Alberto Fuguet es un escritor y cineasta nacido en Santiago de Chile. Estudió Periodismo en la Universidad de Chile. Durante su carrera como periodista fue cronista, columnista y crítico de cine, música y cultura pop en diferentes medios nacionales e internacionales.
"Me parece raro que no hubiera más herederos de Puig"
El escritor publicó “Ushuaia”, una novela de época atravesada por guiños a la cultura popular argentina, que dedicó a “Chago” Errázuriz, el joven cuya muerte conmocionó a Chile en 2005.

En el plano literario, publicó novelas, cuentos y libros de no ficción, que han sido traducidos a varios idiomas; entre ellos destacan: “Enrique Alekan”, “Sobredosis”, “Mala onda”, “Por favor, rebobinar”, “Tinta roja”, “Las películas de mi vida”, “Cortos”, “Apuntes autistas”, “Missing (una investigación)”, “Tránsitos”, “No ficción”, “Sudor” y “Rebalsar la piscina mental”. Además, ha dirigido largometrajes, documentales y videoclips. Ha obtenido las becas Fulbright y Guggenheim. Fue parte del Iowa Writers’ Workshop. Actualmente se desempeña como profesor en la escuela de Literatura Creativa de la Universidad Diego Portales. “Ushuaia” es su última novela.
El Bruno real
Alberto Fuguet no tuvo que viajar a Ushuaia para escribir un libro llamado “Ushuaia” (2026, Tusquets). Tuvo que conocer la trágica historia de Santiago Errázuriz Lobo, dejar que el fantasma lo habite hasta poder entender su lenguaje y, finalmente, darle la voz. Y hallar una palabra que encierre el eco de un misterio insondable como el que esconde la capital de Tierra del Fuego.
“Chago” fue un joven de 18 años que falleció en noviembre de 2005 luego de una intensa búsqueda. “La prensa quedó impresionada porque era un chico de clase alta y era moderno: tenía Fotolog y un blog que se llamaba Clonazepam. Yo me di cuenta de inmediato que si alguien le ponía su blog Clonazepam, la cosa iba para mal”, cuenta Fuguet a El Litoral. Sin embargo, aclara: “Todos éramos más ingenuos. Si las redes sociales eran una conexión al mundo, tú podías tener amigos en Finlandia y podías descargar toda la música, ¿por qué podía pasar algo malo?”
Alberto se involucró emocionalmente con el caso. Le seguía el rastro a todo el material que circulaba en los medios. Casualmente, se encontró con el hermano de Chago, por quien se enteró que el adolescente fallecido era fan de sus películas. Luego, recibió un disco duro. “Desde ese momento supe que me tocaba hacer algo con ello. Me sentía como convocado o con una responsabilidad. Yo he escrito otros libros después, con otros tipos de Bruno, pero el Bruno real apareció acá”.
-¿En algún momento pensaste que “Ushuaia” podía adquirir un lenguaje audiovisual?
-No. Me ha pasado muy pocas veces que he tenido que decidir si algo es literatura o no. Ahora quizás podríamos discutir eso. O si tendría algo de teatro. Pero yo ya no me siento cineasta: siento que ya cumplí mi ciclo.
El cine es la nueva literatura. Es una cosa de élite, sobre todo el cine que no es de Marvel. Confío que libros un poco más pop -como “Ushuaia” o “Ciertos chicos”-, puedan llegar a más gente. Al menos, no tienen que triunfar en el mismo día que salieron.

Escritores B
La figura de Bruno representa, en “Ushuaia”, la juventud de un escritor-B. Un escritor no reconocido o reconocido tardíamente. Uno de los más resonantes en la literatura reciente del país es Busqued, a quien Fuguet califica ahora como “un B plus que se está acercando al A”. Siguiendo con el ejemplo del autor de “Bajo este sol tremendo”, el escritor chileno pone segunda: “Muchas veces, los que ganan dan vergüenza ajena. Y envejecen muy mal. Si tú quieres mandar un libro a uno de esos concursos, mándalo, pero crucemos los dedos para que no ganes. Porque es el fin de tu carrera y todos van a partir de la premisa que no te lo merecías. Hay muy pocos libros ganadores que a mí me interesan. En cambio, puede interesarme mucha gente que ha perdido. Pasa también con los Oscar o con Cannes”.
No llama la atención el seudónimo elegido por Bruno: Frecuencia Perdida. En el montaje de los fragmentos que motorizan y bifurcan el camino hacia la biografía oral de un casi, lo retro -con un etéreo aroma radiofónico- es un componente cenital de la educación sentimental del personaje. “Algo que yo quería que ocurriera era presentar el libro o hablar de él en Argentina, porque siento que es un libro medio argentino”, confiesa Alberto. “También me da un poco de nervios porque quizá no corresponde meterme en una tradición que no es mía. Y, sin embargo, la tradición es de todos aquellos que uno lee, más allá de los países. A mí me gusta bastante la literatura B. Me parece que el mayor B (o A, depende de los tiempos) es Puig”.
-Hablando de Puig, en el arte de la correspondencia epistolar que sobrevuela “Ushuaia” se van pincelando melodramáticamente tanto Chago como Bruno.
-La pregunta por Bruno (¿quién es?) es una constante. Pareciera que se va respondiendo y no se responde al mismo tiempo. Yo estoy un poco aburrido de que todo sea una sola historia, que importe más la historia que la prosa o la construcción. Me parece raro que no hubiera más herederos de Puig. Es linda la palabra “pincelar” y también que cada uno haga su trabajo. El libro es como un puzzle: juega con el melodrama, pero está disfrazado de policial, de thriller existencial. En este país que les gusta tanto el psicoanálisis, es como tratar de construir las razones (si es que las hay). Yo creo que la vida es mucho más compleja. Mejor poner ambigüedad y jugar con el cotilleo, para que cada uno construya y tenga su versión.
Uno de mis personajes favoritos es el chico que hace las entrevistas. Quizá lo retome. Estoy seguro de que él se identifica con Bruno y se siente cercano a él. Es una suerte de fan. Bruno no es Andrés Caicedo ni Gustavo Escanlar. Ya hice los libros de esa gente de la cual he sido fan. Igual me parecía que Bruno se merecía un libro. Bruno no es Carlos Busqued, no es un escritor maldito. Es, más bien, un chico maldito que pudo haber sido escritor. Y es bueno que no sea tan bueno. Yo creo que es bastante bueno, pero es un chico “in progress”. A veces yo me siento así. Después viene el “escritor in progress”. Eso me parece B. El A puede decir: “Yo ya sé quién soy. Esta es mi poética, esta es mi prosa. Yo merezco el Cervantes. ¡Respetame!”. Curiosamente, yo creo que todos los B dudan, cambian, se desvían, se dejan llevar. Supongo que es gente más rara.

Hacerlas hablar
Leticia, la madre de Bruno, es central en la trama de “Ushuaia”. La farmacéutica elabora una peculiar ingeniería para articular el chisme de famosos venidos a menos con la lectura adivina de los pesares de sus clientes. “Leticia opina de los cuerpos, de la gente, de la ropa, de todo el mundo, como si nadie la estuviera leyendo o grabando. Así era hasta hace poco. Y yo creo que sigue siéndolo -sobre todo lo que se llama cringe-. Bruno sabe que ya hay cosas que no se pueden decir, pero a ella le da lo mismo”.
Para la construcción del personaje femenino, Fuguet se enfrentó nuevamente a sus saberes sobre la cultura popular argentina. “Ahí me metí en un rabbit hole. Traté de entrar por lugares que yo podía acceder. Sé que hay un cine de oro acá, pero tampoco quería que fuera alguien tan famoso como Moria Casán. Empecé a trabajar con una película que a mí me encantó -y probablemente mucha gente la odia-: “Pasajeros de una pesadilla”. Yo la vi a los 17 o 18 años, me pareció muy fuerte y audaz. Entonces busqué las películas que hizo Alicia Bruzzo y ciertos actores B que le podrían interesar a una chica curiosa de San Luis, como el equivalente de otros actores o actrices norteamericanos. Buscaba hacerlas hablar”.
A pesar de afirmar su retiro de las arenas cinematográficas, el entrevistado no reniega de las huellas del lenguaje audiovisual presentes en algunas fintas: las luces y las sombras, la música incidental del temblor a lo largo de la novela. Otra forma de eludir al descalabro de las certezas de toda persona que habite dicho universo (este también). “Yo hice un libro con un sismólogo como protagonista (‘Las películas de mi vida’, 2003)”, rememora Fuguet. “En cierta parte Argentina tiembla. Pero me parecía una buena manera de dar la bienvenida con un terremoto que existió [Terremoto de Algarrobo, 1985]. Más bien partí del Festival de Viña. Cuando decido la época tengo que hacerme cargo de lo que pasó en ella. También quería armar el lazo que hay entre Chile y Argentina en esa zona bastante cercana: la idea de ir a veranear, a conocer el mar”.
-Nunca viajaste a Ushuaia, ¿verdad?
-Tampoco creo que haga falta. A San Luis sí me hacía falta ir. Yo escribí la parte de San Luis sin ir y después fui. Pero a Ushuaia no fui. No es un libro sobre gente que vive en Ushuaia ni la historia de un chico que trabaja en un hotel o es guía de turismo. Sí he estado en la parte chilena, Puerto Natales. Después me pareció divertido no ir.
Conozco un escritor que se llama Peter Cameron. Él sacó un libro (“Andorra”). Me dijo que lo mejor que le había pasado con ese libro, que no está entre los más conocidos, es que lo contactó el embajador de Andorra en Washington y estaba muy impresionado. Ushuaia está en esos títulos de lugares raros. Creo que es el plan secreto: que la municipalidad de Ushuaia me invite a presentarlo allá.

Me corresponde
-¿Cómo te llevas con los blogs? ¿Alguna vez tuviste alguno? ¿Sos de leer blogs?
-Googleaba y seguía algunos. Tuve uno, pero no era personal, ahí subía artículos que escribía, pero creo que fue tarde. Yo me salté esa época. Supongo que eso me hace muy distinto a los jóvenes de esa época. Nunca tuve Fotolog ni he sido un tuitero compulsivo ni nada por el estilo.
Me parece que todo el mundo sigue escribiendo de comienzos de siglo XX, sin impunidad. Yo siempre soy tan ingenuo que pienso que están hablando de 1998 o 2003, y la gente habla como si este siglo no existiera. Como si estuviera escribiendo una novela ambiental al comienzo del siglo, de este siglo. Ya llevamos 25, 26 años y creo que es muy distinto 2002 a 2026: política, tecnológica y sexualmente.
A este mundo nadie lo estaba escribiendo. A mí me corresponde tratar de escudriñar estos tiempos. Yo siempre siento que estoy atrasado o adelantado. Pero me parecía que no había un libro, incluso escrito por gente de tu generación, sobre blogs, sobre esta era. Por eso lo hice. Este libro está un poco escrito para ti que eres como un Bruno. Pero tú estás vivo, eso es lo importante.

Spin off
“Yo estaba en una beca en el Malba. Lo único que quería era que llegue el día para irme a San Luis. Y todo el mundo me decía: ¿por qué vas a San Luis?, ¿a qué? No sé cuál pregunta era más insultante que la otra... Yo estaba transpirando en el aeropuerto, no sabía dónde iba, qué tipo de gente era. Sentía que iba a Albania en la época en que no se podía ir. Al aterrizar ya estaba hablando con la gente de San Luis, viendo el acento. Llegar fue como llegar a Oz. Fue mucho más lindo, más civilizado y más grande de lo que yo esperaba. Sentía que ya era mía, solamente tenía que arreglar algunos detalles”.
Por eso días cuyanos, Fuguet subió una foto del Automóvil Club Argentino. “Una especie de estatua freak, muy de los años ‘30”, reconstruye desde Buenos Aires. “Muchos me decían: ¿San Luis, Missouri?” Entonces, le escribió una fan sanjuanina para preguntarle si estaba realmente en su provincia o era IA. “Nos juntamos. Le conté la historia y le hice preguntas. Me ayudó sobre todo con el personaje de Facundo”.
Traga saliva, punto y aparte. Alberto Fuguet prepara una sentencia que bien podría ser dicha para sí misma. “Es importante no sentir que ya estoy listo, que aún tengo libros por escribir. ‘Ushuaia’ era uno de esos”.








