en “La curva del Surubí”, en el acceso al barrio costero, entre la calle Demetrio Gómez y la orilla del río Santa Fe. En dicho albardón se refugiaban los inundados durante las crecidas. Pero ahora el suelo fue ocupado, de forma desordenada.
El camino hacia el distrito costero de Alto Verde deja ver una postal que se repite sobre la ribera del río Santa Fe: casillas de chapa, ranchos de madera, viviendas de ladrillo levantadas sin permisos y montículos de residuos que avanzan lentamente hacia el agua. Allí donde alguna vez hubo un albardón natural que servía de refugio ante las crecidas, hoy se extiende un asentamiento que crece con los años. Es el sector conocido como la curva del Surubí.
A la vera del acceso por calle Demetrio Gómez, detrás de alambrados improvisados y senderos de tierra, el paisaje mezcla vegetación de bañado con viviendas precarias. Algunas son ranchos con techos de chapa; otras, construcciones de ladrillo hueco que revelan una permanencia que ya no parece transitoria. En varios sectores, la línea de la costa se confunde con escombros y basura arrojados para ganar terreno al río.
El cartel anuncia... Flavio Raina.
Durante décadas ese albardón funcionó como refugio ante las inundaciones. Cuando el agua avanzaba sobre las islas o las zonas bajas del distrito costero, el Estado instalaba allí casillas precarias para alojar temporalmente a familias evacuadas. La última vez ocurrió durante la emergencia hídrica de 2016. En la crecida de diciembre de 2023, en cambio, los módulos se ubicaron en el acceso a la zona de boliches, junto a la ruta nacional 168.
De provisorio a permanente
Con el tiempo, lo provisorio empezó a volverse permanente. Las casillas levantadas para atravesar una inundación fueron reemplazadas por viviendas más firmes y, a ellas, se sumaron nuevas construcciones. Así se fue formando un conglomerado irregular sobre el borde del río.
Se accede por Demetrio Gómez. Flavio Raina.
“Acá la gente llegó con lo puesto; para muchos este fue su primer ranchito. A otros los corrió el agua y encontraron acá un lugar seguro para levantar su casa”, cuenta Mario, vecino del lugar.
El crecimiento del asentamiento refleja una combinación de factores: la necesidad habitacional, la falta de controles y la propia historia del distrito costero. Alto Verde surgió a comienzos del siglo XX como un poblado ligado a trabajadores del puerto, pescadores y pobladores de las islas que encontraron en ese borde de tierra —alto y verde— un lugar donde instalarse. Las sucesivas crecidas del sistema fluvial consolidaron un territorio donde la relación entre urbanización y agua siempre estuvo en tensión.
Muy precarias las viviendas. Flavio Raina.
Desde el punto de vista urbanístico, el sector forma parte de las áreas ribereñas que la normativa municipal considera estratégicas por su valor ambiental y su relación con los sistemas fluviales del Paraná y del Salado. El Reglamento de Ordenamiento Urbano establece que las construcciones en zonas inundables o fuera de los terraplenes requieren autorizaciones especiales por el riesgo hídrico.
En la práctica, sin embargo, distintos asentamientos informales avanzaron sobre estos bordes. Las condiciones de vida reflejan esa precariedad: pasillos de tierra entre las casas, conexiones informales de agua y cables eléctricos colgados de postes cercanos.
De material... Flavio Raina.
En algunos sectores, incluso, la basura se utiliza como relleno para elevar el nivel del suelo. Bolsas de residuos, restos de obra y muebles descartados se arrojan sobre la orilla para evitar que las viviendas queden anegadas. El resultado son taludes inestables y un paisaje degradado donde el límite entre tierra y agua se vuelve difuso.
“Como vecinal siempre le pedimos a la Municipalidad que controle el avance de construcciones en zonas inundables o incluso sobre las defensas, porque eso puede dañarlas y está prohibido”, señala Javier Villalba, presidente de la Vecinal Alto Verde. “Muchas veces llega gente de otros barrios y ocupa espacios de forma irregular. Tiene que ver con la falta de tierras para vivir, pero después, cuando crece el río, aparecen los problemas”.
Qué dice el municipio
Vista del sector. Fernando Nicola.
Desde la Municipalidad de Santa Fe reconocen que la aparición de asentamientos en zonas ribereñas es una problemática compleja. Explican que el monitoreo comienza con relevamientos de áreas técnicas y que, ante intentos de ocupación, interviene la Guardia de Seguridad Institucional para evitar que las construcciones se consoliden en sectores de riesgo.
Sin embargo, admiten que la capacidad de acción es limitada cuando las viviendas ya están habitadas por familias, especialmente cuando hay menores. En esos casos, el abordaje suele requerir la intervención de organismos de protección de derechos e incluso de la Justicia.
Una de las viviendas levantadas en el sector del distrito costero. Fernando Nicola.
Mientras tanto, sobre el borde del río el asentamiento sigue creciendo. Desde el camino de acceso, el paisaje resume la tensión: de un lado, el río Santa Fe avanza lento y marrón; del otro, las casillas, los ladrillos y los montículos de basura que intentan ganarle terreno al agua.