"Ha, cuando se corre la bruma": distopía noir, memoria e identidad
El viernes 6 y sábado 7 de marzo se podrá disfrutar de funciones de la Comedia UNL 2025 (21ª propuesta) en el Foro Cultural UNL. En diálogo con El Litoral, los dramaturgos y directores Sofía Gerboni y Javier Bonatti repasaron el origen y el crecimiento de esta propuesta inmersiva, en un mundo donde cada día comienza desde cero.
Saludo final: Mariana Gerosa, Diego López, Lautaro Ruatta, Alejandrina Echarte, Sofía Gerboni, Ana Municoy y Javier Bonatti. Foto: Gentileza Muba / Gabrién Battú
El viernes 6 y sábado 7 de marzo a las 21, en el Foro Cultural UNL (9 de Julio 2150), se realizarán dos nuevas funciones de “Ha, cuando se corre la bruma”, obra de la Comedia UNL 2025, escrita y dirigida por Sofía Gerboni y Javier Bonatti, con producción de la Compañía Las Margaritas. El elenco está conformado por Alejandrina Echarte, Ana Municoy, Diego Julián López, Lautaro Ruatta, Sofía Gerboni, Mariana Gerosa y Javier Bonatti.
En un mundo donde cada día es un reinicio, la propuesta reflexiona sobre la memoria como aquello que une a las personas y hace que las cosas sean, vivan y existan. Se trata de la 21ª primera obra de la Comedia Universitaria, un proyecto que la UNL viene sosteniendo desde el año 2003, con el objetivo de fortalecer y acompañar a los grupos escénicos de la ciudad y la región. Las entradas tienen un costo de $ 12.000.
Dice la sinopsis oficial: “Cada mañana al despertar, sin recordar nada del día anterior ni de cualquier otro, una grabación automática pone en situación a cada persona, haciéndole saber quién es y permitiéndole acceder solo a la memoria necesaria para los labores de ese día. (...) Si alguien escuchara la grabación preparada para otro, el mundo sufriría un leve cimbronazo. Hasta ahora, nunca ocurrió. El dispositivo nunca falló. Hasta ahora”.
El Litoral conversó con Gerboni y Bonatti para repasar el recorrido desde la gestación a la evolución de esta propuesta que está cerrando un ciclo.
Reencuentro
-Vuelven a la sala donde empezó todo y para dos únicas funciones. ¿Qué significa ese regreso para ustedes?
Javier: -Es raro y emocionante, porque va a ser probablemente la despedida: excepto “Ricardo, una farsa”, que tuvo más de cien funciones, las Comedias en las que estuve implicado se arman para el Foro; y después se hace muy difícil sacar las cosas de ahí, básicamente porque no pasan por las puertas. Hay materialidades muy pesadas: en “Ha” hay dos estructuras muy grandes que si las sacamos del Foro no tenemos dónde guardarlas.
Entonces sabemos que muy probablemente la obra se agote en el Foro, lo que nos parece muy triste. Pero también nos da este entusiasmo de decir: “Che, esto se termina acá”. Y el pensar algo con un plazo de tiempo genera una adrenalina distinta; el decir: “OK, son las últimas dos, y realmente no sabemos si la vamos a volver a hacer, y si la hacemos no será igual para nada”. Porque esos dos módulos, por ejemplo, es imposible que nos lo podamos trasladar: todo será readaptado en caso de que queramos seguir.
Así que es emocionante saber que es la despedida de un proceso hermoso.
Sofía: -Vamos a hacer dos funciones, pero no sé si todavía caímos en la idea de que son las dos últimas; sí decimos que son únicas porque por ahora no programamos más que esas dos. Pero de a poco voy pensando en que realmente son pueden ser las últimas, al menos en un tiempo.
Echarte y Ruatta como los protagonistas de la trama policial. Foto: Gentileza Muba / Gabrién Battú
Identidad
-Está este mundo donde la bruma hace comenzar desde cero a todos ¿Cómo surgió esa idea de trabajar sobre la memoria como eje central?
Javier: -Capaz que fue algo de casualidad, y nada es casualidad. La Comedia Universitaria anterior fue “Flota”, una obra que hablaba de la memoria de la inundación de 2003. La idea de “Ha” es previa a quedar en la convocatoria de la Comedia; pero siempre la memoria es un tema.
Lo primero que se nos ocurrió como grupo es hacer una obra de ciencia ficción. La primera escena que teníamos es la de alguien viendo un crimen que estaba cometiendo, pero no acordándose de haberlo cometido. A partir de ahí ya hay algo de la identidad que empieza a jugarse.
-Muy Philip K. Dick.
-Sí, tal cual: “Yo no soy ese”, pero sos ese. Es una escena que está, pero no como una escena central. A partir de una escena disparadora que nos hable de sospechar de tu propia identidad ya inevitablemente nos lleva a empezar a desandar, y todo eso habla de esto.
-Esta idea de la memoria como ilógica, como frágil, ¿qué resuena en nuestro presente?
Sofía: -Tuvo resonancias bastante singulares: para cada persona la memoria es algo muy particular y a la vez muy colectivo, porque no solamente está la memoria de cada quién, sino la que compartimos como sociedades, como ciudades, como grupos.
Recuerdo cosas como poder relacionar la obra y toda la problemática de la memoria con la identidad, y poder linkearlo con toda nuestra historia en relación a la dictadura. También a nuestra construcción de la identidad en relación a las nuevas tecnologías: cómo nos van llenando de información en relación al al algoritmo, a las publicidades, a lo que supuestamente nos gusta, queremos, deseamos.
No sabemos si eso realmente forma parte de nuestra identidad, está construyendo nuestra memoria, o si en realidad está llegando por medio de todos estos dispositivos y todas las plataformas. Esta cosa de la memoria ha desentrañado, ha esparcido una pluralidad de percepciones en la gente: fue bastante singular para cada público.
Javier: -Estamos en un contexto donde los que hacemos arte nos quedamos cortos con lo que nos pasa, porque creemos que estamos mostrando un futuro distópico...
Sofía: -Y se nos aproxima: escribís algo para el futuro, pero en realidad al otro día ya está pasando.
Javier: -Cuando estrenás ya te pasó por encima. Vivimos tiempos en donde es como si nada importara, el pensar “de dónde venimos” (como dijo nuestro queridísimo Luis Mino): ni siquiera está en consideración el pensar el origen.
Sofía: -El peso que tiene lo inmediato, lo que está pasando; escuchar la memoria de los que ya estuvieron, de los que ya vivieron, está muy en desuso.
Javier: -Pobre Cerati, ¿no?, pero es un gran culpable de todo esto; todas estas nuevas frases que se usan: “Siempre es hoy”, “Vivir sin fin”. No: todo tiene un fin, todo viene de algún lado, nunca es hoy, siempre es ayer y mañana. Todas estas frases que están de moda y que impregnan tanto el imaginario del inconsciente colectivo: generan que no importe nada.
-Cruzando el contexto tecnológico con esa escena fundante, los recuerdos de Facebook te devuelven un vos de un pasado y decís: “¿Este era yo? ¿Qué estaba haciendo? ¿Por qué decía eso?”.
Sofía: -En el caso de la obra estamos hablando de seres humanos y de otros no humanos; pero de humanos que no tienen esa posibilidad: no hay ningún dispositivo que te hable del pasado; todos te hablan del hoy, de lo que hoy sos y tenés que hacer, y tenés que consumir, y tenés que decir y sentir.
-Es como levantarse cada mañana y sos tal, tenés que cumplir con tal cosa.
Sofía: -Exacto, y es un poco lo que pasa con nuestros dispositivos: nos levantamos y vemos la publicidad (al menos los que tenemos Instagram) que nos dice: “Tomá, ¿querés esta remera? ¿Querés este viaje? ¿Querés esta vida, este cuerpo, esta relación?”. Todo.
Javier: -Esto de los recuerdos de Facebook es central, porque hasta el recuerdo ya está fabricado: esa es la catástrofe. Porque el recuerdo y la memoria debería ser una construcción constante del ser humano propia y colectiva; y sin embargo ya está: el recuerdo es esto, la historia es esta y la memoria es esta.
Sofía: -“Me relajo, total Facebook me lo va a recordar”.
Javier: -Nos vamos atrofiando.
Narrativa
-Si la consigna fue la ciencia ficción, ¿cómo se llegó a este clima del noir, de policial de los 50?
Sofía: -Por un placer de investigar en la estética de las películas del cine negro: nos seducía esa idea. Y la posibilidad que nos da la ciencia ficción de meternos en todos los géneros: puede ser un policial, una novela romántica, cualquier cosa; y pensar este cine negro con estos tintes futuristas distópicos.
Javier: -Creo que lo primero fue el policial, porque la escena esta de alguien mirando la veíamos en policial negro. Pero eso que está pasando ya te lleva a la ciencia ficción: alguien que está mirando un crimen que no cree haber cometido te tira un centro a un universo construido.
-Además está la dinámica de la pesquisa, desandando el camino del crimen.
Javier: -Sí: la foto, la pista, el nombre atrás, bien cliché
Sofía: La sensualidad también: todo es el crimen, pero a la vez es la estilización de la muerte, del gesto, del cigarrillo.
-La damisela en problemas...
Sofía: -El grito, espectacular.
-¿Como fue el trabajo de ustedes, desde la escritura y la dirección, hacia el elenco? ¿Cuán escrita llegó la obra? ¿Cuánto hubo de trabajo, de laboratorio con los actores?
Javier: -La obra la escribimos con Sofi en un viaje que tuvimos con la compañía presentando nuestra obra anterior, “Háganme acordar (qué día fue ayer)”, por Mendoza. La escribimos ahí en plena en plena gira, todo el tiempo íbamos charlando: Diego (López) iba a iluminar, Ale (Echarte), Mariana (Gerosa) y Anita (Municoy) iban a encargarse de la escenografía.
Siempre estuvimos charlando, aunque los textos fueron nuestros al momento de llevarlos al ensayo. Por supuesto que te agregan cosas, te sacan otras, hay gestos, “Ay, pero esto lo puedo decir así”: “Sí, decilo como quieras”. Lo más lindo es que después pasan las funciones y cuando estamos llegando al final (como ahora) vuelven a todo como debería haber sido: es maravilloso.
Es hermoso que pasen esas cosas, porque uno (que también es actor) siempre está queriendo ver cómo se vería mejor, cómo pasaría esto. Y cuando ves que la actriz o el actor, aunque hayan pasado 20 funciones, da la vuelta y dice: “Che, ¿y si como nos habías pedido en un principio, hacemos esto?”. “Sí” , les digo, “de una, hagamos eso”.
Imaginería
-¿Cuándo se abrió a la realización audiovisual y los dispositivos escénicos?
Sofía: -Ahí fue acompasado entre lo que necesitábamos y lo que ya habíamos imaginado: iba apareciendo. Había algunas escenas que nos imaginábamos que eran proyecciones y que eran videos, y después fuimos necesitando algunas cosas: entonces se agregó la carretera, se agregaron ciertas imágenes que venían con la necesidad en los ensayos.
Javier: -En el último mes resolvimos los fondos: la obra casi siempre tiene un fondo de ciudad que acompaña a la materialidad escénica; eso lo resolvimos con Salva Ramayo, que hizo unos diseños hermosos.
Pero en un momento la obra pedía un telón de fondo que tenga que ver con el cine; que no sea un telón, sólo cartón pintado, sino que ese cartón pintado esté también acompañado por una película: por algo que se mueva, que haya un humo que aparezca y que esté ahí atrás.
Sofía: -Los artefactos también fueron bastante previos a los videos, porque ya íbamos trabajando en taller: íbamos a El Birri y ahí armamos el tallercito de “Ha” antes de mudarnos al Foro. Así que fueron imaginándose a medida que iban empezando los primeros ensayos y con las cosas que conseguíamos: por suerte conseguimos muchas cosas.
-El cartel de Kusturica.
Sofía: -Sí, gracias a Marilyn (Pérez) que nos cedió este cartel maravilloso, que a la gente le encanta verlo. Ahí se hace el acto de la memoria, cobra efecto: los suspiros, la gente diciendo: “No, Kusturica”. Es fantástico.
-Que es el bar que rota y es la cama, la habitación. Una cosa es pensarlo, otra es hacerlo y ver que después funcione.
Sofía: -Tal cual: nosotros lo imaginamos, pero por suerte contamos con Pablo Martínez, y Mariana, Anita y Ale que no sólo imaginaron ese dispositivo sino que lo llevaron a la concreción y se logró. Decíamos “que gire la cama”. Bueno, giró (risas), y fue fantástica.
Javier: -Uno tira máximas esperando que no suceda, “después lo vemos”. Pero cuando pasa es “oh, pasó”.
Sofía: -Pablo y Mariana son geniales: porque realmente hacen posible lo imposible.
López y Municoy como la dupla de investigadores, en el bar que recupera el cartel de Kusturica. Foto: Gentileza Muba / Gabrién Battú
Calibración
-Hay un trabajo de ajuste, de timing: hay muchas simultaneidades, la escena de acá pisa el final de la escena de allá. ¿Cómo fue ese “finito”?
Javier: -Difícil. Desde el vamos pensamos en la simultaneidad, por eso pensamos en la obra apaisada: quienes no la vieron se van a encontrar que la Sala Maggi en vez de a lo largo está a lo ancho, simulando una pantalla de cine. Por eso nos gustaba tener tres espacios bien definidos donde sucedan las cosas.
En mi cabeza flasheaba con las películas de Brian De Palma, que parte la pantalla: ves a un personaje acá y otro haciendo otra cosa. Dije: “Oh, que genial, quiero hacerlo en teatro”, que es prácticamente imposible.
Se consigue algo totalmente diferente a una pantalla partida, pero se genera algo extraño; a veces la gente reniega un poco: “Che, mientras miraba esto me perdía aquello”.
Sofía: -Y no pasa nada... Queremos que suceda lo que tenga que suceder: que la gente ponga el ojo donde quiera y que lo que se pierda no es lo más grave. Creo que al presentar este espacio a lo largo y tener todos nuestros sectores, nuestras habitaciones o lugares presentados, es muy difícil que la simultaneidad no surja; porque no hay posibilidad de velar absolutamente.
No podemos poner un telón en la UCD y que nadie vea lo que está pasando ahí si hay un personaje. Entonces, sí, quizás el personaje está haciendo una acción chiquitita, pero está ahí. Y si te la perdés, te la perdés.
Mutaciones
-¿Cómo fue evolucionando, cambiando la obra con el correr de las funciones?
Javier: -Pero para mí siempre cambian para bien las obras. Como bien decís tiene simultaneidades; hay cosas que estaban más lentas en un principio: el pasaje de un espacio al otro se daba con un poco más de... no torpeza, pero técnicamente más lento.
El transcurrir de las funciones, en lo que es sobre todo la coreografía técnica, fluye mucho más. Sobre todo las transiciones, que empiezan siendo un poco torpes, un poco lentas, y de repente empiezan a fluir como si fuera un fade: se va uno y entra el otro, y no te das cuenta cómo pasó. Eso en esta obra es fundamental, y ese fluir te lo da inevitablemente el transcurrir de las funciones.
Sofía: -Me animo a decir que el texto no es complejo de leer, porque lo escribimos y lo leímos un montón de veces (risas). Puede llegar a ser un poco complejo como está presentado, la forma en que la voz empieza a aparecer en medio de los de los diálogos entre los personajes.
Creo que el transcurso de las fusiones nos dio tiempo para pensar en los personajes; llegamos a un momento en donde los conocimos un poco más, entendimos más sus vacíos, porque están vacíos de memoria, pero a la vez no: están cargados de una identidad humana que tienen que ir descubriendo.
Mi sensación, porque también estoy actuando en la obra, es que lo fui conociendo un poco más al personaje.
Javier: -Creo que pasó en todos los actores y actrices de la obra. Muchas veces se estrena con algún actor o alguna actriz, o todos, no entendiendo del todo el modus operandi de su personaje en cuestión.
Y a medida que van viviendo como ese personaje empiezan a entenderlo: “Ah, claro”. Empezar a descubrirlo en funciones es maravilloso.
-En Santa Fe y en el interior uno convive con el hecho de que lo que en otros lugares te lleva a que la obra alcance cierta madurez, acá la temporada promedio terminó un mes antes.
Sofía: -Sí, es muy difícil sostener una temporada larga en Santa Fe. Por eso una fantasía para el teatro como hecho artístico sería poder seguir sosteniendo las funciones: para que vaya creciendo, para que la vaya viendo muchísimo más gente, que mucha gente se acerque a ver el teatro, no solamente las personas del círculo del teatro.
Que sea accesible para para todo el mundo: así como vamos al cine y está lleno de gente, que la sala de teatro todo el tiempo se renueve. Así nos beneficiamos todos.
Javier: -El programa de la Comedia Universitaria es maravilloso, porque es imposible que una obra independiente pueda sostenerse seis meses ininterrumpidos en cartel, porque necesitás tracción.
-Y en la misma sala.
-Sí, aparte es una sala hermosa. Tenés el aparato comunicacional de la Universidad a disposición, el acompañamiento de las tutoras, que está buenísimo: realmente ayudan, porque apuntalan.
Como programa es genial: contar con seis meses en una sala todos los sábados, saber que vas a trabajar de eso durante seis meses, es un montón.
Sofía: -Es un regalo profesional para uno como hacedor, te mete en un ritmo en donde podés adquirir mucha práctica en tu oficio teatral. Se hace así: no hay escuela de teatro, no hay universidad que nos prepare para estar todos los días en una sala, montar, maquillarse, prepararse, convivir, aprender a trabajar con un equipo. Es maravilloso, espero que la Comedia Universitaria siga siempre.
Gerboni por dos: como el robot humanoide y su modelo anterior. Foto: Gentileza Muba / Gabrién Battú
Recuerdos eléctricos
-Te reservaste el personaje del robot, hay una onda Fritz Lang, “Metrópolis”; también estás en la máquina no humanoide. ¿Por qué?
Sofía: -Porque me gustan los robots, mucho. Queríamos tener un ser no humano en la obra, queríamos que haya un androide, un robot. Me gusta mucho el desafío de crear un personaje tan distante en relación a la composición biológica del ser humano. Me llamaba mucho la atención, me seducía mucho; sobre todo para poder generarme algún desafío actoral en los movimientos, en los gestos, en el ritmo.
Me parece muy conmovedor también: Javi y yo consumimos un montón de ciencia ficción y hablamos mucho de cómo son los androides o los robots en algunas películas o en algunos libros; y realmente a mí me conmueve muchísimo.
Por ahí tenemos este gesto de menospreciar las inteligencias artificiales; algunas cosas nos embroncan porque nos ponen al límite con lo humano. Pero pensando en (Isaac) Asimov hay robots que me han conmovido mucho, y me han hecho replantearme mi propia humanidad.
Y si a los robots los hacemos los humanos, está depositada toda nuestra humanidad ahí. Es un ida y vuelta: no podría estar en una guerra con los robots; quisiera que sean mis aliados, porque quiero que también seamos aliados entre los humanos.
Javier: -Todos contra Elon Musk, con sus propios robots (risas).
Sofía: -Por ahí es una mirada un poco romántica, pero no llego a asustarme tanto con la idea de las inteligencias artificiales. Me gusta integrarlas y pensar que pueden convivir.
Javier: -Con respecto a por qué ella es los dos androides: a dos semanas antes del estreno iba a ser yo el otro androide, pero era un montón; y estaba buenísimo que sea Sofi también, como demostrando que era un modelo más viejo del mismo androide. Entonces la idea, nos cerró, dijimos: “Che, sos vos también, sos el modelo anterior”.
Sofía: -Ahora pensé en la relación entre “Arturito” (R2-D2) y C-3PO, que es parecida: uno tiene un aspecto más humanoide y el otro es más lavarropas, Koh-i-Noor (risas).
-También las máquinas son las que tienen la mirada de continuidad: pueden mirar por arriba a los humanos, que están ahí en ese plazo de 24 horas.
Sofía: -Sí, y las que van a almacenarnos toda la memoria.
Javier: -Lo lindo es que en un momento el mismo robot entra en crisis, porque le llega algo que no está esperando que le llegue a su propio circuito. Le llega un recuerdo, y un robot en teoría no puede manejar un recuerdo.
Sofía: -Ahora que lo pienso es muy cita a “Blade Runner”. ¿Qué pasa cuando los androides empiezan a conmover, a humanizar desde ese lugar, en donde sienten como un humano? No hay límite.
-Es tu “monólogo de Roy Batty”.
Sofía: -Sí (risas).
Sensaciones
-¿Qué devoluciones tuvieron en este tiempo? Algo que recuerden que por ahí los sorprendió de algún espectador.
Javier: -Muchos usaron la palabra “inmersiva”, y ya con eso era un montón: la obra arranca fuera, y después se traslada; una vez que se cerró la puerta es como si fuera una peli.
Sofía: -Sí, era lo que lo que buscábamos. Aparte por este desafío narrativo que plantea la obra, cómo vamos contando la historia; este espectador nos devuelve: “Me senté a disfrutar y a ver qué pasaba; me sumergí en la experiencia y no busqué que me cuenten este cuento de principio a fin, sino que fui saltando también como los personajes y descubriendo lo que pasaba”. Me gusta mucho que pase eso.
Pero también están los que inventaron sus propias teorías de lo que podría haber pasado, de quiénes eran en realidad: se buscaron una línea narrativa más lineal y también está buenísimo, porque son las propias formas de percibir.
Y después están quienes no entendieron nada y se fueron chinchudos; que también los queremos un montón: todas esas tres cosas podían pasar.
Javier: -No nos gusta el cuento literal; sin embargo, me parece que esta esta obra es bastante lineal: se trata de un crimen, pero la persona que mataron está viva. Si alguien enreda esa esa cuestión, entiendo que es “enredante”; pero es así de sencillo: hay un video de alguien matando a otra persona, y esa persona asesinada está viva.
No se sabe qué pasó, cómo pasó; si eso no es una película, ¿qué es? Es una cámara de seguridad, pero no. Ese es el meollo de la cuestión y después todo lo que sucede, que es un montón de cosas.
Sofía: -Lo que pasa es que justo es una porción del tiempo de la historia, que no es el primer despertar de todo. Ya todo está aconteciendo y todo está en la transición de algo nuevo.
Javier: -Solamente narra 24 horas, sólo pasa una noche: no te da tiempo a ver un transcurrir. Es el suceso, son dos personas que deciden no dormirse para entender qué carajo está pasando.
Sofía: -Otra cosa que dicen los espectadores (que me gusta mucho) es que disfrutan la experiencia de lo visual: “Los vestuarios fueron preciosos, me encantó verlos, me encantaron esos colores, me gustaron los objetos”. También dicen que les encantó la música.
Está bueno para para mencionar a Lautaro García Fontana y a Ignacio Estigarribia, que hicieron los vestuarios, que son bellísimos en todos sus detalles. Y la música de Esteban Coutaz.
Universo sonoro
-Esteban ya he hecho otras músicas para espectáculos, ¿Cómo se trabajó con él para generar los climas?
Sofía: -Un placer: es un groso total: se viene a los ensayos, se sienta, mira, te hace propuestas, es un placer trabajar con él. Tiene una práctica en la producción de música para teatro.
Javier: -Soy medio mandado, y para los ensayos (para no cargarlo a Esteban de laburo extra, que tampoco podíamos pagar) iba laburando con bocetos propios: me grababa y hacíamos cosas. Le hice escuchar en un ensayo las materialidades con las que estábamos laburando y él lo que hizo fue levantar todo maravillosamente.
Regrabamos con él y Sofi la canción que se escucha cantada por el android; él es el que está tocando ese piano totalmente disonante que suena ahí en el fondo: eso se grabó en vivo, en la piecita de su casa donde no vive más. Es una persona que te abre las puertas de su casa para invitarte a jugar con él, y a grabar y probar cosas: un placer total.
Sofía: -Es muy generosa forma de hacer. Hay tres temas que compuso él; y después estaba todo ese universo que ya habíamos imaginado y que eran canciones, temas musicales de películas que conocíamos o de bandas que nos gustaban, músicos que nos gustaban.
El porvenir
-Después de estas funciones, ¿qué hay en el futuro de Las Margaritas?
Sofía: -Es muy linda la pregunta, pensando en que nos gusta imaginar el futuro. Las Margaritas tiene futuro, primero porque todavía nos seguimos queriendo: es importante, porque no es fácil.
Javier: -Hacer dos obras juntos, y que una de esas obras sea la Comedia Universitaria: Ya quererse después de eso...
Sofía: -Nos seguimos queriendo, nos seguimos respetando muchísimo: nuestras particularidades y singularidades. Y seguimos proyectando, al menos volver a “Háganme acordar”: queremos retomar nuestra primera obra. Y “Ha” cuando alguien nos regale un camión gigante que podamos tener estacionado en la puerta con la escenografía.
Javier: -Hacemos público el pedido: Escuela de Espectadores, invítennos el escenario del Centro Cultural Provincial es perfecto para trabajar apaisado. Invítennos a hacer una función para 400 pibes de las escuelas, seríamos o felices.
Sofía: -Tenemos otros sueños ahí que están emergiendo: más secretos (risas).
Javier: -Seguir trabajando juntes, escribiendo y viendo si ocurre algo nuevo este año.