La Estación Mitre comenzó siendo un centro de distribución al que llegaban los vecinos de los barrios del suroeste de la ciudad cuyas casas se encontraban inundadas. Éste era el punto de encuentro y de traslado hacia los lugares que habían sido habilitados para alojar a los evacuados. Pero el mecanismo pronto se desarticuló y las familias comenzaron a establecerse en los galpones, salas y hasta en los andenes, con sus carros y pertenencias.
Desde el lunes a la noche, el centro es coordinado por un grupo de entre seis y 10 voluntarios que gestionan la llegada de las provisiones y tratan de brindar contención a unas 390 personas que se encuentran alojadas allí. “Hasta el sábado a la noche se hizo cargo la Municipalidad, pero después cedieron el mando a 5 chicos, uno de los cuales es pasante de una oficina pública. Ellos se pusieron el centro en las espaldas hasta el lunes a la noche, cuando dejaron el mando a la provincia, que tenía que venir y hacerse cargo del lugar, pero no vino ninguna autoridad. Necesitamos con suma urgencia que el Estado se haga cargo porque nosotros no damos más”, explicó Ignacio González, un vecino y voluntario que desde el miércoles está ayudando junto con la gente del Centro Cultural Birri.
Los colaboradores “estamos organizando todo pero no damos abasto. Encima no tenemos contactos para solicitar pañales, frazadas, colchones y bolsas de residuos”, se lamenta González, quien refirió que hasta esta mañana, ninguna autoridad oficial se hizo presente en el lugar.
La alimentación
Los colaboradores no se quedaron de brazos cruzados y gestionaron en los organismos oficiales para que la ayuda llegara. “El martes fuimos a pedir la comida a la Casa de Gobierno, porque eran las dos de la tarde y no había llegado ningún tipo de alimento, ni siquiera el desayuno. El almuerzo lo trajeron a las 15.45”, dijo Ignacio.
Ana María y Rosana, dos afectadas de barrios 12 de Octubre y Santa Rosa, dijeron que “cada cual se las arregla como puede porque así como llegamos, estamos. El que tiene plata pone un poco para cocinar entre todos”.
Esta mañana, Ulises, un voluntario del Centro Cultural Birri, sostuvo que ya se están normalizando los horarios de llegada de la comida, pero reclama colchones porque “hay gente que sigue durmiendo en el piso”, frazadas, pañales y desinfectantes. Entre los puntos a destacar, menciona el apoyo de Gendarmería y la presencia del Hospital Móvil de la Dirección de Emergencia Sanitaria.
Pero más allá de todo, los colaboradores solicitan la presencia de un “coordinador oficial” que se haga cargo definitivamente del lugar.
Los voluntarios dialogaron con miembros del Comité de Crisis de la Provincia y dijeron que les habían prometido que enviarían “tres personas de Promoción Comunitaria para que se hicieran cargo del lugar”, dijo González. Hasta ahora nadie llegó. A cambio le enviaron “tres estudiantes de Derecho, que no son gente de la secretaría. Vinieron nada más que a traer la cena, pero nos habían prometido gente que se iba a hacer cargo del centro”.
Falta ropa
En la Estación, las familias colgaron una gran cantidad de sogas para secar la ropa que van lavando, ya que sostienen que son prácticamente las únicas prendas que tienen para cambiarse porque el Estado no les proveyó ni indumentaria ni calzado.
El gobierno “nunca trajo ropa porque el lugar no estaba contemplado como centro, pero sí recibimos la ayuda de particulares, de Cáritas y de la Fundación Gasparotto, que también nos ha prestado un equipo de cocina y nos proveyó gas”, dijo Abel, otro colaborador.
A pesar de las necesidades y reclamos, los evacuados se sienten contenidos por la visita de los profesionales de la salud. “La asistencia es mala porque nadie se hizo cargo de nosotros. Lo único bueno es que vienen todos los días los médicos y atienden a los chicos. Eso nos da ánimo para seguir un poco más”, resalta Ana María, de 12 de Octubre.
En la Estación Mitre, la mayoría de las familias proviene de San Lorenzo, Santa Rosa de Lima, 12 de Octubre y Chalet, y algunos admiten que se negaron a trasladarse a otros centros porque no pueden llevarse consigo los caballos.
“Nos querían llevar de acá pero teníamos que dejar los animales. Pero si nos roban los caballos, después ¿qué hacemos?”, señala Benítez, del barrio San Lorenzo.




