Hace 25 años, Ana Frank llegó a Santa Fe de la mano de una muestra que permitió acercar a chicos y jóvenes a la historia de una adolescente que escribió mientras permanecía escondida junto a su familia durante la persecución nazi. Con el tiempo, aquella experiencia dejó de ser solamente una propuesta para conocer la vida de Ana, a partir de la publicación de su diario, y se convirtió en el punto de partida de un recorrido más amplio y creativo.
Ana Frank: la vigencia de su figura en una propuesta santafesina de 25 años de trabajo con los chicos
Desde aquella primera muestra presentada en Santa Fe en 2001, la idea fue creciendo hasta convertirse en un proyecto amplio que busca abordar las violencias, los discursos de odio y la convivencia. Recursos lúdicos, audiovisuales y participativos ayudan a la reflexión de niños y adolescentes.

Hoy, Espacios Educativos -ubicado en La Rioja 2945- reúne buena parte de ese camino y de los aprendizajes adquiridos en el proceso. Se originó durante la pandemia, cuando el equipo comenzó a pensar cómo darle continuidad a un trabajo que ya llevaba años en un inmueble emplazado en el sur de la ciudad. El resultado es un espacio colorido y cuidado, adaptado a la muestra y al trabajo de grupos, en el que la historia funciona como herramienta para pensar problemas actuales de los chicos y adolescentes.
“Lo que nos enseñó aquella primera muestra del 2001 y seguimos aprendiendo es que teníamos que pensar nuevas maneras de transmitir conocimiento. Más allá de una charla o un libro, pensar que también se puede adquirir jugando, interactuando, participando. Y esa es la propuesta que fuimos moldeando aquí”, explicó Leonardo Simoniello, impulsor de Espacios Educativos, junto a Paula Gonzalvez, coordinadora de los contenidos, y a Joaquín Moreyra, guía de la Casa Museo.
Cabe destacar que el proyecto se vincula con el Centro Ana Frank Argentina (vinculado con la Casa de Ana Frank de Ámsterdam), el Museo Barrilete de los Niños de Córdoba (y sus muestras de Mafalda y Bernasconi), la asociación civil Pensamientos en Movimiento y otras instituciones que participan en distintas propuestas de Espacios Educativos.

Para hablar de las violencias cotidianas
La figura de Ana no aparece solamente como un personaje histórico. El equipo la recupera desde su dimensión humana: una adolescente que tenía miedos, deseos, conflictos y que atravesó una situación de violencia extrema.
“Eso es lo que nosotros encontramos acá, en el relato de Ana, que trasciende la frontera y el tiempo, porque de pronto no importa tanto eso, sino lo que te genera a vos”, plantearon Gonzalvez y Moreyra a El Litoral.
La conexión con el presente surge a partir de las emociones y de las situaciones que pueden reconocerse más allá de las enormes diferencias históricas. “Las emociones de Ana, salvando un montón de distancia, son las de una chica que sufre violencia y que siente que no tiene a quién contárselo, a quién expresárselo. Y ese sentimiento es universal”, sostuvieron.
Por eso, cuando los grupos llegan al espacio, el objetivo no es simplemente transmitir información sobre la historia del nazismo. Se busca generar “un lugar de empatía, de reconocimiento y de sensibilización”, a partir de la pedagogía de la memoria. "Los chicos vienen y participan, surgen reflexiones y aportes personales muy valiosos", dijeron.
Una Casa Museo que se renueva
La muestra “De Ana Frank a nuestros días” se convierte así en una puerta de entrada para hablar de cuestiones que atraviesan la vida cotidiana de niños y adolescentes: la violencia, la discriminación, el acoso, los discursos de odio y también el impacto de las redes sociales.
“Nos preguntamos por qué Hitler asumió el poder. Entonces, el contexto previo, contando y hablando lo que sucedería. Y después, una vez que asumen el poder, el proceso de nazificación”, explicaron.
La propuesta avanza sobre una pregunta central: “¿se puede construir un enemigo?”, para dejar paso a que los chicos analicen mecanismos como el hostigamiento, la clasificación y la creación de leyes que fueron restringiendo progresivamente los derechos de la población judía.

Pero el recorrido no termina allí. “Ahí es donde se hace una actividad, que es pensar los ‘otros negativos’ de hoy”, señalaron. Para establecer ese puente con el presente, utilizan publicaciones en Twitter en las que aparecen discursos de odio y discriminación. El objetivo es que los estudiantes puedan identificar mecanismos que, aunque se presentan en contextos completamente diferentes, tienen elementos que permiten analizarlos.
“Buscamos justamente hacer esa conexión pasado-presente, porque la violencia sigue estando. Y Ana es, digamos, como ese medio desde el cual nosotros nos podemos acercar desde un lugar más sensible y que se logran identificar”, agregaron.
No todos aprenden de la misma manera
Otro de los aprendizajes acumulados durante estos 25 años es que no se puede trabajar de la misma manera con todas las edades. Espacios Educativos recibe principalmente grupos escolares de 4°, 5° y 6° grado, además de 7° y estudiantes secundarios. Cada segmento tiene sus propios recursos y dispositivos, incluso hay audiovisuales cortos y didácticos creados por el personal del espacio.
“Tenemos que encontrar las maneras de transmitir para cada grupo, porque no podemos poner el mismo discurso para todos si queremos realmente sensibilizar”, explicaron los coordinadores.
Para los más chicos utilizan recursos lúdicos que permiten reconstruir, por ejemplo, el proceso de clasificación y exclusión durante el nazismo. Una de las propuestas muestra cómo una persona es señalada, marcada y progresivamente privada de derechos. A partir de allí, los estudiantes pueden visualizar que la construcción de un “otro negativo” no ocurre de un día para otro, sino que implica una sucesión de mecanismos.

Uno de los conceptos que el equipo fue desarrollando con el tiempo es el de los roles en situaciones de violencia. La mirada tradicional suele concentrarse en dos figuras: quien agrede y quien es agredido. El trabajo de Espacios Educativos incorpora a otros dos roles: quienes “observan” la situación de acoso y quienes pueden “proteger”.
La reflexión surgió a partir de la propia historia de Ana Frank. “Ana escribió el diario porque tuvo protectores, que la escondieron, la alimentaron y acompañaron”, explicó Simoniello. De allí surgió la idea de incorporar a autores que complejizan los roles y la idea del observador, lo cual permite abordar situaciones de acoso en ámbitos educativos desde una perspectiva grupal.
Una usina de recursos
Todas estas reflexiones quedaron plasmadas en el libro “¿Podemos elegir cómo actuar? El dinamismo de los roles en situaciones de violencia”, que reúne aportes construidos por el equipo durante años de trabajo y apoyados en diferentes autores. “La decisión del libro tenía que ver con dejar justamente escrito un montón de conceptos que se fueron construyendo con la experiencia y los aprendizajes que tuvimos en todos estos años”, contó Simoniello.
El trabajo no se limita a las visitas escolares. Espacios Educativos también desarrolla capacitaciones para docentes, presenciales, virtuales y mixtas. Actualmente trabajan en propuestas vinculadas con prevención, memoria, roles en situaciones de violencia y elaboración de materiales educativos.
En este último caso, la idea es compartir con los docentes no solamente los recursos terminados, sino el proceso para construirlos. “En vez de poner una venta de recursos lúdicos, enseñamos a hacerlos”, resumió Gonzalvez.

Sumar, revisar y volver a pensar
La experiencia acumulada también permite que los materiales sean revisados permanentemente. El equipo reconoce que no todo funciona de la misma manera y que parte del trabajo consiste justamente en probar, evaluar y modificar. “Hay veces que es prueba y error también, hay cosas que no funcionan. Y entonces está bien también mejorarlas”, indicó.
Simoniello resumió el recorrido como una sucesión de etapas: las primeras muestras sobre Ana Frank, la incorporación de recursos audiovisuales, los proyectos vinculados con la convivencia, experiencias sobre comunicación no violenta y, finalmente, las iniciativas de Espacios Educativos. “Fueron dándose como eslabones de una misma cadena, pero que tuvo esto de mucho crecimiento, de mucho sumar”, dijo.
Esa lógica explica por qué aquella muestra que llegó a Santa Fe hace un cuarto de siglo no es hoy la misma y se sigue reeditando. En esos 25 años cambiaron algunas preguntas y los lenguajes con los que se relacionan los chicos y adolescentes. Pero la figura de Ana Frank sigue funcionando como un punto de entrada, no solamente para hablar del nazismo y del Holocausto, sino para que la memoria no quede encerrada en el pasado y que sirva para aprender a mirar lo que ocurre hoy.









