El paisajista español que quedó olvidado: tras los pasos de Antonio Gomar y Gomar
Sus cuadros recorren diferentes geografías en España, Francia y Alemania entre otros países. Es uno de los pintores menos conocidos de la tradición del paisaje español en el siglo XIX, pero fundamental para entender la época.
Fuente de San Pascual en Genovés, en Valencia. Foto: Museo del Prado
Como le ocurrió a Antonio Salieri respecto a Mozart en la música, en cada generación hay artistas que ocupan los grandes relatos y otros que sostienen la tradición desde los márgenes. Antonio Gomar y Gomar, pintor español nacido el 26 de marzo de 1849, es de esa segunda estirpe.
Su obra se inscribe dentro del paisaje español del siglo XIX, un período atravesado por la transición entre el romanticismo, el realismo y las primeras miradas naturalistas sobre el territorio.
Ver sus obras, en el aniversario de su nacimiento, es como subirse a la máquina del tiempo de H.G. Wells. Y retornar a una época en la que la pintura de paisaje empezó a ser una forma de pensar el país, su geografía y su identidad.
Museo del Prado
La España del siglo XIX
Gomar se formó en la Real Academia de Bellas Artes de San Carlos de Valencia y continuó sus estudios en Madrid, donde entró en contacto con la tradición paisajística impulsada por el pintor de origen belga Carlos de Haes.
En la segunda mitad del siglo XIX, el paisaje comenzó a adquirir una importancia inédita en la pintura española. El realismo, el interés científico por la naturaleza (al fin y al cabo, es el siglo de la Revolución Industrial) y la práctica de pintar al aire libre cambiaron el modo de representar el territorio.
Los artistas abandonaron las composiciones idealizadas para trabajar directamente frente a la naturaleza, estudiando la luz, la atmósfera y la vegetación.
Biblioteca Provincial de Granada
En ese contexto, Gomar se destacó como un pintor minucioso, con gran dominio del dibujo y una paleta luminosa, que lo ubican entre los paisajistas valencianos más reconocidos de su tiempo.
Según estudios históricos, su pintura se caracterizaba por la precisión y la tendencia decorativista que respondía al gusto de la sociedad de la época.
Madrid, Granada y los viajes europeos
Como muchos artistas de su generación, Gomar se trasladó a Madrid en busca de un mercado artístico más amplio. Desde allí desarrolló una intensa producción de paisajes que incluyó diversas regiones europeas.
Museo del Prado
Los paisajes granadinos ocuparon un lugar central en su obra. La Alhambra, el Albaicín, los jardines andaluces y las casas moriscas fascinaban por la imagen orientalizante de España, demandada por coleccionistas y viajeros románticos.
También realizó viajes por Francia y Alemania, y se tiene constancia de estudios realizados en las orillas del Rin, donde pintó castillos y paisajes románticos del norte europeo.
Estilo y características
La crítica de su época destacaba varios aspectos de su pintura: gran precisión en el dibujo, uso de colores claros y luminosos, interés por la luz del paisaje español, composiciones equilibradas y detallistas y elementos decorativos en jardines, acequias y huertos.
Legado de Camil Fabra, marqués de Alella
Su pintura se movía dentro del realismo paisajístico, aunque con un componente poético que lo diferenciaba de otros pintores más estrictamente naturalistas. La luz, especialmente en los paisajes andaluces, se convirtió en uno de los rasgos más característicos de su obra.
Los tonos amarillentos de la vegetación, los cursos de agua y los jardines granadinos aparecen repetidamente en sus cuadros, evidenciando su interés por la atmósfera y la luminosidad del sur de España.
Exposiciones, premios y reconocimiento
Gomar participó en numerosas exposiciones en Valencia, Madrid y otras ciudades españolas durante la segunda mitad del siglo XIX. En la Exposición Regional Valenciana de 1883 obtuvo medalla de oro por sus paisajes, consolidando su prestigio dentro del panorama artístico.
Gomar y Gomar retratado por Joaquín Sorolla y Bastida. Foto: Museo del Prado
También trabajó como decorador en edificios y cafés, realizando murales y pinturas ornamentales en palacios y espacios públicos, algo habitual entre los pintores del siglo XIX que para sobrevivir apelaban tanto a la pintura de caballete como a trabajos decorativos.
Su carrera tuvo altibajos, especialmente después de obtener una tercera medalla en la Exposición Nacional de 1881, lo que lo llevó a alejarse durante años de las muestras oficiales y centrarse en el mercado privado del arte.
La tradición del paisaje español
La obra de Gomar debe entenderse dentro de la tradición del paisaje español que se desarrolló en la segunda mitad del siglo XIX, junto a artistas que buscaban representar la naturaleza con mayor fidelidad y sensibilidad atmosférica.
Ansorena
El paisaje se transformó entonces en un género moderno: ya no era un fondo para escenas históricas o religiosas, sino el tema principal. Pintar montañas, ríos, huertos, cementerios o pueblos se convirtió en una forma de mirar la realidad contemporánea.
En ese movimiento, el pintor ocupó un lugar significativo dentro de la escuela valenciana de paisaje, aportando una mirada luminosa, detallista y decorativa que tuvo buena recepción en el mercado artístico de su tiempo.