"Este libro intenta sumarse a los otros libros sobre Lorenzo Gigli, a los catálogos que hizo mi papá y a las tesis que hicieron en Italia. Es parte de la lucha por llegar a que una generación más conozca a un artista".

El título es "Nieto de artista", un texto íntimo que reconstruye la figura de Lorenzo Gigli a partir de documentos, cartas, anécdotas y obras dispersas. Reflexiona, además, sobre la transmisión cultural y la memoria familiar.

"Este libro intenta sumarse a los otros libros sobre Lorenzo Gigli, a los catálogos que hizo mi papá y a las tesis que hicieron en Italia. Es parte de la lucha por llegar a que una generación más conozca a un artista".
Antes de entrar en el tema, en una introducción algo alejada de los cánones del periodismo, es necesario señalar que Agustín Gigli, autor de "Nieto de artista", es un rastreador meticuloso de todo lo vinculado con su abuelo, el pintor Lorenzo Gigli.
En febrero de 2023, el autor de estas líneas escribió el artículo "Lorenzo Gigli, el italiano que ofreció una 'fiesta de arte' en la Santa Fe de los 30". Agustín lo encontró, se puso en contacto y a partir de allí se estableció un vínculo que continuó, de manera intermitente, a través de las redes sociales.

Hasta que, hace algunas semanas, ese intercambio derivó en un mensaje concreto. "Quería contarte que, a partir del trabajo en la base de datos que administro sobre mi abuelo, escribí un libro". Ese texto es el que da origen a la reseña que se desarrolla en los párrafos siguientes.
Desde sus primeras páginas, el libro se "planta" en un territorio diferente a lo esperable. No hay una idealización del abuelo. Hay, en cambio, una pregunta: ¿qué implica ser heredero de un artista? Gigli plantea una forma de asumir tal condición.
"La 'inmortalidad' que muchos artistas creen que obtendrán a partir de sus obras no puede volverse una carga para sus descendientes". Aunque, como demuestra el autor, sí puede ser una forma de pensar la propia identidad.

Una herencia que excede lo material motoriza el libro. "Cuando murió mi papá, sus cuatro hijos heredamos, además de una colección de cuadros y esculturas, una tarea que él desarrolló toda su vida: difundir la actuación artística de mi abuelo".
Es una misión que nadie pidió pero alguien debe asumir. Por ahí va el tono de "Nieto de artista", entre reflexivo y autoconsciente. El autor, tras aclarar que "no ha sido preparado para eso", se convierte en archivista, narrador y hasta, podría decirse, "mediador" entre generaciones.
Uno de los aportes de "Nieto de artista" es su apreciación sobre el archivo como recurso narrativo. Es que la digitalización de documentos para armar una base de datos, aparece como una "lectura" del pasado.

"Empecé digitalizando el gran archivo que construyó mi padre y fui volcando todo en una base de datos". El proceso creció hasta alcanzar una dimensión inesperada: el catálogo reúne más de setecientas obras, muchas de ellas dispersas en museos, colecciones privadas y casas familiares.
Pero el libro deja en claro una cosa, que el archivo no garantiza sentido por sí mismo. Conserva, ordena, pero no alcanza a explicar. Por eso, la escritura (aun con sus limitaciones) aparece como el complemento indispensable.
A lo largo del libro, la figura de Lorenzo Gigli se construye por acumulación de acciones, frases, decisiones vitales, anécdotas y viajes. Gigli, el nieto, parece estar empeñado en desactivar el "mito" romántico del artista inspirado, que trabaja como guiado por algo superior.

De hecho, cita una carta de Lorenzo en la cual lo explicita. "La inspiración no existe. Existe, en cambio, el trabajo constante. O quizás existe, pero como una pequeña luz. Todo el resto debemos hacerlo nosotros".
Esa concepción atraviesa toda la obra del artista, marcada por una relación directa con el mundo material, el cuerpo, el trabajo y la vida cotidiana. El arte como oficio y práctica sostenida.
Uno de los capítulos más ricos del libro es "Maternidad rural en Venecia", donde se narra la participación de Lorenzo Gigli en la Bienal de 1930. El contexto histórico pesa: Italia bajo el régimen fascista, el arte como herramienta de propaganda, la tentación del reconocimiento oficial.

Aparece Benito Mussolini, elogia la obra y busca adhesión. La respuesta de Lorenzo aparece contada en una carta de Adelaida, su hija. "Mi padre y mi madre volvieron inmediatamente a Buenos Aires". Una decisión concreta y una certeza: el artista también se define y posiciona por los lugares que decide abandonar.
Para el lector santafesino, un pasaje significativo es el capítulo "Rosa Galisteo". Gigli relata su visita al museo. Busca información, recorre salas, se equivoca. Hasta que ocurre el hallazgo. "Al final de la sala, colgada en una pared blanca, una chapita dice 'Maternidad -Lorenzo Gigli- 1927'".
La obra no está en el centro del canon, pero está ahí, sostenida por una institución pública. Santa Fe aparece así como un lugar activo de preservación cultural, lejos de los grandes relatos porteñocéntricos.

Un núcleo del libro es desacralizar el arte. El capítulo "El Astronauta" describe el destino "doméstico" de una escultura. "En los veranos, la pileta era un centro de reunión de amigos y de familiares. Y el astronauta pasaba a formar parte de la reunión. Sobre todo desde su nueva versión utilitaria: era el soporte de las toallas y la ropa".
Gigli cita una frase de su abuelo. "El arte no enmienda nada. Ni siquiera es necesario. Sobre todo es superfluo". Lejos de desvalorizar la obra, la afirmación la devuelve a su condición más honesta, el arte como parte de la vida.
En los tramos finales, "Nieto de artista" introduce una mirada sobre lo que podría llamarse "soportes de la memoria". Frente a la aparente omnipresencia de lo digital, Gigli apuesta por el libro como objeto. "Todo es efímero. Lo que menos efímero es, a mi entender, es el papel, el libro".

La decisión de imprimir, distribuir y alojar este volumen en bibliotecas públicas y privadas es un acto político y cultural. Que expone la conciencia del desgaste, del borramiento y de la fragilidad de los archivos digitales.
En definitiva es un libro sobre Lorenzo Gigli, pero, sobre todo, es sobre la transmisión, sobre los lazos familiares, sobre las responsabilidades que se heredan sin contrato previo. O sea, sobre la vida. Que, como dijo Oscar Wilde, "imita al arte".