La banda cordobesa Cony La Tuquera está presentando “Distintos parecidos”, su segundo álbum, que cuenta con una formación renovada y colaboraciones con reconocidos artistas. En diálogo con El Litoral, el baterista Emiliano Serradel abrió las puertas de este proyecto con diez años de trayectoria y las ganas de reinventarse.
Gentileza Niko Defilippi Formación 2022: en la renovación se sumaron la corista Consuelo Robert y el joven guitarrista Mateo Presotti (primero desde la derecha), que aportaron nuevas ideas y sentidos, según cuenta Emiliano (segundo desde la derecha).
“Distintos parecidos” es el segundo material discográfico de Cony La Tuquera, banda cordobesa con diez años de trayectoria. En sus canciones, la banda transita por una gran variedad de ritmos, proponiendo al oyente temáticas que hablan de un pasaje hacia el bienestar, con líricas introspectivas que plantean la constante búsqueda del ser humano a estar en un lugar -emocional- mejor.
El nombre del disco hace referencia originalmente a la sensación ambivalente de contraste y continuidad entre el primer material de estudio “Días de colores” y “Distintos parecidos”; pero también refiere a un recambio importante de integrantes del proyecto originado por la evolución de las personas a través del tiempo y a una mutación en el sonido de Cony La Tuquera abre el juego a un nuevo abanico de sonidos y texturas, sin abandonar su apuesta por el arte y la canción.
Durante 2019 y parte de 2020 Cony se abocó a preproducir su segundo disco, que se presentó en diciembre 2021 en Studio Theater, y es el que hoy siguen mostrando, y el que muestra una impronta artística más actual y rockera de la banda.
Para conocer más sobre el momento artístico de la banda, El Litoral dialogó con Emiliano Serradel (batería y percusión), parte de una formación que se completa con Lucas Rinaudo (voz principal, acordeón y guitarra), Consuelo Robert (coros), Mateo Presotti (guitarra, voz principal y coros) José Ribodino (bajo), Damián Fantini (teclas y voz principal y coros), Ricardo Weiss (percusión) y Nicolás Guzmán (trompeta).
Nueva etapa
-Sacaron “Distintos parecidos”, el segundo disco en diez años, después de “Días de colores” en 2014. Anduvieron por muchos lados. ¿Por qué se demoró tanto este nuevo material?
-Por varias razones. La primera fue el cambio de bajista: Nico, que era nuestro primer bajista, dejó el proyecto; y hasta que encontramos otro bajista tardamos un tiempo. La segunda demora fue que arrancamos con un productor de Buenos Aires que le dicen “Pappi” (Sergio Guerrina): él había producido los discos de Todos Tus Muertos y hace sonido en vivo con La Delio Valdez. Lo conocimos en Buenos Aires y empezamos a producir el disco con él; en un momento tanto él como nosotros nos dimos cuenta de que era inviable esto de que se venga para Córdoba: nosotros no teníamos la estructura suficiente, nos salía muy caro; a él se le complicaba mucho con su otros trabajos.
Después encontramos a José Gentile, que finalmente fue con él con quién arrancamos a producir el disco. Y la pandemia otro factor. Esas sucesivas interferencias hicieron que el proceso se retardara un montón de tiempo. Pero bueno, a veces las cosas se dan por algo: la pandemia también reconfiguró mucho los integrantes de la banda. Se fueron varios integrantes, entraron Consu en coros y Mateo en guitarra.
Mateo es mucho más joven que nosotros, entonces nos trajo otra energía, otras músicas, otras influencias. Consu es mujer y nos renovó también desde su energía un montón; antes éramos re grupo de hombres y de repente que entre una mujer la verdad que está bueno: aportada aporta otra cosa.
-Decían que son como una banda nueva, por todos estos cambios de integrantes. ¿Cómo se combina esto de “volver a empezar” pero sin descartar lo experimentado e incorporando esa vivencia previa?
-Sentimos que volvimos a empezar de alguna forma, pero con un montón de experiencia que pudimos capitalizar: de los errores propios de cualquier proceso, de las idas y vueltas, de la inexperiencia. En nuestro primer disco no sabíamos nada de hacer discos, fuimos aprendiendo qué era producir un tema con el tiempo. En su momento era lo mejor que hicimos, pero después nos dimos cuenta de que un productor es fundamental; a menos que seas Spinetta, Charly o un genio de la música. Necesitás alguien externo que te ayude a ver las cosas de otra forma. Creo que pudimos capitalizar un montón de aprendizajes.
También nosotros estamos diferentes con el paso de los años: no es lo mismo tener 21, 22, que 31, 32, 35. En la cabeza empiezan a pasar otras cosas, las responsabilidades son otras: ahora ya somos adultos, muchos tienen familia, fueron papás, somos más independientes. Empiezan aparecer otras cosas también en las canciones: uno escucha los dos discos y no solo hay contrastes técnicos, de sonido, o de estilo, sino también se notan los años que pasaron entre un disco y otro, la madurez de cada uno.
-Ustedes son un grupo grande y obviamente están esas cosas de la convivencia, y la gente que toma otro camino.
-Estamos en Córdoba, una ciudad que es conocida por el cuarteto, dónde es muy difícil hacer otro tipo de música que no sea cuarteto. La gente tiende consumir el rock de Buenos Aires o el cuarteto; y para el rock cordobés (me permito meternos dentro del rock cordobés) es muy difícil; y siempre supimos que era muy difícil sostener a los integrantes en el tiempo si no se hacía viable económicamente. Un poco algunos se alejaron por eso, porque seguimos trabajando de otras cosas además de hacer música; otro se alejaron porque tenían ganas de hacer sus proyectos solistas o por diferencias.
Siempre uno siente que están los que tienen que estar: uno tampoco puede ser celoso, cada uno tiene que hacer lo que le guste. Somos todos libres, y lo importante es que seguimos siendo amigos con los que se fueron. Me parece que está bueno, así como en una relación de pareja si uno no tiene más ganas de estar, ¿para qué vas estar ahí? ¿Para que vas a forzar las cosas? Me parece lo más natural, y más en el arte, que uno tiene que sentirse con ganas. Si las ganas no están, es imposible.
Paleta diversa
-En este disco está la esencia tropical de la banda, ya que hay cumbia, reggaetón, reggae, bossa nova, salsa, pero hay más elementos de rock, funk, hasta country, mezclado con cumbia ¿Cómo fue ese devenir sonoro del grupo para esas fusión y para ser quizás un poco más rockero ahora?
-Creo que ese lenguaje un poco más rockero viene también con lo que te decía de los años. Y no quiero dejar de mencionar al productor del disco, José Gentile: realmente nos ayudó un montón, nos elevó como artistas, como músicos; hizo que el disco esté a la altura que está. Y hay casos más puntuales de temas más funk o más disco, como “Naufragar”: antes era más rock canción, más “calamaresco”, y él propuso: “¿Por qué no salimos de este lugar común que todo el mundo puede esperar y probamos otras cosas?”. Él nos animó y nos incitó a que todo lo que hiciéramos, desde los arreglos y los coros todo fuera “memorable”: esa palabra usaba.
No es que venía y nos bochaba una idea: “No, esto puede ser más memorable, esto puede ser mejor”. Cuando alguien te invita a sacar lo mejor de vos salen un montón de cosas. Ya veníamos con multiplicidad de ritmos y estilos en el primer disco, y acá lo llevamos un poquito más, invitado un poco por el productor, por los años, y por las ganas de rockearla, también.
-En “Naufragar” participó Marcelo “Balde” Espósito, ex bajista de Kapanga, en la composición. ¿Cómo se dio ese contacto?
-Fuimos vecinos de barrio con otra banda de acá de Córdoba, Caligaris, que son muy conocidos; a través de ellos conocimos a Balde. Lucas compuso la canción junto a Balde: se fue a Mar de Cobo, dónde vive él, un pueblito ahí en el mar, por un fin de semana largo. Se pusieron a componer y salió eso. El tipo tiene el don de la melodía popular: le sale eso que la gente le gusta. Es muy buen músico.
-Ese sentido del hit.
-Sí, de hecho él compuso un montón de hits de Kapanga.
-Hablabas de los Caligaris, una referencia de la música popular cordobesa. Con Juan Taleb compartieron “En el andén”. Es de suponer que esa participación viene por ese lado de la amistad.
-Desde un principio fueron nuestros padrinos, el tío que te aconseja. Desde un primer momento nos abrieron las puertas de su sala, me prestaron platillos para grabar baterías; nos ayudaron infinitas veces, nos invitaron a giras, como una que hicimos por México. Creo que fueron los pioneros en trascender desde Córdoba; no hicieron epicentro en Buenos Aires como quizás tuvieron que hacer otras bandas, como Eruca Sativa, o ahora Rayos Láser; que si bien son de Córdoba se instalan en Buenos Aires. Su base de operaciones siguió siendo Córdoba, y son un ejemplo son un ejemplo de trabajo: son muy profesionales y además son excelentes personas.
-Se puede tener esa onda divertida y ser profesional arriba y abajo del escenario.
-Seguro.
Autenticidad
-Recién habla de la cuestión de las miradas de la edad. “Equilibrio” (que hicieron con Emanuel Oliva de Sabor Canela) es una canción de gente más grande, ¿no?
-Y sí, a veces uno en la inconsciencia de la juventud va como el caballo galopando. nos pasó eso como banda: en un momento tocábamos y tocábamos, íbamos sin un norte. Y de repente los números redondos, cuando uno cumple 30, te hacen replantearte algunas cosas. En algún punto todos sentimos que perdemos el equilibrio en diferentes aspectos de la vida.
Y a mí me gusta mucho esa canción que un poco hasta contracultural, con un montón de mensajes que hay en la música ahora: esto que se da mucho en la música urbana de “Yo soy el más capo, yo tengo más, tengo este auto, esta mina”. Este ego que hay. También está bueno decir: “Bueno, perdí el equilibrio”, o “puedo naufragar, puedo fracasar”. También está eso en la vida, que es más realista.
-Permitirse contarlo, no estar parado en “le gané a tal”.
-“Yo también perdí, hay veces que no me sale todo, y está bien”.
-En “Té de tilo” aparece el tema de la ansiedad y el insomnio. Si bien lo hacen con humor, no deja de ser uno de los grandes flagelos de la pandemia, y también de ser más grande y tener que levantarse a trabajar.
-Fue premonitorio capaz con la pandemia (risas). Hay un personaje que está como perseguido, que no puede dormir. Tiene que ver también con un poco de eso del paso a la adultez, de las responsabilidades, de algunas cosas que no se dan. Teníamos como banda pensado seguir yendo a México; fuimos dos años seguidos y después ese proyecto se nos volvió inviable por el tema económico: el dólar empezó a estar cada vez más alto, imaginate mover una banda tan grande, era una fortuna. Te van pasando cosas en la vida, te vas pegando palos; y creo que está bueno porque es auténtico de alguna forma lo que contamos en las canciones: nos sentimos ahí reflejados.
-Es más auténtico eso que decir “la re pegamos”, esta cosa del éxito que decías.
-Y sí, porque hasta a los que la re pegan y tienen éxito también les pasan cosas malas, nadie está inmune. Si todo el tiempo contás eso es poco creíble.
-En “Casualidad”, que es el corte de difusión del disco, está Manu Quieto, de La Mancha de Rolando. De alguna forma es la canción más política o social del disco. ¿Cómo salió el tema y la convocatoria a Manu?
-Ese tema salió un poco por algunas incertidumbres... justo ese lo compuse yo. Hace unos años estaba un poco angustiado... ahora también lo estoy, con la situación del país: siempre parece que estamos como en una crisis recurrente. La canción para mí significaba eso: habla de una decisión que alguien tiene que tomar, y de poder pasar ese momento malo. Yo quería que pueda ser tomada por aquel que lo escuche, no quería bajar una línea tan directa. Entonces traté de no hacer referencias a mí mismo sino a que así llega un momento en que si algo está mal tenés que meterle, tratar de cambiar eso y tomar decisiones.
Al Manu Quieto lo conocimos en esta gira que hicimos con Caligaris a México: en un hostel en el Caribe, en Isla Mujeres; un lugar hermoso, increíble. Él estaba solo, nosotros estábamos tocando en el hostel y pegamos onda. Después él sabía que estábamos en Buenos Aires al año siguiente, y nos invitó: había una toma del Conicet y él iba a tocar; le hicimos de backing band: él fue con su guitarrista y nosotros hicimos teclado, batería y bajo.
Cuando lo invitamos se prendió de una: le dio ese toque rockero de su timbre de voz. También se prendió en el rodaje del videoclip: está filmado en Copina, en Córdoba, y en Tigre y Avellaneda en Buenos Aires. Él estuvo un día entero rodando con nosotros, sin pedir nada, sin especular nada, porque el consagrado es él: vino de onda, es realmente un muchacho de barrio, y nos abrió las puertas. Y terminó de darle ese toque a la canción: ¿Viste cuando el invitado le calza justo el tema? Me parece que se dio muy bien.
En movimiento
-En esto se alinearon los astros: está la formación nueva, esté el disco ya circulando, y se pudo volver a girar. ¿Cómo encaran este 2022 y todo lo que viene?
-El 2022 arrancó complicado, porque se nos cayeron fechas por el Covid.
-El verano no estuvo bueno.
-Parece que nos sigue la desgracia (risas). Ahora nos sentimos muy confiados en el disco, en el material; creemos en lo que hicimos, y lo queremos mostrar por todos los lados que sea posible. Ahora tenemos un toque grande en el Festival del Choripán, que se hace en Córdoba todos los años. Y estamos tratando de armar algo en Buenos Aires para ir a tocar por allá. El plan es ese: salir a mostrar el disco y defenderlo: creemos mucho en lo que hicimos.