Patricio Fontana se ganó el nombre artístico de Pato Sabático en largos años junto a Mi Primer Año Sabático, iniciando una carrera que se expande hoy en proyectos como Quilmes Verano y Habitación x Hora. Pero desde la pandemia viene desarrollando una carrera solista, en la que se da los gustos creativos que van más allá de estos proyectos regulares.
Pato Sabático: un regreso a las calles de tierra de la adolescencia
El músico santafesino unió fuerzas con su primo Juan Ignacio Ballore para componer y grabar en tiempo récord nueve canciones que le cantan a su ciudad natal y los años juveniles. En diálogo con El Litoral, repasó esta iniciativa, como así también su presente junto a Habitación x Hora y Quilmes Verano.

Oriundo de Vera, tenía dos ideas pendientes: grabar en la casa familiar, allá en el norte santafesino, y colaborar con su primo, el productor Juan Ignacio Ballore. Así nació el álbum “Vera ‘26”, en el que compuso y grabó nueve canciones en diez días, inspirado por la atmósfera y los recuerdos de su ciudad natal.
De esta “cápsula del tiempo” musical habló el músico y gestor cultural, como así también de las grabaciones y las giras crecientes de sus bandas.
Volver a casa
-“Vera 26” es un viaje personal a la ciudad y a otra época. ¿Cómo nació y por qué en este momento de tu carrera?
-No sé, será que estoy creciendo: estoy a semanas de cumplir 35 años y estoy teniendo muchos recuerdos, flashbacks de la adolescencia. Por ahí me reencuentro con algunos amigos con los que armé las primeras bandas cuando estaba allá.
Salen esas cosas y creo que la nostalgia fue el caldo de cultivo de todo esto: fue lo que me motivó. También quería grabar algo con mi primo, que estudió producción; ya habíamos participado en algunas grabaciones en vivo, cositas así, pero nunca un disco, y fue la excusa perfecta.
No me iba a tomar vacaciones, entonces dije: Bueno, me voy a ir a Vera”. También eso: llevaba muchos años sin quedarme más de tres días en Vera; era ir para las fiestas, para el cumpleaños de mi mamá o de mi papá, un finde, y volverme, casi ni disfrutaba.
Fue ir diez días con la idea de grabar todo lo que se pueda, y grabé nueve canciones en diez días: un montonazo.
-¿A qué edad te fuiste?
-Cuando terminé el secundario, a los 18.
-¿Cómo es volver? Hay gente gente que se quedó, hay gente con la que te reencontrás, hay cosas que cambiaron.
-Me siento extraño, me siento quizás un poquito más inmaduro o joven. Muchos de mis amigos de allá ya formaron familias, están en otro plan; la vida de allá sigue otro ritmo que la de acá. Yo estoy muy enfocado en estirar la adolescencia todo lo que pueda, con esto de las guitarras eléctricas, el rock and roll y los tatuajes.
Es raro crecer, asimilar el paso del tiempo: creo que cada año me cuesta un poco más. Pero creo que me encontró en un buen momento: estando allá me sentí muy bien. Era reecontrarme con gente, tomar una Coca, hablar, contarle lo que estaba haciendo; ellos me contaban que estaban haciendo ellos también.
Fue fue un lindo intercambio, en un buen momento. El verano se presta para que se extiendan las noches, las charlas; lo disfruté muchísimo.
-El verano tiene eso de estar en el medio: todavía no empezó el año y terminó el otro.
-Como un limbo, un tiempo aparte.
Preparación
-Tirás la metáfora de un recorrido escuchando música en un auto, tenés influencias cinematográficas también a la hora de pensar las letras. ¿Cómo opera esto a la hora de hacer una canción?
-Es muy raro. Para este disco mi búsqueda fue leer mucho; sentía que algo que tenía que mejorar y trabajar eran las letras. Desde que empecé a escribir fueron canciones muy literales, muy cortas; quizás era lo que me salía en ese momento, lo que buscaba.
Mucho tiempo estuve... no sé si peleado, pero muy poco cautivado por el rock en español, porque sentía que tanta riqueza de lenguaje no me gustaba. Entonces buscaba todo lo cortito.
El tiempo fue lo que me hizo darme cuenta de qué buen idioma tenemos, qué hermosa variedad de palabras para expresar sentimientos. Y ahora me pasa que me encanta poder meter palabras que no entrarían y hacerlas encajar. Hay una canción en que meto “si la monotonía te pega otra vez”: nunca se me hubiera ocurrido meter “monotonía” en un espacio tan reducido y se pudo.
La búsqueda fue leer mucho, estuve leyendo mucha poesía también, que era algo que con lo que no conectaba. Pensé: “¿Por qué no voy a conectar? Todas las personas que a mí me inspiran, leen poesía, escriben poesía, yo tengo que ir por ahí también”.
Me inspiré mucho leyendo un libro de Sam Shepard sobre una gira de Bob Dylan, “Rolling Thunder”. Me inspiró mucho la figura de Bob Dylan en general y cómo él se inspiraba.
-El paradigma del letrista.
-Increíble: el único tipo que ganó un Premio Nobel de Literatura siendo un rockero. Ni Borges lo tiene, así que mis respetos a Bob (risas).
Estuve leyendo mucho los poemas de (Charles) Bukowski, porque me siento bastante mal hablado a veces; entonces dije: Un poeta mal hablado me va a entender”. Ahora estoy terminando también un libro de poemas, el “Libro del anhelo” de Leonard Cohen.
También leí un libro sobre el proceso creativo que escribió Rick Rubin: 50% vende humo, 50% verdades; está bueno: se deja llevar y para el proceso creativo ayudó mucho.
Puede que haya alguna palabra o frase que la haya robado sin darme cuenta: eso ya escapa de mí, no lo puedo controlar.
-Es parte de la historia de cómo se escribe, se roba de lo que hubo antes.
-Claro. Básicamente era levantarme temprano, salir a caminar por el pueblo. Hice el camino que hacía cuando iba a la escuela: ya no se llama igual la escuela; pasé por donde estaba el ciber, lo tiraron todo abajo, ya no queda más nada. Muchas cosas cambian, pero fui alimentando esa nostalgia.
Volvía, me hacía unos mates, hablaba con mi vieja, me ponía a leer, y eso de las diez de la mañana me ponía a tocar la guitarra y ya me bajaba alguna una frase, algún concepto; y listo, ahí arrancaba.
Antes del mediodía estaba escrita la canción. Almorzaba, me dormía una siestita, a las 4 ya venía mi primo, ya teníamos todo armado. Le mostraba la canción, la tocábamos varias veces para que esté bien, y empezábamos a grabar.
-¿Él vive allá?
-Sí.
-Eso impedía un poco el encuentro y las colaboraciones.
-Claro.
-¿Cómo fue trabajar con alguien de tu familia? Por ahí tenés una conexión diferente que con otros músicos con los que has compartido.
-Sí. Siempre nos llevamos muy bien, pero a distancia o en encuentros breves. Y de golpe tuvimos casi 14 días juntos, diez horas por día. Esos fueron los días que estuvimos ahí grabando, y después nos vinimos a terminar de mezclarlo acá en Santa Fe, en mi casa. Entonces fueron dos semanas donde compartimos (si no me fallan los cálculos) 140 horas.
Capturar el ambiente
-¿Cómo fue esa búsqueda de mantener la frescura de lo que salió?
-La búsqueda estuvo desde un principio; cuando ya estaba todo encaminado, que iba a suceder, que ya había hablado con mi familia. Les mando un gran saludo, porque años insistí en que me dejen ir a grabar un disco a casa, no querían, por el quilombo. El tiempo ablandó la situación y me lo permitieron.
Yo estaba acá en Santa Fe y ya me empezaron a salir ideas, pero no las quería avanzar porque dije: “Si las hago acá van a estar contaminadas por este departamento, por este quinto piso, por esta Peatonal que estoy viendo, y no es Vera”. Lo quería escribir allá, con esa tierrita que viene de las calles de tierra, con el ferrocarril abandonado que está la vuelta de mi casa, con la siesta sin un alma en la calle.
Quería que todas esas imágenes estén y me afecten a la hora de escribir. Reprimía esos pensamientos; si era una idea que me gustaba mucho me anotaba lo más mínimo. Por ejemplo la primera canción, “Paseo x el Cementerio”, esa idea se me ocurrió en Santa Fe, pero no la quise avanzar. Escribí el título, la frase, y ya está: “Esto lo voy a escribir allá”.
Y estando allá me puse a pensarlo, y se escribió sola la canción: empecé a tirar una frase y cuando me di cuenta ya estaba toda escrita.
Dinámica de trabajo
-¿Y cómo fue a medida que ibas componiendo ir grabando, tocando varios instrumentos? ¿Cómo eran los tiempos?
-Hermoso. No sabía cuánto iba a surgir, para mí si hacía tres canciones ya estaba re bien; pero iban saliendo. Además ya venía en cancha porque a fines de enero había estado grabando un disco con mi otra banda, Habitación x Hora, una banda punk. Había estado en el estudio, grabamos 11 canciones.
Fui muy entrenado a la hora de grabar, entonces metí todos mis bajos en menos de dos horas; mi jornada de grabación de voces duró también dos, tres horas. Estaba afilado, tenía el toque. Después era experimentar, era jugar.
Tocar la guitarra en inglés es “play the guitar”. Bueno, era jugar: “Tengo esta idea, a ver qué le voy a hacer ahora. El manual del rock dice que hay que doblar, bueno, vamos a doblar una guitarra de seis cuerdas, vamos a doblar una guitarra eléctrica”. Así fui sumando capas.
Nombraste la frescura: esa frescura está porque son muchas primeras tomas de todo. Yo estaba insistente con mi primo, él es más perfeccionista. Le decía: “Mirá que quiero la primera toma. Practiquemos, pero quedémonos con la primera; si hay un error o algo no me importa porque va a tener esa frescura”. Y creo que un 77, 78% del disco está hecho todo en primeras tomas.
-Generalmente la primera sale relativamente bien, la segunda sale mal y la ter si la tercera no sale bien...
-Volvé a la primera.
-Hay que ir a dar una vuelta y volver.
-Acá, como nos corría el tiempo, yo ya estaba pensando en que quiero hacer otra cosa, entonces desde las cuatro de la tarde hasta casi las 12 de la noche estábamos encerrados.
Había un momento en que por ahí ya nos saturábamos mucho y le decía: “Bueno, vamos a dar una vuelta”. Salíamos, caminábamos un poco, tomábamos una Coca y volvíamos; y así hasta hasta terminar.

Camino personal
-Empezaste este camino solista en pandemia, con “La vida moderna de Pato. ¿Qué sentís que cambió en este en esta faceta tuya desde ese momento hasta ahora?
-Cambiar no sé, porque siempre mi proyecto solista fue una búsqueda de no privarme de nada, seguir cualquier instinto que tenga y no guardarme nada. De hecho, mi carrera solista es un quilombo: hay discos folk, hay discos punk, hay discos indie, hay discos post punk.
Hay ciertos temas que son una oscuridad; hay temas que los escucho y me parecen malísimos, como recordatorio de que también puedo hacer cosas que hoy me dan cringe. Pero básicamente fue una búsqueda de no dejar ninguna idea por hacer.
Este disco yo lo noto con una calidad superior de todos los otros, sin haber cambiado demasiado quién soy quién soy y la forma de hacerlo. Porque no deja de ser un disco de home studio: por más que suene mejor es un disco que se grabó en una habitación con colchones, sin insonorización; con placas de audio de dos canales, y una que me prestaron de cuatro para la batería.
No estábamos sobrados en esa calidad; y sin embargo cambió el criterio artístico, cambió la ejecución (en seis años mejorás, supongo).
-Después vinieron acá con el “Luta” (Luciano Luggren) a la mezcla.
-No, Luta hizo el master; la mezcla la hicimos juntos con mi primo. La mezcla artística la hice yo, que desconozco de frecuencias: le mando me gusta cómo va por acá; dibujé el camino y mi primo dijo: “Bueno, esto vamos a pulirlo: los bombos se cortan acá, las guitarras acá”. Después al Luta le dimos para que los infle: ahí quedaron fuertes para Spotify.

Solo y acompañado
-Decías que no dejás afuera ninguna idea. ¿Retomás cosas que a lo mejor quedan afuera de tus bandas? ¿Cómo convive con la historia de tres bandas?
-Por el contacto humano, por el intercambio con el otro. En Habitación x Hora, por ejemplo, dependo mucho del intercambio que tengo con Pepe (Martín, aka Marty Berns).
Todas las canciones surgieron durante tres meses juntándonos todos los martes a componer. Era: “Ya está, martes nos juntamos a comer y a componer”, y salieron como 21 canciones.
Con Sabático también me pasaba parecido, que tenía alguna una idea y dependía del Ema (Sola) y de Juan (Saba) para terminarla. En Quilmes Verano está sucediendo una dinámica parecida: por ahí es Juan, el cantante de Quilmes, quien viene y yo lo ayudo a él o al baterista; si bien la idea la puede traer uno se termina en el grupo, y eso también define el carácter de la canción y para dónde va. Mis temas solistas son todos “muy yo”.
-Decís: “esto no va, no lo voy a llevar”.
-Quizás no representa el grupo si es tan personal. Por eso lo dejo y lo guardo para ahí.
Puertas abiertas
-“Vera 26” ya está en la calle. ¿Qué se viene para tu futuro cercano?
-Este disco no lo estoy tocando. Es más, la otra vez me preguntaron si podía tocar un tema y dije que no (risas): así como salió se grabó y no volví a tocar las canciones, tendría que ponerme a sacarlas. Fue como una catarsis: salió todo, se grabó, se encapsuló, se guardó, está ahí.
Si me permitiera soñar, me encantaría tocarlo en Vera nomás: tocarlo en un teatro de allá, con una súper banda, y nunca más. El otro día hablaba de esto y decía: “La gente se cree que los discos conceptuales son joda” (risas).
Lo tocaría solo ahí y después nunca más, porque se me hace que es un retrato, algo muy de ahí; no sé si lo tocaría acá. Después en mi carrera solista quiero grabar otro disco este mismo año: tengo unas canciones folk que quiero grabar, bien folk rock dylanesco. Me gustaría grabarlas antes de que termine el año.
Con Habitación x Hora está por salir el disco que grabamos que grabamos; supongo que por agosto va a estar saliendo. Después hay un plan de grabar con Quilmes Verano y seguir tocando; seguramente ahora en fin de año va a haber un gran recital, o puedo decir más.
Y por suerte nos están invitando con todas las bandas a tocar por todo el país: vamos seguido para para Buenos Aires, Córdoba; están saliendo fechas en La Plata, nos escribieron de Mar de Plata. Así que divino poder seguir viajando, divirtiéndonos, que al fin y al cabo es lo que nos gusta.








