¿Por qué "Taxi Driver" sigue hablando del presente?
La soledad urbana, la alienación, la violencia y la radicalización que Martin Scorsese retrató en 1976 hoy se amplifican en las redes sociales y la cultura digital. ¿Cómo sería Travis Bickle, el personaje de Robert de Niro, en 2026?.
De Niro en una escena de la película. Foto: Columbia Pictures
Cincuenta años son como un suspiro y, paradójicamente, una eternidad. Si en 1976 el humo de las alcantarillas de Manhattan envolvía a un Travis Bickle alienado por el trauma (todavía a flor de piel) de la guerra de Vietnam, hoy ese desamparo se esconde detrás del brillo de la pantalla de un celular durante una noche de insomnio.
En este 2026, el antihéroe creado por Martin Scorsese (que se vio por vez primera en los cines neoyorquinos un 8 de febrero de 1976) no tiene que ser pensado como un anacronismo. Muy por el contrario: es posible ver en él el síntoma más depurado y preciso de nuestra decadencia urbana y moral. Que incluye tanto a Estados Unidos como a la República Argentina.
La soledad tecnificada
Una primera “actualización”, casi cantada, es que el hipotético Travis 2026 ya no escribiría en un cuadernito, bajo la luz mortecina de su cuartucho de pensión (tan neoyorquino y a la vez universal). Su alienación y su soledad encontrarían un refugio mucho más tóxico: el scroll infinito.
La inestabilidad psicológica que antes se cocinaba a fuego lento en su taxi, hoy se potenciaría en las redes sociales. En particular, en esos espacios de pensamiento radicalizado (posiblemente X) donde su paranoia encontraría, finalmente, una validación colectiva. Algo más difícil de conseguir en 1976.
Como señalábamos en el análisis que hicimos para El Litoral al cumplirse cuatro décadas del estreno, Travis es un sujeto que padece una "rabia sobre ruedas".
Columbia Pictures
En aquel entonces, definíamos su psiquis señalando que Travis es un hombre que, al no poder encajar en el engranaje del mundo, decide que el mundo está roto y que él es el único capaz de arreglarlo.
En 2026, esa reparación no vendría solamente con un revolver Magnum 44, sino a través de un ataque coordinado (gracias a las posibilidades de lo virtual) contra el sistema que lo ignora.
La "limpieza" en tiempos de streaming
"Algún día llegará una verdadera lluvia que limpie toda esta basura de las calles". La frase sigue retumbando, pero el concepto de "basura" cambió.
Columbia Pictures
Para el Travis de hoy, lo "podrido" no estaría en las esquinas de la calle 42, sino sobre todo en la "falsedad" de los perfiles digitales, en la cultura de la cancelación y en una moral ambigua que no termina de definir qué es lo justo.
Su obsesión por salvar a Iris (la niña interpretada por Jodie Foster, explotada por un proxeneta) hoy se canalizaría a través de una vigilancia digital obsesiva.
En la nota por los 40 años, resaltábamos que Travis encarna la "justicia por mano propia" nacida de la desesperación. Es como un mártir de su propia locura, que el sistema termina premiando por conveniencia política.
Columbia Pictures
En 2026, esa "limpieza" sería transmitida por una cámara go-pro en el pecho, convirtiendo su masacre en contenido viral, difuminando todavía más la ya de por sí delgada línea que separa al psicópata del justiciero.
Tampoco habría ya sindicato de taxistas ni cafeterías de madrugada compartidas con amigos como "Wizard" (el personaje de Peter Boyle). El Travis de hoy sería más bien un trabajador de plataforma, un esclavo del GPS.
Demasiado humano
Cincuenta años después de su estreno, "Taxi Driver" no es una pieza de museo; es un mapa que permite descubrir riesgos muy vigentes. Travis Bickle dialoga con este presente porque no le pertenece solamente al cine, sino a la condición humana.