Por Tomás Rodríguez
A 90 años del debut del "Ñandú Criollo" con triunfo en el "Maratón de la Paz"
El 28 de octubre de 1931, hace 90 años, se produjo el debut de Juan Carlos Zabala como maratonista. El atleta rosarino fue el primer campeón olímpico de atletismo de nuestro país y uno de los más grandes atletas del historial argentino.

Su participación en los Juegos Olímpicos de Los Angeles 1932 se había convertido en una cuestión de Estado, debía competir como fuere porque tenía las credenciales para conseguir una victoria en la carrera más emblemática del considerado deporte número uno.
El problema era que el protagonista sólo tenía 19 años y la edad mínima para competir era 20; su entrenador, el austríaco Alejandro Stirling le solicitó al Comité Olímpico Argentino (COA) que tomara cartas en el asunto y la solicitud llegó hasta el despacho del presidente de la nación, Gral. Agustín Pedro Justo.
La solución fue muy simple: en lugar de colocar la verdadera fecha del nacimiento del "Ñandú Criollo" (21 de septiembre de 1912), en su pasaporte figuraría "21 de septiembre de 1911". Resultó un pequeño fraude dentro de un gobierno recordado por otros muchos más groseros.
Zabalita era entonces una de las principales figuras en carreras de fondo de Sudamérica (campeón y plusmarquista) en distancias que iban de 3.000 a 10.000 metros llanos, cuando su adiestrador Stirling organizó una gira europea
A principios de 1931, Zabalita se erigió en uno de los grandes protagonistas del Campeonato Sudamericano en la pista de Gimnasia y Esgrima de Buenos Aires, en Palermo, obteniendo medalla dorada en los 10.000 metros con 31' 19", plusmarca sudamericana y llegó segundo en 5000, detrás de José Ribas. Una semana después, en Montevideo, el representante de Sportivo Barracas estableció nuevo primado para Sudamérica en los 3.000 con 8' 42" 2/10.
"Con Stirling llegamos a Burdeos el 8 de septiembre y cinco días después corrí mi primera prueba, los 10.000 y salí tercero donde ganó la máxima figura mundial del mediofondo, el finlandés Paavo Nurmi", recordó años después. Según algunos testigos, Zabala iba ganando la prueba, pero se dio vuelta sobre el final para sacarle la lengua al europeo, éste se enojó y triunfó", siendo la única derrota del atleta argentino en ese periplo.
Fue la única competencia que perdería en ese ciclo, luego triunfó en 34 e hizo "puesta" (empate) en una.
Espaldarazo deportivo
Entre las epopeyas de aquella inolvidable aventura europea de este joven y humilde deportista de 1,52 m. de altura y 56 kgs. de peso, el 10 de octubre Zabalita obtuvo la plusmarca universal de los 30.000 metros en pista, en Viena, con 1 hora 42 minutos 30 segundos 4 décimas.
El domingo 28 de octubre de 1931 el "Ñandú Criollo" conquistó el "Maratón de la Paz", en Kosice, ciudad que en la actualidad pertenece a Eslovaquia, donde los cronómetros se pararon en 2 horas 33 minutos y 19 segundos. Fue su primer recorrido en esta mítica distancia, en una competencia que hoy es una de las más tradicionales del calendario internacional.
Dicho triunfo del atleta argentino fue épico, en durísimas condiciones climáticas de frío y niebla, según recordó el sitio de la AIMS. La participación del joven Zabala había sido organizada en un hotel de Viena por su entrenador Stirling y Vojtech Bukovsky, el fundador del maratón de Kosice, quienes lo convencieron de su actuación, sino que el frío e inclemencia lo hizo temblar como una hoja antes de la salida, con una temperatura que nunca llegó a los 6ºC ese día, pero el argentino sorprendió a todos y triunfó con un ritmo rápido que sorprendió a todos que lo ovacionaron al término de la corrida.
Huérfano
La mayor tragedia comenzó a vivirla desde muy chico, al quedar huérfano a los 6 años, se sumaron las fantásticas historias que Zabalita supo contar de adulto, en las que aseguraba que había sido parido en la Embajada de Francia en Buenos Aires. Su padre, de origen vasco francés, había regresado a Europa para luchar en la Primera Guerra Mundial y su madre murió al enterarse que su marido había fallecido en combate.
Alfonso Cabal, su padrino, se encargó de él hasta que se volvió incontrolable y lo derivó a un reformatorio de Marcos Paz, allí conoció a su "otro" padrino, el austríaco Alejandro Stirling, que trabajaba como profesor de Educación Física. Un día tras ganar carreras internas de 400 a 3.000 metros, el docente tomó conocimiento que tenía en Zabala -con nueve años- a un superdotado.







