Cuarenta años después de la muerte de Ernesto 'Che' Guevara en Bolivia, un puñado de fieles vinieron a expresar este martes su duelo en la pequeña aldea de La Higuera, lugar de su ejecución, lejos de las conmemoraciones festivas y las hordas de visitantes.
Las principales ceremonias en homenaje al Che se desarrollaron el lunes en Cuba y en Bolivia, donde se prefiere conmemorar la captura del ``guerrillero heroico'', que ocurrió el 8 de octubre de 1967, un día antes de su muerte.
No son muy numerosas, apenas unas decenas, las personas que emprendieron el camino de ripio que lleva a esta aldea colgada en la selva boliviana.
“Quise venir después del gran show mediático para rendirle un homenaje al Che. Estar acá representa un símbolo muy fuerte'', declaró a la AFP Norma Ríos, una estudiante boliviana que recorrió 1.000 km desde la capital, La Paz.
Partidaria del presidente socialista Evo Morales, cuya ``lucha tiene que ver con la del Che'', según dice, esta estudiante de filosofía no porta ni camiseta ni gorra con la efigie del guerrillero ni tampoco aprecia a lo publicistas de todo tipo que se han apropiado de su imagen.
Al interior de un puesto médico, abierto por médicos cubanos hace quince meses para curar gratuitamente a los campesinos de la región, Urbanis Ramírez, 38 años, uno de los dos tratantes, recuerda que el 9 de octubre es ``una jornada de luto, de tristeza''.
Irma Rosado, a cargo de una pequeña tienda que ofrece a los visitantes un plato de pollo frito, no esconde su tristeza.
“Tenía 21 años cuando vi a los soldados que se llevaban el cuerpo del Che después de su asesinato. En esa época no lo conocíamos y teníamos miedo de él. Me sentí culpable por su muerte durante mucho tiempo'', dice.
Sentado frente al negocio de Irma para protegerse de un sol aplastante, Gorka Osta, un español de Pamplona, sigue con mirada desconfiada a algunos turistas que posan frente al busto del guerrillero.
“Mucha gente no sabe nada de él. A mí no me importan los actos importantes. Prefiero estar acá, compartir este momento con los pobladores'', señala Osta, un técnico de 31 años que dice esperar un nuevo Che que libere a su país vasco.
Otros visitantes llegan hasta la antigua escuela de La Higuera, convertida hoy en museo, y donde un sargento del ejército regular boliviano acabó con el guerrillero de una ráfaga de ametralladora.
A la salida del pequeño edificio blanco de la escuela, Eric Prediman, un visitante argentino de 43 años confiesa que se le pone la piel de gallina y dice: ``Sabía que hoy sería un día tranquilo para recordar al Che''.
Uno de sus compatriotas, Martín Sharples, 41 años, escogió sufrir físicamente para testimoniar su admiración. A pesar de una pierna artificial, este habitante de Buenos Aires llegó en bicicleta.
Una delegación del Movimiento de los Sin Tierra brasileño, también se hizo presente para rendir homenaje al ex compañero de ruta de Fidel Castro.
“Creo que es importante recordar la fecha y el lugar del asesinato del Che'', afirma Marcial Congo, un portavoz del movimiento, y comparó al guerrillero con Jesús.
Un monje brasileño budista, que viene de un templo en Sao Paulo, propuso incluso un oficio religioso para esta jornada de reflexión.
Reportaje desde La Higuera, Bolivia
Día de duelo en el lugar donde el Che Guevara fue ejecutado
Fue un humilde acto en la pequeña aldea. “Sabía que hoy sería un día tranquilo para recordar al Che”, expresó uno de los presentes. Se cumplen 40 años de la muerte del guerrillero argentino-cubano.

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