La película “Cuando yo existía”, producida por el santafesino Federico Cetta, dirigida por los uruguayos Alejandro Damiani y Martín Avdolov, tendrá su estreno mundial en la competencia del Tallinn Black Nights Film Festival (Estonia), uno de los festivales de categoría A del circuito internacional, que se realizará del 6 al 22 de noviembre.
Federico Cetta: cine internacional pensado entre Montevideo y Santa Fe
El productor santafesino, creador de la productora uruguaya El Cielo Cine, desarrolló la coproducción uruguaya-española dirigida por Alejandro Damiani y Martín Avdolov, con César Troncoso (Favalli en “El Eternauta”) y Silvia Kutika. En diálogo con El Litoral, repasó el camino para estrenar un proyecto independiente al Festival de Tallinn.

Protagonizada por César Troncoso, con Silvia Kutika, Mónica Gonzaga, Maruja Bustamante, Néstor Guzzini y Mirella Pascual, esta coproducción entre Uruguay y España compite en la sección Critics’ Picks del encuentro, y promete llegar a los cines en 2027.
Camino personal
Cetta es licenciado en Administración de Empresas por la UNL (Argentina) y es egresado del Programa de Productores en la Escuela de Teatro, Cine y Televisión de UCLA (Estados Unidos). Más tarde fundó en Montevideo la productora independiente El Cielo Cine y del estudio de gradación y acabado de color Bright Side of the Moon.
“Algunos me dicen ‘la viste’ y no: me fui a Uruguay por amor, por una novia que tenía. Después me fui a estudiar a Los Ángeles, volví a Uruguay y puse una agencia de publicidad. Ahí tenés un cliente, competís: hacen una licitación, te aprueban, tenés un presupuesto, te lo pagan, laburás, ganás un poquito, cuenta hoy a El Litoral.
“Pero no era lo que quería hacer: la tuve dos años, nos iba bien, ganábamos los premios que había que ganar, todo eso que vende. Y me quedé con la productora de cine y con el estudio de color, que damos servicio. Con la productora de cine estamos haciendo obra propia, desde Uruguay para el mundo. Con Argentina laburamos mucho: hicimos ‘Norma’, que está en Netflix, con Mercedes Morán”.
También recuerda: “Me hicieron una nota ustedes cuando terminamos el rodaje de esta peli, hace dos años. Recién ahora está terminada y está seleccionada en el Festival de Tallinn, que es un festival en Estonia, clase A. Hay categorías de festivales: clase A son Cannes, Berlín, Venecia, Locarno, los mejores”.

Noches bálticas
-Cómo fue el camino hasta ahí?
-La “adquirió” una agencia alemana muy selecta, M-appeal, con una curaduría muy específica. Son una alemana (Maren Kroymann), una francesa (Camille Winkler), una polaca (Magdalena Banasik) y una mexicana (Cinthya Calderón).
Cuando terminás una película (o quizás antes) salís a buscar un agente de ventas. Yo andaba por un festival, por un mercado, por otro: me quedó una vida así, con base acá en Santa Fe, voy mucho a Uruguay, porque tengo la productora ahí; y lo que hago te lleva a viajar a mercados, festivales, tenés que estar. El Instituto de Uruguay apoya mucho, entonces facilita los viajes.
Las venía persiguiendo en Cannes, en Buenos Aires, y no me daban bola. Me había juntado con otras agencias y me decían: "Che, buenísima la peli, llamame cuando quede elegida en un festival". Es al revés la dinámica: “Te busco cuando sos atractivo”.
Y la terminaron viendo en una sección de Ventana Sur, que es el mercado que se hace en Buenos Aires, ahora se hace en Montevideo este año.
-Ahora es un año y un año.
-Sí. La vieron en una sección que se llama Films in Process, donde vos presentás la película en proceso. Pescan proyectos interesantes ahí: los agentes están atentos a ver qué hay de nuevo en el mundo para quedárselo y salí a venderlo.
Les encantó y me escribieron: “Ya vimos la película, nos gustó mucho. Hacía mucho tiempo que, por unanimidad a las cuatro nos encantaba una película y la queríamos”. Y ahí se dio vuelta la energía: me empezaron a perseguir ellas a mí.
Ahí pudimos negociar una representación: no la adquirieron todavía, pero la película entra en el circuito estándar oficial de agentes y de festivales. La empezaron a presentar a Berlín, Venecia, Cannes, y quedó en Tallinn, que es ahora el 18 de noviembre.
-Tallinn Black Nights.
-El sol sale tres horitas, por eso se llama Black Nights: bien para ver cine (risas).
-En invierno no hay sol y en verano no hay noche.
-El invierno del Báltico, lo voy a conocer ahora.
Libertades
-Hablabas de cuando terminó el rodaje, en un momento estuvo previsto estrenar en 2025. ¿Cómo fue este proceso?
-Se podría haber estrenado antes, pero es una película autoral hecha con fondos. En su momento estaba la posibilidad de sumar a una plataforma, Disney o a Netflix, pero no era nada concreto.
Es un proyecto que ganó siete fondos en total, le ha ido muy bien con ese recorrido. Y se nos empezaban a caer. Entonces teníamos que soltar algo que había costado mucho conseguir, y que, además nos da la posibilidad de hacerlo independientemente.
No tengo un deadline tan concreto que cumplir: tengo que cumplir con los fondos, pero después puedo seguir editando, puedo seguir armándola, puedo seguir postulando a festivales. Usamos todas esas libertades y por eso se postergó, recién ahora estamos estrenando.
-¿Y cómo se cumplía con esos fondos, con la película todavía en proceso?
-Vos les decís: “Mirá, acá está la película terminada”, y después la terminás un poco mejor. Se sustituye una banda que hizo el músico por un tema que es “Mi revolución” de una banda uruguaya, 4 Pesos de Propina, que lo pudimos comprar. Entonces ahí le cambiás eso, o le sacás unos planos y le agregás otros.
-Vas teniendo versiones que podés ofrecerles, mostrarles a ellos de que la película está.
-Sí.

La idea
-¿Cómo surgió el contacto con los directores y su la propuesta de ellos?
-Con uno de los directores me conocía de cuando trabajaba en publicidad: es Ale Damiani, un director excelente, muy capaz, muy internacional, muy creativo. Curiosamente su opera prima en largo de ficción, pero ha dirigido publicidad por todo el mundo.
Hicimos un videoclip para No Te Va Gustar con Julio Bocca, está buenísimo. Hicimos otro con varios traperos y el “Negro” Rada en la época de la pandemia, usamos todas máscaras: anduvo bárbaro ese videoclip, lo vieron como más de 20 millones de personas.
Teníamos ganas de hacer algo juntos: él tiene unos cortos buenísimos, también dirigió series en México. Este es uno de esos proyectos ingenuos: lo quiero hacer sin pensar tanto en una estrategia comercial y en todo eso que viene después.
Pero son los más lindos y los más importantes, porque haces algo que realmente querés hacer sin un interés específico de que le funcione a tal plataforma, o para tal o para cual. Todo esto lo estamos pensando ahora, pero después de haber querido contar una historia que nos parece que está buenísima.
Estábamos en Cabo Polonio, un año antes de la pandemia, y Martín Avdolov (el otro director) cae con una idea: “Che, mirá, hay un señor que quiere cobrar la jubilación y no le pagan, pues le dicen que está muerto. Esto está para una peli”. “Sí, boludo”, le digo, “está buenísimo, dale, hagámosla: consigo un guionista y la codirigen ustedes”.
Y a los dos meses cayó Martín con una primera versión del guión escrita por él. Estaba muy bien, siempre lleva trabajo, y fue un proceso donde después tuvimos diez versiones más.
-Pero la terminaron escribiendo ellos.
-Sí, fue una escritura conjunta entre Ale y Martín: es una peli coescrita y codirigida por los dos.
Surgió con esa espontaneidad, siempre digo que es de esas ideas que superaron un verano, que trascendieron y que no quedan ahí. Que siempre decís: "Che, vamos a hacer esto" y quedó ahí. Está superó todo eso y acá está (risas).

Dentro del sistema
-El concepto parece simple o parece una anécdota, pero hay toda una toda una cuestión con el tema de la burocracia, de este hombre que tiene que demostrar que está vivo, y cuestionarse qué es estar vivo también.
-Sí, tal cual, va por ahí la peli: nosotros decimos que es una comedia negra, dramática, existencialista: todo eso.
Es un replanteo a esa edad, donde quizás viviste obsesionado con el sistema y con hacer las cosas como se supone que hay que hacerlas; y te replanteas la vida cuando el propio sistema no te cumple: te tiene que pagar y no te paga.
Y en esa demostración que él tiene que hacer de que está vivo al sistema, al gobierno, al Estado, aparece una demostración a sí mismo de que no está muerto en vida y de que se tiene que reinventar.
Ahí él se reconecta con sus amigos de cuando era más chico, de cuando iba a un club de remo. Y se re pelea, porque le dicen: “Nos dejaste por tu familia y por tu laburo”. La esposa le dice: “Vos no me diste nunca bola, estuviste todo el tiempo laburando”. Entonces se queda sin la jubilación, sin la familia, sin los amigos: queda en bolas.
Habla de cómo vivir de una manera más simple y más presente. más conectado con uno mismo y con los vínculos, con la gente que uno quiere. Habla de eso en el fondo la película.
Encanto
-Se estrenará el año que viene. ¿Cómo te imaginás que va a ser esa llegada en Argentina, Uruguay, España?
-Le vamos a dar un poquito más de espacio a los festivales. Ahora después de Tallinn seguiremos con otros que vendrán: Málaga puede ser una opción en España.; en Uruguay estamos con el Festival de José Ignacio o con el Festival Internacional del Uruguay, el de Cinematecas; son dos festivales muy muy lindos.
En Argentina le estamos apuntando al Bafici. Creo que después de ahí ya haremos un estreno en salas, en los tres países. Ojalá que en algunos más: hay que ver si eso funciona en la gente, también para eso. Y después vendrán, ojalá las plataformas.
-¿Qué creés que les llamó la atención a los seleccionadores de Tallinn?
-Ahora nos contarán más. Creo que esa crítica al sistema, y que es una historia universal. Que por ahí pasa en un país más como los nuestros, Argentina, Uruguay, más del sur. Pero que también te pasa en Estados Unidos.
Me dicen: “Está basado en un caso real”. Yo digo: “No, está basado en un montón de casos reales”. Hay una noticia de Estados Unidos del año pasado, que tenía que ver con todo el sistema y el colapso de eso.
Y es algo universal: estamos con un sistema que está roto. En un punto te preguntás hasta dónde tengo que vivir en esta máquina enajenándome y haciendo todo lo que se supone que está bien; y no puedo dedicar a remar, a ver el sol, a nadar y a compartir.
-Porque el personaje cumplió laburando, poniéndole pilas en el día a día laboral, que le comió la vida.
-Sí.

Los intérpretes
-Está César Troncoso como protagonista, están Silvia Kutika, Maruja Bustamante, Mónica Gonzaga, un montón de actores uruguayos también. ¿Cómo se conformó el elenco?
-Es una película uruguaya; dijimos, "¿Quién es el que mejor puede protagonizarla? César Troncoso”. En aquel momento (si bien es un actor excelente, con una gran trayectoria) todavía no había tenido el boom que tuvo con “El Eternauta”, que lo hizo más conocido acá en Argentina. Lo veo a nivel familiar, de amigos, que antes por ahí no lo conocían y ahora es: “Ah, sí el de ‘El Eternauta’, que bueno”.
Siempre trato de hacer películas que están en lo autoral pero que también tienen la intención de llegar a un público amplio, y de tener cierta faceta comercial. Y eso lo busco en parte desde el elenco: que no sólo sea muy bueno y que funcione muy bien artísticamente, sino que también traccione a nivel de audiencia.
Dijimos: “De Argentina tenemos que sumar a alguien”; salimos a hacer un casting y ahí apareció Silvia Kutika, que nos pareció que armaba muy bien la pareja con él. Mónica Gonzaga, que es una invitación especial: es conocida y está haciendo un montón de cosas; está en “Barrabrava”, estuvo yendo bastante a filmar Uruguay.
Nos parecía muy divertido que tuviese esa participación más chiquita, pero con lo que ella representa. Maruja Bustamante, que es una actriz que viene más de otro lugar y que está muy bien ese rol.
Después se completa con un elenco uruguayo, que por ahí en Argentina no es tan conocido. Está Mirella Pascual, que está saliendo en muchas cosas acá: hizo de abuela de Fito Páez en la serie (El amor después del amor).
Néstor Guzzini, otro gran actor uruguayo; Ariel Caldarelli, Eduardo Migliónico: estamos muy contentos con cómo funciona.
-Tiene que ver con que se están filmando muchos proyectos allá desde la pandemia, y se cruzan los elencos.
-Claro: hay muchos actores uruguayos que empezaron a hacerse más conocidos acá en Argentina. Y sí, fue a partir de la pandemia: un momento donde no se podía filmar en ningún lugar, en Uruguay sí; y después de eso quedó hoy ya por otras cuestiones, que tienen que ver con otras propiedades y cosas que están buenísimas que tiene Uruguay para filmar.

Articulación
-La coproducción es con Doce Entertainment de España y Metrópolis Films y Moon Ideas de Uruguay. ¿Cómo se armó esa asociación y cuál fue el aporte de cada uno?
-Hubiese sido una coproducción natural con Argentina; de hecho, en un momento lo era, pero con lo complicado que estaba, no se pudo. Había un fondo ganado en Argentina que hubo que devolverlo, porque no lo podían ejecutar: no les alcanzaba para conseguir la otra parte.
Ahí salimos a buscar un coproductor, que entendíamos que tenía que ser en otro país: España era lo más natural, es un país potente, que anda bien. La historia tiene un vínculo natural con España, porque la hija del protagonista se fue a vivir a Cataluña.
Apareció un colega español al que le encantó la película, conectó con el tema y dijo: “Podemos hacer un aporte”. Entraron, aportaron con algunas cuestiones financieras, con montaje y con otras cosas más de postproducción, y la pudimos sacar adelante.
Calidad
-¿Cuál es el desafío a la hora de reunir un financiamiento para una película de estas características y con este despliegue?
-Total (risas). Tenés que salir a conseguir el presupuesto de la película con fondos. Tuvimos fondos uruguayos: el Fona, que es un fondo de Montevideo; los Fondos de Incentivo Cultural, que te permite usar impuestos de las empresas: ahí incorporamos a Metrópolis y a Moon Ideas con ese mecanismo.
-Desgravan impuestos por lo que aportan.
Sí: básicamente, en vez de pagar impuestos los mandás a la película. Es más complejo el mecanismo, pero resumido funciona así.
Al tener una coproducción internacional con España pudimos aplicar y ganar Ibermedia, que es un fondo de la coproducción. Eso fue importante también.
Y después tuvimos fondos más chicos. Uno para inicio de rodaje de la Intendencia de Montevideo, otro de finalización también. Y tuvimos el fondo principal de Uruguay, que se llama Programa Uruguay Audiovisual, que es el que más plata nos dio.
Es una película de fondos, independiente. Hacerlo todos estos años es una locura... pero ya estoy igual con otra.
-Es una película que tuvo muchos extras, locaciones especiales. ¿Cómo fue a nivel logístico?
-Es una película que tiene calibre, tiene porte. Está filmada con una Alexa 35, que es una cámara excelente; con unos Lomo anamórficos, unos lentes vintage hermosos, y tiene locaciones excelentes.
Filmamos en el Banco República de Uruguay, que es una locación brutalista muy imponente; difícil de acceder, pero pudimos, por el tipo de película que es. Se filmó la serie de Senna ahí, por ejemplo.
Sucede mucho ahí, porque él está subiendo, bajando, yendo de un rincón a otro.
-Toda la parte de la burocracia.
-Sí. Y después bueno, todo un gran equipo de técnicos: dirección de fotografía, de arte, de vestuario, que le dieron nivel a la película.
Todo lo que aprendimos filmando comerciales, publicidad y todo eso, fue como una escuela para decir, “Bueno, este es el proyecto que queríamos hacer. Pongamos todo, pidamos todas las ayudas que tenemos guardaditas para pedir: es ahora”.
-Es una película autoral, pero al mismo tiempo se busca que pueda llegar comercialmente a otros países o a distintos espacios. ¿Cómo se hace ese equilibrio?
-En la práctica somos los directores y yo charlando: nos juntamos en un bar a tomar una cerveza, a trabajar con un café, y decir: “Che, ¿por qué esto? ¿Por qué no aquello?”.
Medís: hablás por ahí con un coproductor, con un agente de venta, con un colega, como para ir diciendo: “Che, esto que lo vamos a tratar de expandir tanto, antes peloteémoslo un poco a ver que va y qué no”. Con el elenco también.
Y después hay una parte incierta, que tiene que ver con lo artístico, que es ahora a ver qué pasa. Tiene unas coordenadas excelentes: tiene este estreno en un lugar que está buenísimo, un agente de venta espectacular. ¿Qué va a pasar? Es un enigma (risas).
Universo en tránsito
-Por un lado, Argentina tiene una falta de recursos para el cine. Por otro lado, hay una tensión entre el paradigma de las plataformas con el de las salas. ¿Cómo reconfigura esto el panorama a la hora de acomodar los proyectos y moverlos?
-Es un tema que ya viene desde varios años y ha cambiado todo. Se ha monopolizado mucho con las plataformas; entonces hay productoras, pocas por país, que trabajan para las plataformas en determinados tipos de proyectos.
-Que encajan en ciertos moldes.
-Terminan siendo más por encargo, sí. Hay algún modelo con plataformas más híbrido: fue el caso con “Norma”, que es una película anterior que coproduje. Lo que había era una licencia de venta; Netflix entraba con apoyo financiero, pero no quedándose con la película sino teniendo una licencia para tenerla por determinada cantidad de años.
Y ahí nos dieron libertades para filmar y para hacerla. Igual están ahí marcando. Eso es distinto a cuando es una película por encargo, donde están metidos directamente ellos.
-Y después queda el mundo más independiente, más libre, mucho más difícil.
-Que es el que eligieron ustedes.
-Es el que elegimos: es un mundo alejado de los algoritmos, más humano; digámoslo.

Desde acá
-Sos santafesino, trabajás en Uruguay, estuviste en Estados Unidos. ¿Cómo es para un productor o un cineasta hacer este camino desde el interior?
-Es más difícil, sí. Hay gente que vive en la ciudad de Santa Fe que están andando muy bien: un director que está trabajando muchísimo internacionalmente, una directora también.
-Fund y Cappato.
-Sí, Iván y Betania. Me los cruzo a veces: dejo a mi hijo en el colegio, voy a tomar un café enfrente a la Pueyrredón y me lo encuentro a Iván que me dice: “Me voy para acá, para allá”.
Ahora estamos trabajando junto con ellos en un proyecto. La semana que viene estreno en Uruguay otra película que se llama “Emi”, que coproduje con una productora que trabaja mucho con Iván; y Betania hizo la dirección de arte. Hicimos toda la postproducción nosotros.
Volví acá a Santa Fe con otra visión: encontré una ciudad donde tenés más tiempo, más calma y dije: “Bueno, para crear no hay tanta locura, voy a tratar de aprovechar eso”. Después tuve un hijo (risas), creé un hijo que es lo mejor que podés hacer.
Es una ciudad que te da esa tranquilidad y esa calma para crear, para parar a pensar. Yo, o alguien como los chicos puede estar tranquilo escribiendo, o diseñando algo, evaluando un proyecto.
Después sí, para hacerlo tenés que viajar a filmar; se filma donde manden las coordenadas del proyecto: a veces por la locación, a veces por donde están fondos. Pero te movés ese mes y filmás: en esta era globalizada es más difícil, pero se puede. Algunos lo hacemos: estamos acá y los proyectos suceden.
Actividad
-¿Cuántos proyectos en curso tenés con la productora?
-Ahora se me juntaron los estrenos: tengo “Emi” la semana que viene (por esta semana), cuando yo existía en Estonia en noviembre y en diciembre tengo un proyecto que coproduje con Colombia. No es siempre así, pero se me juntaron en dos meses, tres.
Y estamos terminando una postproducción de otro proyecto que filmamos en Uruguay en mayo, que va a estar para el año que viene. Entre estrenos y proyectos en postproducción tengo cuatro, y en desarrollo como diez.
Después está la otra parte de servicios de producción: ahí sí trabajás para alguien que te viene a contratar y te dice; “Che, mira, quiero esto, esto y esto, cotizámelo: ponele un markup de un 10%, lo que sea”. Como otras empresas tenemos cosas en cotización permanentemente y van cayendo.
Tenemos un área de color también donde tenemos proyectos en cotización, en realización pero eso es como otra línea.
-Servicios a terceros.
-Sí. La que te permite vivir.
-Las diez son las que hacen por gusto.
-Sí, en distintos estadios: alguno que ha ganado algún fondo de desarrollo, otro que está con una idea, otro que tiene ya una primera versión de guión.
-Se van moviendo a distinto ritmo.
-Es una linda manera de volverse loco: te explota la cabeza, no te da para tanto junto (risas).








