Traición, culpa y capitalismo: las múltiples caras de Hamlet en el cine
Con el estreno en salas argentinas de la película de Chloé Zhao, el cine vuelve a dialogar con Hamlet. De la introspección de Laurence Olivier a la Nueva York corporativa de Michael Almereyda, la obra de Shakespeare reflejó diversas épocas.
Paul Mescal como Shakespeare en "Hamnet". Foto: Universal Pictures
El estreno de "Hamnet", de Chloé Zhao reabre una pregunta: ¿Qué es lo que sigue diciendo "Hamlet" en cada época? Además de una obra fundamental, es un texto que el cine, siempre ávido de hallar inspiración en el teatro, leyó, deformó, respetó y traicionó según las obsesiones de cada generación.
Desde el clasicismo de Laurence Olivier hasta la Nueva York de las grandes compañías de Michael Almereyda, fue siempre un espejo incómodo del presente. Sus ecos se observan en el accionar de conocidos líderes corruptos y anónimos traidores. En ese linaje es posible situar a "Hamnet", aunque de modo lateral.
El origen del duelo
"Hamnet", desde hoy disponible en las salas argentinas, se posa en el terreno de la pérdida. Basada en la novela de Maggie O’Farrell y coescrita por la propia autora junto a Zhao, la película narra la historia de Agnes, la esposa de William Shakespeare, enfrentada a la muerte de su hijo.
El texto evita el biopic convencional y apuesta por una mirada íntima sobre el duelo y la creación. Hamlet aparece como una sombra futura, como algo que surge del dolor.
Universal Pictures
Laurence Olivier y la tragedia interior
La versión de Laurence Olivier es, todavía hoy, una referencia. Filmada en la posguerra, en 1948, su “Hamlet” se hace eco del clima de una Europa que estaba atravesada por la culpa y el trauma. El horror de la Segunda Guerra Mundial, todavía estaba muy cerca.
Olivier plantea una adaptación que pone más hincapié en la psicología del personaje que en la intriga política. El uso del blanco y negro, los encuadres cerrados y la actuación introspectiva caracterizan el film. Es un Hamlet que duda, se repliega y piensa más de lo que actúa.
The Rank Organisation
Ruptura, teatro y contracultura
La versión de Tony Richardson surge en un contexto completamente distinto. Estamos al final de los años 60: el teatro experimental, la crisis de las instituciones y el cuestionamiento a la tradición atraviesan la cultura británica.
Richardson traslada al cine su propia puesta teatral del Roundhouse de Londres y apuesta por un Hamlet más áspero, sin solemnidad. Nicol Williamson compone un príncipe irritable, errático y violento. La idea es tomar la obra de Shakespeare no como un "monumento" intocable, sino como un texto en disputa.
Columbia Pictures
Clasicismo, emoción y cine popular
Con Franco Zeffirelli, "Hamlet" vuelve en 1990 a un registro más accesible, pensado para un público amplio. Mel Gibson es un príncipe impulsivo, cercano al héroe trágico. La puesta en escena es clásica, con un fuerte acento en lo visual.
Zeffirelli acentúa el conflicto familiar, subrayado por la presencia de Glenn Close como Gertrudis. La película, premiada en Italia, es una "puerta" al universo shakesperiano desde un cine narrativo tradicional y comercial.
Warner Bros.
Shakespeare sin cortes
El ambicioso actor y director Kenneth Branagh intentó en 1996 filmar "Hamlet" completo, sin omisiones, ambientando la obra en un siglo XIX con ecos imperiales. Su versión, como había hecho antes en “Frankenstein”, se orienta a lo barroco. Branagh apuesta por la teatralidad, por la musicalidad del verso, no evita la densidad del texto.
Aunque fue un fracaso de taquilla, las nominaciones al Oscar confirmaron su relevancia. Es, quizá, la adaptación más fiel al espíritu original, pero también la más exigente para el espectador contemporáneo.
Castle Rock Entertainment
La tragedia en clave urbana
Con Michael Almereyda, Hamlet ingresa en el siglo XXI. Ambientada en la Nueva York del 2000, la tragedia se traslada al corazón del capitalismo. Denmark Corporation reemplaza al reino, y el fantasma aparece en pantallas y grabaciones.
Ethan Hawke compone un Hamlet melancólico, encerrado en su departamento. Bill Murray aporta un tono irónico, que dialoga con la desafección de la época. Es una adaptación que entiende que la traición, la vigilancia y la alienación también son tragedias modernas. Esa es la clave.