Vandalismo y abandono: el deterioro silencioso de los biguás de Plaza 25 de Mayo
¿Cuándo los santafesinos vamos a aprender a cuidar lo nuestro? La pregunta vuelve a imponerse al recorrer la Plaza 25 de Mayo de Santa Fe y detenerse frente a la histórica fuente de los biguás. El deterioro que hoy presentan sus esculturas es difícil de ignorar, especialmente en un espacio que es de paso obligado para miles de santafesinos que a diario caminan hacia Casa de Gobierno, Tribunales y el casco histórico, ya sea por trabajo, trámites o recreación.
Casi la totalidad de las esculturas presenta signos de vandalismo y deterioro, con picos rotos, cuellos fracturados, piezas faltantes, golpes visibles y superficies muy desgastadas. Fotos. Crédito. Gustavo Ocampo.
Ubicada en el corazón cívico de la ciudad, la plaza no es solo un punto de encuentro y descanso, sino también un escenario cotidiano que refleja el vínculo de la comunidad con su patrimonio. Por eso, los daños visibles en las figuras de los biguás interpelan no solo a las autoridades, sino también a la responsabilidad colectiva en el cuidado de los espacios públicos.
Esculturas dañadas y una sola en buen estado
Un relevamiento visual muestra un panorama preocupante: casi la totalidad de las esculturas presenta signos de vandalismo y deterioro, con picos rotos, cuellos fracturados, piezas faltantes, golpes visibles y superficies muy desgastadas. Solo uno de los biguás se mantiene íntegro, conservando su forma original.
En algunos casos, los daños parecen acumulados en el tiempo; en otros, las roturas lucen recientes, lo que refuerza la hipótesis de actos vandálicos reiterados. El conjunto, pensado originalmente como una composición armónica que evoca la fauna del litoral, hoy aparece desfigurado y sin el mantenimiento necesario para preservar su valor artístico y simbólico.
Ubicada en el corazón cívico de la ciudad, la plaza no es solo un punto de encuentro y descanso, sino también un escenario cotidiano que refleja el vínculo de la comunidad con su patrimonio. Fotos. Crédito. Gustavo Ocampo.
Una restauración reciente que no alcanzó
El contraste es aún mayor si se tiene en cuenta que las nuevas figuras fueron colocadas en noviembre de 2024, en el marco de una puesta en valor integral de la fuente que incluyó trabajos de restauración, reacondicionamiento del sistema hidráulico y recuperación estética del espejo de agua, tal como informó oportunamente El Litoral.
El intendente Poletti, junto a funcionarios municipales e integrantes del equipo que realizó los trabajos, inauguraban la fuente, que quedó activa y con agua en noviembre de 2024. Crédito: Guillermo Di Salvatore
Aquella intervención había devuelto a la plaza una de sus postales más características, en un espacio central que conecta edificios emblemáticos y concentra gran parte de la actividad institucional y turística de la ciudad. Sin embargo, a poco más de un año de esa renovación, el deterioro vuelve a ser evidente.
Especialistas en patrimonio urbano advierten que este tipo de obras, además de restauraciones periódicas, requieren políticas sostenidas de control, mantenimiento y concientización ciudadana. El vandalismo reiterado no solo multiplica los costos de reparación, sino que pone en riesgo piezas que forman parte de la identidad colectiva de Santa Fe.
En algunos casos, los daños parecen acumulados en el tiempo; en otros, las roturas lucen recientes, lo que refuerza la hipótesis de actos vandálicos reiterados. Fotos. Crédito. Gustavo Ocampo.
La fuente de los biguás no es un elemento decorativo aislado: forma parte del paisaje cotidiano de miles de personas que atraviesan la plaza todos los días. Su estado actual vuelve a abrir el debate sobre la protección del patrimonio público, la necesidad de mayor vigilancia en espacios emblemáticos y el compromiso social en el cuidado de lo que es de todos.
Mientras tanto, los biguás —símbolo del litoral y del espacio público santafesino— permanecen allí, en silencio, con cicatrices visibles que hablan menos del paso del tiempo y más de una deuda pendiente con la ciudad.