El grupo que fusiona rock, folclore, cumbia, murga y pop se presentará en Tribus Club de Arte en el marco del ciclo “La casa invita”. Como banda invitada estará Nada Más y Nada Menos. En diálogo con El Litoral, el bajista Tomás Pagano repasó esta aventura creativa que ya lleva 20 años.
Laburantes: los integrantes con overoles, mostrando la dimensión del trabajo que vienen haciendo desde hace 20 años, los de siempre y los que se sumaron ahora a “La turba del bien”. Foto: Gentileza Lucía Prieto
En el marco del ciclo La Casa Invita, en Tribus Club de Arte (República de Siria 3572), el viernes a las 21 se presentará Duratierra para mostrar “La fuerza”, su nuevo trabajo discográfico: 11 canciones originales y potentes que confirman una vez más su consolidación como una de las bandas más significativas de la música latinoamericana en la actualidad. La banda local invitada será Nada Más y Nada Menos.
“La fuerza” es el cuarto álbum tras “Floralia” (2010), “Enobra” (2013) y “Cría” (2017). La solidez que le otorgan sus casi 20 años de trayectoria vino acompañada, en este último tiempo, por una ampliación de su formación: sus creadores, Micaela Vita (voz), Juan Saraco (guitarra y voces), Nicolás Arroyo (batería, percusión y voces) y Tomás Pagano (bajo), sumaron a Valen Bonetto (guitarras y voces), Silvia Aramayo (teclado, piano y voces) y Martín Beckerman (percusión y voces) para conformar "La turba del bien” y así expandir y revitalizar su universo creativo y sonoro. Toda esa energía potenciada es la que precisamente ha quedado registrada por primera vez en el reciente material.
Durante el show, el público podrá disfrutar de las músicas de un álbum que transita por estados, situaciones y poéticas diversas y en el que -convocando a la escucha, pero también al baile- conviven una variedad de ritmos como el rock, la chacarera, el jazz, la murga uruguaya, la cumbia y el pop. “La fuerza” es, además, un disco rebelde: apuesta por la reflexión y busca ser inspiración para la transformación.
De todo este viaje creativo habló El Litoral con Pagano, para reconstruir el espíritu de esta búsqueda constante.
Fuerza creativa
-¿Cómo vivieron la presentación de “La fuerza” en La Trastienda, el 5 de agosto?
-Totalmente especial: fue una noche de muchos estrenos, porque muchas de las músicas del disco, de hecho, la gran mayoría todavía no lo habíamos tocado en vivo; así que también fue un estreno.
Mucho vértigo, por un lado; y fue muy lindo también poder sacar al salir a tocar esa música es la que estuvimos trabajando durante el último año. Es como completar la rueda del proceso: ensayar una música, tocarla, grabarla, y después salir a tocarla en vivo y ver qué pasa con eso. Siempre hay algo del vivo que es un poco diferente de la grabación, aunque no fue un disco con muchas sobregrabaciones: lo que suena es bastante fiel a lo que hay grabado.
-¿Cómo fue el proceso de este cuarto material, desde que empezaron a cranear las composiciones hasta el proceso de grabación?
-Esto en realidad lleva algunos años, porque en el medio estuvo la pandemia, que ahora parece muy lejano; porque estamos en un mundo que sigue cambiando, y ya estamos mareados. En nuestro caso particular fue de mucho laburo interno del grupo, básicamente por todas las limitaciones: era muy difícil el trabajo de músico, de artista en general.
Hay varias canciones en el disco que vienen desde hace tiempo, y otras que se terminaron muy cerca de la grabación: hay un montón de variedad en ese sentido. Y sobre todo es la primera grabación que hacemos como septeto, con la incorporación de las personas que entraron el año pasado: Valen Bonetto, Silvia Aramayo y Martín Beckerman. Entonces también fue incorporar toda esa energía al proceso creativo y a la grabación, porque hasta entonces veníamos reproduciendo música anterior de la formación. Fue renovar la energía en ese sentido también: de lo creativo musical.
Entusiasmo duradero
-¿La ampliación de la formación se da porque ya estaban pensando en una música para una formación más grande, o primeros dio la incorporación y eso transformó todo?
-Es un poco y un poco. La incorporación de les chiques viene porque un integrante se fue del grupo a principios de 2022. Eso, a los que quedamos, nos hizo replantearnos: ¿Qué queríamos hacer con el proyecto? Porque veníamos de un par de años de parar, y estábamos retomando el ruedo cuando pasó esto. La puesta sigue siendo ir a fondo e ir por más; ante el dilema de buscar a alguien que reemplace a este integrante que se fue (que aparte es un amigo), qué difícil son los proyectos así: no es música que está escrita o arreglada, sino que se compone también de la humanidad de la persona que toca. Era difícil buscar un reemplazo, porque no hay un reemplazo para la persona: la química es única.
Por suerte las tres personas que ingresaron en algún momento habían tocado con nosotros, en Duratierra o en otros proyectos; y fue muy rápida la integración: de hecho, llegaron con un montón de ganas. Fue hermoso el proceso: la curva esa de no saber a dónde vamos a estar aquí ahora.
-Planteás esto de la química: ya llevan casi 20 años de trayectoria. ¿Cómo se alimenta esa química para seguir con un proyecto de estas características, con tanta gente involucrada?
-Durante un año hicimos terapia grupal, durante la pandemia. Porque había que encontrar nuevas formas: es un desafío permanente, no olvidarnos de que estamos haciendo esto sobre todo con un compromiso; que tiene que ver con lo artístico, pero también con lo humano y político: profundamente no, como política partidaria, sino cómo ver al mundo.
Duratierra ocupa en la vida de todos (de los siete, pero hablo particularmente de los cuatro “miembros fundadores”, los que estamos desde hace casi 20 años) y hay un compromiso muy grande con el proyecto, que ocupa un lugar muy privilegiado en la vida: todos hacemos sacrificios por el bien del proyecto, y hay mucha entrega hacia el mismo.
Son muchos años, muchos recorridos juntos, muchas experiencias formativas juntos: grabar nuestros primeros discos, cosas así. Son todas cosas que van forjando; en la forja hay temperatura: eso es el signo de la pasión. Y está bueno que está ahí todavía: que todavía hay ganas de tocar, que todavía nos pasan cosas con la música que tocamos hace tiempo. A mí particularmente me pone muy feliz poder compartir con gente tan talentosa; es también un incentivo a mejorarse, a superarse, a crecer en lo individual y colectivo.
Compromiso
-Volviendo a “La fuerza”: ¿Cuál fue el aporte de Tatu Estela en la producción, en un disco que se grabó bastante en directo y tocando juntos?
-Tatu se puso mucho la camiseta, estuvo muy involucrado en toda la realización: estuvo muy al frente de la mezcla, todo el aspecto técnico. Todas las personas que manejaban los estudios de grabación donde grabamos, o los dueños, estuvieron muy en sintonía con la energía. Fue un proceso que se disfrutó un montón: desde los procesos de grabación hasta antes también de los ensayos, el armado, que fue muy intenso: la mayor parte del disco se grabó entre febrero y marzo, en el lapso de un mes y dos semanas.
-¿Dónde se grabó?
-En Mawi Road, un estudio que queda acá en Maschwitz, provincia de Buenos Aires; y algunas cosas en un estudio que se llama Sale la Luna. Y creo que Mica y Juan algunas cosas grabaron en Córdoba, en su casa. Algunas voces se grabaron en el estudio de otras en otros lugares.
Todo el equipo técnico, y en general la gente con la que trabajamos en los vivos (creo que es producto de tantos años de estar dando vueltas, fuimos encontrando gente con la que trabajar) la sonidista de PA del vivo, el monitorista, el operador de luces, es gente que quiere estar ahí como queremos estar nosotros: hay un compromiso más allá de lo laboral. Por suerte también son grandes profesionales, pero aparte de eso hay una entrega viste hacia el proyecto: hay como un plus, algo más.
Está buenísimo poder tocar en un proyecto que genera eso en mí, y veo que genera lo mismo en los demás. Y fue hermoso ir a estrenar estos temas en La Trastienda y que ya hubiera gente cantándolos: es fuertísimo eso para un proyecto que no es súper conocido. Hay un público que nos sigue, con el que hay una identificación grande, pero no somos un grupo masivo. Entonces ir a estrenar música a un concierto, y que ya haya gente que se apropia de las canciones de esa forma, es fuertísimo: es una gran recompensa de la vida.
Fusiones
-Lo que atrae a ese público que ya empieza a perfilarse atrás de ustedes es una síntesis de géneros y de sonidos; que en algún momento arrancó con un vínculo con el folclore pero que se fue expandiendo para un montón de lugares. ¿Cómo se alimenta esta síntesis que hoy es Duratierra, y que los distingue? ¿Hay una búsqueda de decir “vamos para acá” o es orgánico, que lo viene trayendo cada uno?
-Creo que es bastante orgánico, y siento que ya hay una especie de continuidad; por lo menos con “Cría”, que también tiene esa cosa multifacética, o multigénero, de lo musical. Pero tiene que ver con una búsqueda por ahí más profunda: de sed de aprender sed de conocer otras cosas. Entonces estamos siempre incorporando influencias; y como te decía, el hecho de que haya entrado gente nueva al grupo también modifica eso y amplía la gama de timbres, de posibilidades de generar cosas. El hecho de tener batería y percusión como elementos, como dos personas tocando, ya genera un abanico de colores enormes; y más si son estos dos que están acá, Nico Arroyo y Martín Beckerman, que son unos cracks. Es un placer tocar arriba de eso.
También cuando estuvo lista toda la música del disco, antes de entrar a grabar, dijimos: “Esto es una locura, porque de repente pasan cosas muy distantes entre sí musicalmente. Eso no deja de sorprenderme, y lo grabé; cuando los escuchás uno atrás del otro decís: “Esta gente está totalmente del tomate” (risas). Me divierte un poco eso, porque es jugar también con lo inesperado, es una carta que está buenísima; y siento que es algo bastante particular del grupo: poder pasar con fluidez por todos esos lugares, hacer una cosa que es medio rockera y en el medio pasar a un festejo (peruano) y después volver. Y mezclar todo eso en un disco me gusta incluso como oyente.
-Que te sorprendas tiene que ver con lo que hablábamos que de tener ganas, de seguir diciendo: “Guau, mirá lo que hicimos”.
-Sí, totalmente. Este es un proceso que fue hecho muy desde el compromiso, desde el amor, desde la alegría de tocar; y siento que eso se transmite en el disco: hay una energía muy del movimiento del cuerpo, de danzas. Que está muy cerca de la música; en discos anteriores había algún componente, pero acá hay muchas canciones que tienen eso.
-¿Cómo sigue la actividad?
-Vamos a hacer esas fechas (suspendidas en septiembre) en Rosario (el sábado, en el Centro Cultural Güemes) y la de Tribus: está bueno porque es gratuita la entrada. Fuimos a tocar una sola vez a Santa Fe, a un festival, antes de la pandemia. Así que es volver, pero también es ir por primera vez: con esta formación y esta música es un estreno. La idea es tocar lo más que se pueda y por todos lados: nos encanta recorrer el país, y está buenísimo hacerlo con esta propuesta.
“La casa invita”
Es una iniciativa en la que bandas nacionales comparten escenario junto a invitados locales, en shows con entrada libre y gratuita. Del ciclo ya participaron, entre otros, Cuyoman junto a la Santa Rosa; 1915 junto a Cada Cual; Los Tabaleros junto a Peces Dorados, Olivia García junto a Candela Fernández y Camila Bosch, Fantasmagoria junto a Cazadores Recolectores y Lucy Patané junto a M de Melissa.
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