El 29 de abril llega a las pantallas “Una y mil veces”, el segundo largometraje del realizador argentino Ernesto Fontan, una obra que se propone rescatar del olvido una historia tan singular como profundamente latinoamericana: la de 52 exiliados uruguayos que, en plena década del 70, decidieron sumarse voluntariamente a la lucha revolucionaria en Nicaragua.
"Una y mil veces": memoria, compromiso y revolución
El segundo trabajo del realizador de “Tarará” reconstruye la historia de 52 exiliados uruguayos que se sumaron voluntariamente a la revolución nicaragüense, en un relato íntimo y político que indaga en el compromiso, la memoria y las utopías de una generación marcada por las luchas de los años 70.

Con una duración de 70 minutos, el documental reconstruye el itinerario vital y político de estos militantes que, expulsados por la dictadura cívico-militar en Uruguay, atravesaron distintos países -Argentina, Chile y Cuba- antes de integrarse a las filas del Frente Sandinista de Liberación Nacional para combatir al régimen de Anastasio Somoza. Su participación resultó clave en la ofensiva final que culminó con la caída de la dinastía somocista en 1979.
Una historia contada desde adentro
Lejos de una mirada distante o puramente historiográfica, “Una y mil veces” se construye desde la voz de sus protagonistas y sus familias. A través de testimonios, encuentros y reconstrucciones, la película propone un relato íntimo, atravesado por la memoria, el dolor y también por la convicción.
Más de cuatro décadas después de aquellos hechos, muchos de los ex combatientes enfrentan el desafío de volver sobre experiencias que dejaron marcas indelebles. En ese sentido, el filme no solo documenta un episodio poco conocido, sino que también abre una pregunta tan incómoda como necesaria: ¿volverían a hacerlo?

Entre la historia y la emoción
El documental se organiza en torno a dos ejes centrales. Por un lado, indaga en las motivaciones de quienes decidieron arriesgar su vida por una causa que, en principio, no les pertenecía. Por otro, reconstruye el clima de época de los años 70 en América Latina, signados por la represión, el exilio y las luchas revolucionarias.
“Lo más conmovedor fue descubrir que se trató de una decisión individual y voluntaria, impulsada por el compromiso y el altruismo”, señala Fontan. Esa dimensión ética y humana atraviesa toda la película, que busca poner en valor el internacionalismo solidario de una generación marcada por las utopías.
La investigación histórica se apoya también en la participación del historiador uruguayo Gerardo Caetano, quien aporta contexto sobre la Nicaragua del siglo XX y la figura de Augusto César Sandino, símbolo del antiimperialismo en la región.

Un proyecto colectivo y comprometido
Filmada desde 2021 en distintos países -Argentina, Uruguay, Costa Rica y Nicaragua, con una etapa final en Cataluña-, la película es el resultado de un trabajo colectivo que reúne a documentalistas argentinos, ex combatientes internacionalistas y militantes uruguayos. De hecho, varios de los protagonistas participaron activamente en la investigación y el guion, garantizando la fidelidad del relato.
El proyecto, además, atravesó dificultades de financiación tras los recortes en el sector audiovisual, lo que llevó a sus realizadores a recurrir al apoyo colectivo para poder terminarlo. Esta dimensión refuerza el carácter independiente y militante de una obra que no solo habla de compromiso, sino que también lo practica.

Trayectoria americana
Graduado en Audiovisión por la Universidad Nacional de Lanús, Fontan desarrolló una carrera que combina la producción audiovisual con la docencia en la Universidad de Buenos Aires. En 2021 debutó en el largometraje con “Tarará”, donde abordó la historia de los niños afectados por Chernóbil que fueron tratados en Cuba, en el comienzo de unos años particularmente difíciles para la isla.
Con “Una y mil veces”, el director profundiza su interés por las historias invisibilizadas de América Latina, aquellas que -como él mismo señala- “merecen ser narradas por quienes ya no están, por quienes siguen soñando con un mundo más justo y por el valor histórico que representan”.
Contra el olvido
Más que un ejercicio de reconstrucción histórica, “Una y mil veces” se presenta como un acto de memoria. En tiempos donde el pasado reciente aún genera tensiones y debates, la película recupera una experiencia colectiva atravesada por la solidaridad, el idealismo y el riesgo.
Al hacerlo, no solo ilumina un capítulo poco conocido de la historia latinoamericana, sino que también interpela al presente: ¿qué significa hoy comprometerse con una causa? ¿Qué lugar ocupa la utopía en nuestras sociedades?
En esa tensión entre pasado y presente, entre memoria y pregunta abierta, el documental de Fontan encuentra su mayor potencia. Una invitación a recordar -una y mil veces- que la historia también está hecha de decisiones individuales capaces de cambiar el rumbo colectivo.








