El ciclo "Olivera-Aries. Un cine para la historia" que presenta el Museo de Arte Latinoamericano de Buenos Aires (MALBA) durante todo el mes de abril, es un recorrido por las películas que mejor interpretaron la historia política, social y económica de la segunda mitad del siglo XX.
Las películas que entendieron la Argentina antes que los economistas y los politólogos
El ciclo Olivera-Aries que se desarrolla en abril en el Museo de Arte Latinoamericano de Buenos Aires revisa una serie de films que leyeron la violencia política, la especulación financiera y la crisis social mientras todo estaba pasando.

La selección permite revisar la obra de Aries Cinematográfica Argentina, la productora fundada por Fernando Ayala y Héctor Olivera, responsable de varios de los títulos emblemáticos del cine nacional entre las décadas del 60 al 80.
En ese lapso, en el cine argentino pasó de todo: censuras, crisis económicas, dos dictaduras y cambios sociales profundos. En ese contexto, Aries sostuvo una producción donde trabajó sobre tres líneas: cine industrial, popular y político.
Casi todas las películas producidas por Olivera y Ayala reflejan los conflictos del país, y por eso hoy pueden verse como una especie de archivo audiovisual de la historia argentina reciente. Revisarlas también obliga a preguntarse por el presente del cine nacional. Por su financiamiento, su relación con el público y su capacidad de describir la realidad contemporánea.

Una posible pregunta sería si las películas que se producen en la actualidad van a servir, dentro de 30 o 40 años, para pensar sobre la sociedad, la política y la economía de 2026.
La construcción de una industria
Aries Cinematográfica Argentina nació en 1956 y pronto logró ser una de las productoras más importantes del país. Su modelo de producción permitía financiar películas más riesgosas o políticas gracias al éxito comercial de otras producciones.
Ese equilibrio entre industria y autor (parecido a lo que después haría Leonardo Favio, que financiaba sus películas, también muy riesgosas gracias a sus labor como cantante) permitió desarrollar proyectos que hoy integran el canon.
Vista en perspectiva, la experiencia de Aries plantea una discusión vigente: la necesidad de una industria cinematográfica fuerte. Muchas de las grandes películas argentinas surgieron de estructuras industriales sólidas, algo que hoy aparece fragmentado. El ciclo del MALBA, en ese sentido, también instala una pregunta sobre el presente.

"La Patagonia rebelde" y el cine histórico político
Uno de los títulos más importantes del ciclo es "La Patagonia rebelde” (1974), dirigida por Héctor Olivera y basada en la investigación histórica de Osvaldo Bayer sobre las huelgas obreras patagónicas de 1921.
La película reconstruye la represión del Ejército argentino contra los trabajadores rurales en Santa Cruz y se convirtió en uno de los grandes clásicos del cine político argentino. Ganó el Oso de Plata en el Festival de Berlín y su historia estuvo atravesada por la censura y la persecución política.
Con el tiempo, quedó como una de las obras fundamentales para entender la relación entre el cine y la historia en Argentina. Su puesta en escena, el uso simbólico del paisaje patagónico y la construcción coral de los personajes son dignas de una producción hollywoodense.
También puede pensarse como una de las últimas películas históricas del cine nacional con ambición épica. Las películas posteriores, salvo excepciones, se volvieron más urbanas, más pequeñas, con la mirada puesta en otro lado.

"Plata dulce" y la Argentina financiera
Otra de las películas del ciclo es "Plata dulce" (1982), dirigida por Fernando Ayala. Retrata los cambios económicos de la Argentina durante la última dictadura militar, cuando el modelo industrial quedó a un costado, para priorizar la especulación y la llamada "patria financiera".
La historia sigue a dos pequeños empresarios que cierran su fábrica de botiquines (siempre a punto de fundirse, pero que da trabajo a varias personas) para dedicarse a la especulación financiera, seducidos por las ganancias rápidas. El proceso termina en la ruina económica, en una metáfora directa del modelo económico de la época.
Con el paso de los años, la película se convirtió en una de las representaciones más claras del proceso económico argentino de fines de los años 70 y principios de los 80.
Vista hoy, la película resulta incómodamente actual. La idea de ganar dinero sin producir, la fascinación por la especulación financiera, las crisis recurrentes, la ilusión de riqueza rápida y la posterior caída forman parte de un ciclo económico que la Argentina parece repetir cada varias décadas. En ese sentido, la película funciona como un espejo económico del país.
"Tiempo de revancha" y el cine como alegoría política
El ciclo también incluye "Tiempo de revancha" (1981), dirigida por Adolfo Aristarain y producida por Héctor Olivera, una de las películas más importantes del cine argentino de los años 80.
La historia de un trabajador que se enfrenta a una empresa multinacional (Tulsaco, que aparece siempre en las películas de Aristarain como representación del capital angurriento de lucro) es un thriller sobre el poder, la corrupción y el silencio.
La película fue filmada durante la última dictadura militar y muchos críticos la interpretaron como una metáfora sobre la censura, la represión y el miedo social. El personaje interpretado por Federico Luppi decide fingir que pierde la voz después de un accidente en una cantera, y ese silencio se convierte en el eje de la película.
Esa idea del silencio autoimpuesto atraviesa toda la narración y es una de las imágenes más fuertes del cine argentino de esa época. Lo curioso es que, pese a su carga política, logró escapar a la censura gracias a la habilidad del director para usar alegorías y relatos indirectos que esquiven los controles del poder.

"La Nona" y la sociedad argentina
El ciclo también incluye películas como "La Nona" (1979) y "No habrá más penas ni olvido" (1983), que retratan la sociedad argentina desde registros diferentes, pero complementarios. En estas películas aparecen la decadencia económica, la violencia política, la crisis social y las tensiones internas del país.
"La Nona", basada en la obra teatral de Roberto Cossa, describe la decadencia económica de una familia que tiene sus raíces en la inmigración italiana, cuando es "devorada" por una abuela insaciable.
La viejita, interpretada por Pepe Soriano, es una metáfora sobre la crisis económica y el derrumbe de la clase media argentina. La película tiene humor negro y tragedia social, un registro que aparece muchas veces en el cine argentino.
"No habrá más penas ni olvido", basada en la novela de Osvaldo Soriano, narra la violencia política interna del peronismo en un pequeño pueblo. La película habla de la violencia política de los 70 desde el grotesco.

"La noche de los lápices" y la memoria
Dentro del ciclo también aparece “La noche de los lápices” (1986), una de las primeras películas argentinas en abordar directamente el terrorismo de Estado y la represión durante la última dictadura militar.
Aunque muchos la cuestionan por falsear algunos aspectos de la historia real, la película reconstruye el secuestro y la desaparición de estudiantes secundarios en La Plata y pasó a ser un film central para la construcción de la memoria democrática en Argentina.
Su impacto cultural fue muy fuerte, especialmente en las escuelas, donde se usó para enseñar lo ocurrido durante la dictadura. La película es, con "La historia oficial", una de las obras que ayudaron a construir el relato cinematográfico de la memoria en la Argentina democrática.
Un mapa de la historia
El ciclo Olivera-Aries permite recorrer distintos momentos históricos argentinos a través del cine. Las películas dialogan con la historia social, la economía, la violencia política, la dictadura, la transición democrática y la vida cotidiana de la sociedad argentina durante varias décadas.
Hay algo que aparece claro al revisar estas películas: durante esos años el cine argentino discutía la idea de país de manera directa. Discutía poder, economía, sindicatos, violencia política, empresarios, militares, corrupción, crisis económica. Pero discutía la Argentina mientras la Argentina estaba ocurriendo.
Por eso el ciclo es también como una especie de espejo que obliga a preguntarse si el cine argentino actual discute la realidad con la misma intensidad o si ese tipo de cine se volvió más excepcional.
La respuesta tal vez la tiene Lucrecia Martel, que hace poco presentó "Nuestra Tierra", sobre el asesinato del líder indígena Javier Chocobar. O Dolores Fonzi, que en “Belén” (2025) habla sobre una joven acusada de aborto que debe enfrentar un sistema judicial injusto. Pero el debate está abierto.








