La Asociación Volver a Empezar, presidida por Mimí Altare, organizó para esta tarde desde las 16, en el Gran Prix, un té show a beneficio de la Fundación María de los Ángeles, para lo cual convocó a su presidenta, Susana Trimarco. Esta valiente mujer tucumana es conocida en todo el país por la búsqueda que emprendió para recuperar a su hija Marita Verón de las garras de las redes de la prostitución y trata de personas.
En el marco de su visita, el Concejo Municipal (a instancias de la concejala María de la Regla Lastra) la declaró por unanimidad Huésped de Honor de la ciudad de Santa Fe.
Antes de estas actividades (a las que se sumará la charla que dará mañana a las 15 en la vecinal Schneider —Derqui 4095—, organizada por la Fundación Centro), se hizo un tiempo para dialogar con los medios en la Defensoría del Pueblo de Santa Fe, ocasión en la que también fue distinguida por el defensor Carlos Bermúdez.
Palabra de madre
“Caminé a lo largo y a lo ancho de nuestro país, buscando a mi hija, y fui descubriendo toda esta mafia organizada, con la perversidad que opera esa gente. Nuestra Fundación y yo especialmente como madre, como mamá de Marita Verón, pido el compromiso de todos los argentinos, y en especial a todos los hombres, porque los prostíbulos no existirían si no hubiera clientes”. Así inició Trimarco la conversación con los medios.
Y prosiguió: “Estamos luchando contra los explotadores de mujeres: es una violación contra los derechos humanos que una mujer, una niña, sea arrancada de su familia por estos delincuentes. Algunas son secuestradas, a algunas las llevan bajo engaño. Inmediatamente son inyectadas con drogas, con sedantes, para poder dominar a la persona, apoderarse y empezar a torturarlas psicológicamente: usan esos métodos para poder tenerlas en esclavitud, hacerlas trabajar y generar dinero para que ellos se enriquezcan.
“Cuando yo empecé en 2002 era una pobre madre, empecé a vender todo mi patrimonio de 32 años de casada con mi esposo para poder llevar adelante la búsqueda, la investigación de Marita. En ese momento teníamos de gobernador a Julio Miranda, un atorrante corrupto de la provincia de Tucumán, que después fue senador nacional: este caradura que no hizo nunca nada y metió toda la máquina en la Casa de Gobierno. ¿Cómo iba a encontrar a mi hija si veía que había complicidad del poder político, policial y judicial?
“Fue terrible para mi como madre salir de un hogar, de trabajar, de llevar una vida, y empezar a descubrir todo esto. Dios me hizo así, con este carácter: me gusta decir las cosas de frente; empecé a denunciar a los jueces, a los fiscales, fui custodia de la causa de mi hija (el expediente principal tiene 79 cuerpos, está marcado el mapa de la trata de personas).
“Iba inocentemente como cualquier madre a pedir ayuda, ellos le pasaban la investigación que yo llevaba a lo proxenetas, entonces Marita ya no estaba ahí cuando íbamos a buscarla.
Demoraban 15 días en dar las órdenes de allanamiento, mi hija era trasladada a otro lugar: de Tucumán a La Rioja.
“Mi hija sufrió dos secuestros: el primero fue con los delincuentes, con los mafiosos. La llevan a un lugar de Tucumán sedada, drogada y parece que se escapa de ese lugar, empieza a caminar 30 kilómetros, y cae en manos de la policía. Del segundo secuestro es responsable el Estado, la provincia de Tucumán. Y de ahí perdimos los rastros.
“Delante de cámara, de los delincuentes que me puedan ver, no voy a derramar una lágrima, porque Dios me fortalece para buscar a mi hija, y así encontré a todas estas víctimas que hoy las estamos ayudando con el tratamiento de curar su alma, porque son degradadas, son humilladas, golpeadas, drogadas. No es que vos las acompañás a denunciar y que la justicia se encargue: tenés que darle una cobertura total, íntegra. Nosotros trabajamos con la víctima, con la asistencia psicológica, en la parte legal (ponemos un abogado especial), tenemos nuestra asistencia social que hace la visita a su familia y trabajamos con la familia en pleno”.
—¿Usted cree que a partir de su irrupción se ha producido una bisagra en el tema?
—Cuando yo empecé en el 2002 a buscar a Marita me decían que estaba loca, me querían hacer pasar por prostituta, cualquier cosa. Veo que toda esta lucha de seis años va avanzando: la gente se va comprometiendo, los mismos funcionarios públicos: algunos me abrieron la puerta un poquito, necesitamos que la abran del todo y que se comprometan como funcionarios elegidos por el pueblo. Ellos tienen obligación, están puestos ahí para que resguarden nuestra seguridad, para que nuestras familias tengan el derecho de caminar libres por la calle.
Antes no había una ley, la trata no era un delito. Todos los delincuentes que tengo en mi causa, que son 25 imputados, 13 procesados elevados a juicio; tengo causas en La Rioja, en Córdoba, porque como no era un delito federal eran distintas jurisdicciones, tenía que ir haciendo denuncias y armando causas en distintas provincias.
Veo que mis gritos, el dolor de mi hija, ha servido para algo: tenemos una ley que todo el mundo critica; no será la mejor ley, pero lo importante es que se ha tipificado el delito y es federal. La estamos usando y nos está yendo muy bien. Lo que a mí me pasó no está escrito en los libros: yo puedo volcar toda esa información, toda esa sabiduría que aprendí con el dolor hablando con los jueces y los fiscales. Que salgan de las oficinas de estar sentados con aire acondicionado, porque cuando el fiscal está a cargo de una investigación tiene que ir y comprobar que lo que le está diciendo la policía es la verdad.
Apoyo mediático
—Lo que pasó con Vidas Robadas, ¿ayuda a la causa?
—Vidas Robadas está basada en mi vida. Estoy asesorando al guionista, el señor Marcelo Camaño. En concreto no está basada en la historia de Marita: es parte de la historia de ella, pero en realidad de todas las chicas que han sido secuestradas, sometidas a este delito.
Ha servido de muchísimo. Telefé me hizo una propuesta que no acepté, pero si acepté colaborar para que esto se difunda, para que esto se instale en la Argentina. Esto sirve para prevenir el delito, porque hay muchas familias que lo están viendo, que me paran por la calle y me dicen “ah, usted es la mamá de Marita Verón; veo Vidas Robadas, gracias señora”. “No”, les digo, “no me tiene que agradecer, porque no quiero que a usted ni a nadie le pase lo que yo estoy pasando. Mi nieta se está criando sin su madre, y a mí me robaron a mi hija”.
En el elenco de Vidas Robadas está la señora Soledad Silveyra, que es una persona increíble por el compromiso que tiene con los derechos humanos, también colaboraba con las mamás de Plaza de Mayo; Facundo Arana, un sol; los quiero a todos, con ese compromiso. Ellos fueron a la Fundación, ahora renovamos el contrato para seguir asesorándolos, esto va a ser hasta fin de año.
También hemos presentado en Telefé un proyecto muy importante (que trabajó la doctora Elizabeth Noli de nuestra Fundación, y nuestra comunicadora social Daniela Cinello) para hacer campañas de prevención y difusión del delito con los actores de Vidas Robadas.






