"Quizás lo único que me propongo al escribir es quitarle a la literatura cierta solemnidad que tiene. Tengo poca relación con la crítica. Me importan los lectores, divertirme escribiendo y abrir un mundo que mezcle la aventura con la política y el humor". Osvaldo Soriano.
La novela de Soriano que el "Negro" Olmedo quiso filmar y hoy parece más actual que nunca
Planeta reeditó recientemente la obra de 1986. La prosa del "Gordo" Osvaldo Soriano conserva su mezcla de humor, derrota y absurdo político en una Argentina que todavía dialoga con esas heridas que él intentó exorcizar.

La reciente reedición de "A sus plantas rendido un león" trae al presente una de las obras más complejas y (tal vez) tristes de Osvaldo Soriano. Es una novela escrita con el dolor de Malvinas a flor de piel, que procesó el derrumbe de ciertas construcciones argentinas que luego se revelaron falaces sobre la patria, el heroísmo y el poder.
Publicada originalmente en 1986, con un retorno democrático todavía en pañales en la Argentina, la novela apareció en un país cansado. La dictadura había dejado desaparecidos, una economía devastada (cuyos efectos duraron, por lo menos, hasta el trágico diciembre de 2001) y una ruptura moral que, como polilla persistente, carcomía todos los discursos públicos.
La guerra de Malvinas todavía era, como ahora, una herida abierta, pero todavía estaba infectada y oscura. No había terminado de convertirse en memoria (tal vez hoy esté en ese derrotero) ni en interpretación histórica, algo para lo cual todavía falta una generación. Era un trauma "vivo".

En ese contexto escribió el "Gordo" Soriano. Y lo hizo totalmente divorciado del tono solemne que dominó buena parte de la literatura política de aquellos años. Mezcla rara de Quijote y Philip Marlowe, optó por otro camino: el humor triste, el absurdo diplomático, la caricatura colonial, la ternura por los desplazados de la Historia.
La literatura de los perdedores
Faustino Bertoldi, el cónsul argentino abandonado en Bongwutsi, pertenece a una larga genealogía de antihéroes nacionales. En su contextura vemos (si queremos) tanto al Señor López de Trillo como al Camilo Canegato de "Rosaura a las 10". Son marginales, pero quieren, desean, algo más.
Es un hombre olvidado por la burocracia, atrapado en una embajada que se desmorona mientras el conflicto del Atlántico Sur altera incluso el equilibrio algo forzado de ese rincón africano donde vive.
Soriano lo presenta casi como un "remanente" del Estado argentino. Es un funcionario sin función, un patriota involuntario, un burócrata en una burocracia que él mismo construyó. Cualquier semejanza con la actualidad sirve para entender el loop que es la Argentina.

En esa construcción aparece el vínculo de Soriano con Juan Sasturain. Ambos entendieron que la literatura popular argentina podía trabajar sobre el fracaso sin abandonar el humor ni la aventura.
En las novelas de Sasturain (desde "Manual de perdedores") también aparecen personajes golpeados, tipos desacomodados frente al poder, que sobreviven entre la ironía y la intemperie política.
Pero la genialidad de Soriano es que mueve el drama argentino a geografías periféricas. Bongwutsi es como una extensión delirante del país, una colonia exótica donde lo que queda del imperialismo británico y las torpezas diplomáticas argentinas terminan siendo una sátira feroz sobre las relaciones internacionales y la fragilidad nacional.
Malvinas en la novela
En "A sus plantas rendido un león", Malvinas nunca aparece en primer plano. Y sin embargo todo está tocado por la guerra. Los telegramas diplomáticos, las amenazas británicas, la paranoia colonial, el patriotismo y el absurdo administrativo son el eco permanente del conflicto.

Soriano escribió la novela cuando la sociedad argentina todavía intentaba comprender cómo una dictadura criminal había conseguido transformar una aventura militar desesperada en una causa nacional. Ese proceso recorre cada página.
La literatura argentina posterior a Malvinas tuvo dos grandes caminos: el drama realista y la desmitificación irónica. Soriano eligió el segundo. Entendió que había algo grotesco en aquella guerra conducida por generales decadentes que hablaban de honor mientras administraban hambre, censura y terror.
Por eso Bertoldi no es un héroe clásico. Es un hombre derrotado antes de empezar la batalla. Un personaje que llora encerrado en una letrina africana mientras escucha el eco lejano de una guerra absurda.
Soriano escribe: "Pensó en sus cincuenta años cumplidos en ese miserable rincón del mundo, dejado de la mano de Dios, y se sumergió en un sentimiento de compasión e impotencia". En esa línea aparece condensado todo el clima espiritual de la novela.

El linaje de los derrotados
Aunque nunca tuvo adaptación cinematográfica, la novela posee un ritmo cinematográfico. Y uno de los nombres que mejor ayuda a entender su clima es John Huston. Los personajes de Huston suelen ser hombres rotos por sus propias ilusiones, aventureros agotados, boxeadores vencidos, buscadores de oro consumidos por la ambición o el fracaso.
El mundo de Soriano comparte esa sensibilidad. Bertoldi podría caminar sin dificultad entre los perdedores de Huston, hombres que conservan apenas restos de dignidad mientras observan cómo sus sueños se pudren.
Incluso Bongwutsi tiene algo del paisaje hustoniano: calor, decadencia, hoteles desvencijados, rituales absurdos del poder occidental en territorios periféricos como en "El hombre que quiso ser rey" de Huston. Soriano convierte ese escenario en tragicomedia donde el ridículo nunca elimina la tristeza.
No es casualidad que el "Negro" Alberto Olmedo haya querido interpretar a Bertoldi. Se daba cuenta que detrás del humor del personaje estaba ese "no sé qué" (diría Horacio Ferrer) que lo hacía irresistible. Según contó el propio Soriano, Olmedo llegó a llamarlo de madrugada para transmitirle su entusiasmo por la novela y por la posibilidad de llevarla al cine.

El final de las certezas
La reedición de "A sus plantas rendido un león" también obliga a releer el clima intelectual de la transición democrática. Durante los años 80, la cultura argentina estuvo atravesada por una pregunta, cómo narrar un país después del terror estatal y después del fracaso de Malvinas.
Soriano respondió desde una literatura híbrida. Mezcló política, aventura, humor popular, melancolía tanguera, cine clásico y sensibilidad futbolera. Su escritura huía del prestigio académico, pero debajo de esa ligereza construía una mirada precisa sobre la decadencia argentina.
En uno de los momentos más conmovedores de la novela, Bertoldi lee un ejemplar atrasado de Clarín y descubre que ya no reconoce los nombres de los jugadores de Boca.
"Las formaciones de los equipos se volvieron conglomerados de nombres sin sentido", escribe Soriano. La frase parece hablar de fútbol, pero en realidad habla de una identidad nacional que empieza a volverse extraña para sí misma. Esa es, quizás, la verdadera materia de la novela.








